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ZAGREB (De un enviado especial).- Se hizo costumbre cuando de viajar por la Copa Davis se trata. Ahí está, siempre está, el puñado de argentinos que no para de alentar. Con gritos bien fuertes, llamando a los oficiales de seguridad para expulsar a los croatas que se pasaban de tono, y haciéndose sentir en un partido de Copa Davis que, salvo por esos ocasionales gritos, tanto de un lado como del otro, no tuvo demasiado calor de las tribunas.
Y esta referencia, especialmente, tiene que ver con la escasa respuesta del público local en el primer partido oficial de Croacia, en casa, como campeón de la Copa Davis. Bastante sorprendente, si se tiene en cuenta que Ljubicic y compañía no jugaban por su país, en Zagreb, desde hace tres temporadas.
Pero en el medio estuvieron los argentinos, que como siempre, hicieron ruido. Al igual que en Bratislava, en septiembre último, Miguel Angel Pianetti agarró la batuta de la barra. Junto con su amigo Víctor Engler, tan fanático como Pianetti, llegó de Esperanza, Santa Fe, donde despuntan el vicio del deporte en el Lawn Tennis de esa ciudad, en el que existe "la única escuela del país que se llama Guillermo Vilas. Esta vez, arrugaron los amigos que nos acompañaron a Eslovaquia: mi hermano Oscar y Carlos Acosta", dice Pianetti.
La aventura de la Copa Davis invitó a viajar por primera vez para alentar a Ricardo y Chuli Cantarelli, de Bahía Blanca; a varios argentinos que están haciendo posgrados en la Universidad de Bolonia, como Walter Soriano y Federico Quilici, un hincha de Independiente que juega al tenis en Platense y que, como Soriano, está haciendo un Master en Relaciones Internacionales. Con ellos estaba Martín Villanueva, que cursa el doctorado en ingeniería.
Javier Margules y Darío Mazur trabajan en Crown Mustang. "Teníamos que ir a China, por trabajo. Vimos que se jugaba la Davis aquí y nos jugamos", contaron. Paula y Ana Gadze llegaron desde Martínez para estudiar la lengua familiar en Zagreb. Y no dudaron en comprar su entrada y alentar en medio de los hinchas, como siempre, saltando con los gorros de arlequín celeste y blanco. También flamearon las banderas que la gente de la Corporación Buenos Aires Sur, sponsor del equipo de Alberto Mancini, repartió como parte de la promoción para la visita de la capital de nuestro país.
Con ellos estaban Miguel Angel Sieiro, de Mar del Plata, Guillermo Reddig, de Pilar. Y Agustín, de Llavallol, que vive en Moscú y se tomó un avión para gritar por la Legión y encontrarse con Marcos, un amigo nacido en Balcarce y que vive en Madrid.
Historias, todas historias de una tarde increíble. Que estuvo al borde de la fiesta cuando todo parecía encaminado para la victoria de Calleri, al que ese grupo de casi 40 fanáticos alentó sin parar cuando el jugador de Río Cuarto apareció para ver el final del partido de Nalbandian. El que logró, sin problemas, el empate parcial para una Argentina que hoy volverán a alentar. Como siempre.




