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ROMA (De un enviado especial).- Desde algún lugar de la Ciudad Eterna, Guillermo Coria miraba de reojo. Todo indicaba que Andy Roddick sería hoy su rival por los cuartos de final. En ese instante, Fernando Verdasco acababa de levantar dos match-points. Tras 1h33m, el encuentro estaba 7-6 y 5-3 en favor del norteamericano. Se jugaba el tercer punto de partido y el español falló el primer saque; ejecutó el segundo, el juez de línea cantó out (mala) y, acto seguido, el umpire irlandés Fergus Murphy dijo game, set y match.
Verdasco, ex novio de Gisela Dulko, caminó hasta la red. Observó el pique y a Roddick. Y el campeón del US Open 2003 y ex N° 1 del mundo, actuó como un deportista de raza: miró el pique, se dio cuenta de que era bueno y pisó la marca, que en la jerga del tenis significa dar la pelota por buena al contrario. En vez de concluir, el partido seguía con vida.
Tanta, que el propio Roddick nunca más se repuso: estuvo 7-6, 5-4 y su servicio, pero el efecto bombardero nunca más pasó por el Foro Itálico. Un viejo cronista norteamericano se animó a sentenciar que el match había cambiado de rumbo; y la experiencia de los años no fue en vano. El español lo dio vuelta y se impuso por 6-7 (1-7), 7-6 (7-3) y 6-4, en 2h34m, con lo cual hoy buscará ante Coria el pase a las semifinales.
La noble actitud de Roddick cambió el curso del partido. Y lo convirtió en inolvidable. Porque todo pudo haber pasado. Que el umpire no rectificara el fallo, que Roddick no viera la pelota, que el propio umpire haya pensado en el costado taquillero y no en el correcto... más un montón de suspicacias que se podrían haber levantado a partir de las mil y una repeticiones que otorga la televisión. Sin olvidar, por supuesto, el escándalo que se generó en el último US Open con la estafa que sufrió Serena Williams ante Jennifer Capriati.
Roddick es un personaje de elevada consideración en el circuito por positivas actitudes dentro y fuera de los courts. Basta recordar que el año último, aquí, socorrió y rescató a muchas personas durante el incendio que se produjo en el hotel en el que se hospedaba. "No esperaba menos de él. Yo hubiera hecho lo mismo", dijo Verdasco luego de su victoria.
Mientras tanto, Roddick, que masculló bronca durante todo el resto del partido, especialmente después de una volea que dejó pasar y que determinó un quiebre en el décimo game del segundo capítulo, sostuvo después que su actitud había sido la correcta. "No hice nada extraordinario, sino lo correcto. Si el pique fue bueno, tengo que evitarle un viaje al umpire. Llegué a pensar que el partido estaba ganado, pero fue lo contrario. Si después lo perdí fue por aciertos de mi rival y por errores míos. No por ese momento", dijo el norteamericano.
Al igual que lo hizo Guillermo Vilas ante José Luis Clerc, en una situación similar en la final de Madrid, en 1980, que determinó la primera victoria de Batata sobre el mejor argentino de todos los tiempos; o al igual que el gran maestro Roberto de Vicenzo lo hiciera en el Abierto de Augusta de golf en 1968, la loable actitud de Roddick va más allá de una derrota en los octavos de final de este Abierto. En realidad, el norteamericano, que forma parte de un mundo en el que hay mucho dinero en juego, mostró otra cara. La más loable: demostrar que es un gran deportista.



