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El pasto sagrado de Wimbledon le sienta bien a Novak Djokovic, quien venció a Roger Federer y conquistó por segundo año consecutivo el Grand Slam británico. Después de protagonizar una de las mejores finales de la historia, el serbio se agachó, arrancó un pedazo de pasto y se lo comió.
El particular festejo es una tradición para Djokovic, quien lo cumplió en cada uno de sus triunfos. En 2018, después de borrar a Kevin Anderson de la final, explicó los motivos: "Me encanta el sabor del pasto de Wimbledon. Significa que estoy en la final y que gané. Es una tradición, yo diría, de las veces que gané en este gran torneo. Soñé siempre en ganar Wimbledon. Construía los títulos con diferentes materiales y me imaginaba campeón. Ese era uno de mis principales sueños. Cuando me imaginaba ganándolo algún día, me dije, debo comer pasto. Por alguna razón, no se por qué lo hice", confesó.

