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Mucho se habló, en las últimas semanas, de lo que puede significar este año la esquiva Copa Davis para la Argentina. Porque a pesar de las bajas que tuvo el equipo en la victoria sobre Gran Bretaña, en un punto confluyeron todas las corrientes de optimismo: la posibilidad de ser locales hasta el final y las ventajas que ello significa, en especial, a la hora de elegir la superficie. De todas formas, y como se señaló oportunamente, de poco sirve hoy especular a futuro; los rendimientos suelen oscilar y nada garantiza la durabilidad psicofísica de los jugadores. Resulta claro que todo depende de los momentos y la dosis necesaria de fortuna para tener la menor cantidad de contratiempos posible.
Ahora, no para todos ser local juega en favor y potencia las cualidades. Basta con reparar en una frase pronunciada ayer por Eduardo Schwank (141ero del mundo), el día después de ser eliminado por el italiano Fabio Fognini por 6-2 y 6-1, por la Copa Telmex. "Me sentí realmente muy mal dentro de la cancha, demasiado nervioso. Jugar ante el público argentino, con mi familia observando el partido, me anuló y no pude hacer nada de nada", dijo Schwank, que entre otras cosas, por esa derrota, se perdió de enfrentar a Nalbandian, disponiendo de un asesor privilegiado : Javier, hermano de David, quien lo conduce.
Lo que le sucedió a Schwank (21 años, sparring del equipo de la Davis en Gotemburgo 2007) no llama la atención, aunque se contraponga con el ideal enunciado por sus colegas más experimentados a la hora de jugar por la Ensaladera de Plata. Clerc y Jaite, según propias confesiones tras el retiro, admitían los tormentos que padecían cuando actuaban en el Buenos Aires y que de visitantes rendían mejor, sin las presiones de responderle a la gente.
Como en tantas actividades, la fortaleza mental va a marcar tendencia, pautas de actitud. Schwank es menos conocido, ha hecho menos en el tenis, pero lo que le pasó no es muy diferente de lo que hubieran sufrido, hoy por hoy, Coria y Gaudio. Ganadores del torneo en otros años, optaron por no exponerse. Gaudio ya la pasó muy mal en la Telmex 2007, siendo hasta silbado, y Coria no se sintió en condiciones ideales para presentarse en la cancha central, a riesgo de verse avasallado y víctima de un carrusel incontrolable de dobles faltas.
La localía, jugar en casa, presume ventajas que no necesariamente son tan reales. O en todo caso, cada uno lo canaliza a su manera. Obviamente, sentirse respaldado por el público resulta más gratificante que ser insultado y perturbado. Pero el efecto positivo no está garantizado. ¿Aprender a manejarlo? Relativamente. Hay cosas que por más que uno quiera son ingobernables.




