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No hay día en el que el genial Andre Agassi, el último gran ídolo que le queda al tenis masculino, deje de agradecer el día que lo conoció. No transcurre conferencia de prensa sin que haga una mención a su persona. Ese hombre al que el Kid de Las Vegas está eternamente agradecido y por el cual uno de sus hijos fue bautizado con su nombre es Gil Reyes. Siempre se lo verá de la misma manera: vistiendo ropa oscura, sombrero y portando lentes negros. Este hijo de mexicanos con pinta de guardaespaldas, que suele ver los partidos al lado de Steffi Graf, es el personaje al que el norteamericano le debe su longevidad atlética. ¿Pero cuál es el motivo de esta presentación? Es que el gurú de Agassi le puso el ojo a Guillermo Coria.
La voz de alerta la entregó un amigo español que suele recorrer el circuito. Dicen que desde hace un año, Agassi y Reyes se quedaron asombrados por la velocidad y la capacidad tenística que posee el mejor jugador argentino de la actualidad. Y que en reiteradas ocasiones, tanto Reyes como el propio Kid de Las Vegas se acercaron a Coria para ver saber cuál era su peso después de los partidos. Pero el punto de inflexión fue la paliza que Coria le propinó al norteamericano en los cuartos de final de Roland Garros.
De voz pausada, en un español perfecto, Reyes se ríe cuando se le pregunta por Coria. "Tanto Andre como yo tenemos mucho respeto por él. Yo pienso que Coria es un caballo de carrera, un pura sangre perfecto. Se trata de un atleta de los mejores… Uno no puede decir hasta dónde puede llegar, sólo que hay que trabajar duro."
Reyes, de 53 años, nació en Las Cruces, un pueblo norteamericano ubicado a 65 kilómetros de la frontera con México. Conoció a Agassi en 1989 casi por casualidad. Era el preparador físico del equipo de basquetbol de la Universidad de Nevada cuando se cruzó en la sala de pesas de esa casa de estudios con un tenista con pinta de punk que le preguntó cómo podía hacer para agregarle vigor y potencia al habitual entrenamiento de tenis. Reyes cuenta que lo miró y le dijo: "No sé nada de tenis". A lo que Agassi le contestó: "Está bien, lo haremos igual. Quiero ser grande, rápido y fuerte y trabajar en todo lo posible para cumplir mis sueños". Así nacía una de las sociedades más exitosas del deporte moderno. Porque Agassi, a lo largo de 15 años, ha cambiado de entrenadores y hasta de mujer. Pero siempre, a su lado, estuvo Reyes, alguien que combina la preparación física con la psicología. Una persona que tiene anotado, minuciosamente, todo el trabajo ha hecho con Agassi. "Puedes tomar esas hojas, día por día, y verás no sólo el peso de Andre. También encontrarás el fuego de sus sueños", sostiene el hombre que ahora sigue atentamente a Coria.
"Andre cuenta que en Australia 2003 no lo pudo sentir. Pero que pocas veces como en ese partido de Roland Garros sufrió dentro de un court. Coria corre muy bien, pega fuerte y tiene el corazón de un peleador y la rapidez de los atletas. Sería un honor poder trabajar algún día con alguien como él, que tiene raza de campeón", agrega Reyes.
Este hijo de mexicanos dice que el único camino hacia el éxito es la "fe en Dios y la disciplina en todo sentido"; comenta que a Agassi le queda un año y medio en este nivel. Pero sonríe cuando se le pregunta por Coria, que hace dos semanas se desvinculó de Alberto Mancini y Jorge Trevisan, las dos personas que lo colocaron entre los cinco mejores del mundo. Coria, que no habla sobre su futuro y que siempre sostuvo que Agassi fue su musa inspiradora, ¿apuntará su destino hacia el hombre que forjó al Kid de Las Vegas? Mientras el santafecino prefiere el silencio, Reyes entregó, al menos, un par de datos. En los registros de su computadora están archivados todos los detalles de Coria. Todo apunta a que se trata del comienzo de una relación que se avecina.



