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NUEVA YORK.- Se estuvo muy cerca, pero terminó lejos. Nada más que un punto separó a David Nalbandian de la definición del US Open. Tres horas y media de adrenalina, dolor, alegría, angustia y sentimientos no fueron suficientes para que el cordobés pudiera obtener el pasaporte para el último partido del campeonato. Pero no pudo ser. Cuando la victoria parecía estar en sus manos, empezó a escurrírsele. Y el único que podía salvar el orgullo norteamericano, Andy Roddick, renació y obtuvo el derecho para enfrentarse hoy con el español Juan Carlos Ferrero por el título del último torneo de Grand Slam de la temporada.
Roddick acumuló el 18° triunfo consecutivo sobre cemento tras vencer al cordobés por 6-7 (4-7), 3-6, 7-6 (9-7), 6-1 y 6-3 en la primera semifinal masculina del certamen protagonizada por un jugador de nuestro país luego de 21 años. Y que más allá del resultado, empezará a formar parte de los grandes recuerdos.
Por un lado, por cómo jugó Nalbandian; por el otro, por cómo se le escapó. Bien puede decirse que los dos primeros sets fueron un concierto del campeón juvenil del US Open 98. La propuesta era buscar un desafío de largo aliento. Y Nalbandian, pese a una molestia abdominal a la que se sumó otra en la muñeca izquierda, actuó como un verdadero león. El Bombardero de Nebraska, ese fantasma tan temido, era arrastrado por todos lados los rincones del entonces enmudecido estadio Arthur Ashe. Roddick, acostumbrado al peloteo de potencia, no encontraba la vuelta a los efectos y los cambios de ritmo del cordobés. El servicio, esa poderosa arma con la que concretó 38 aces, era lo único que ofrecía el presionado norteamericano. Su tarea no era nada sencilla: horas antes, Andre Agassi había sido arrasado por Ferrero y, después de ese partido, las belgas Justine Henin y Kim Clijsters definían la prueba femenina. El entonces vapuleado Roddick tenía en sus manos la misión de salvar el torneo. Y aun cuando lo hizo con argumentos propios, se benefició con alguna ayudita extra.
Alentado por unos veinticinco argentinos que le dieron un toque futbolero al Arthur Ashe, ese templo del tenis y del consumismo, Nalbandian estaba llevando a efecto una tarea para el recuerdo. Roddick era protagonista de un baile infernal y los otros 20.000 testigos no podían dejar escapar la ilusión.
Puede decirse que el partido empezó a cambiar de rumbo en el séptimo game del tercer set. Allí, Nalbandian tuvo un break-point que no pudo concretar con un segundo saque de Roddick. El norteamericano se rehizo y llegaron al tie-break. Otra vez Nalbandian picó en punta. Llegó al match-point (6-5), con Roddick al servicio: y el Bombardero se despachó con un ace a 222,04 km/h, pero igual estaba al borde de la cornisa. Hasta que una acción externa antes de que Roddick pegara un revés (un espectador gritó out -afuera-), desconcentró a Nalbandian -el reglamento no contempla repetición por ese motivo- y el match cambió el rumbo: set point y servicio para Roddick.
El finalista selló el set y Nalbandian, que por esa molestia abdominal estaba sacando a un promedio de 70 km/h menos que su rival, comenzó a sentir el precio del desgaste físico de tres días de ininterrumpida acción. Roddick se recuperó, emparejó la lucha. Llegaron al quinto set, a corazón abierto. Los dos lanzados como fieras en busca del partido más deseado. Como dos noqueadores, uno se sostenía con el servicio, el otro con oficio. Hasta que un controvertido fallo (un revés paralelo, en la línea opuesta al umpire, que aún genera dudas en la repetición por TV) le dio el quiebre decisivo al norteamericano y desató la ira de Nalbandian contra el juez de silla suizo Andreas Egli.
El final estaba sentenciado. En el game posterior, un drive ancho de Nalbandian le dio el punto tan esperado a Roddick. Pero aún cuando el Ashe haya explotado de alegría, el cordobés fue tan grande en su actuación que se va de Flushing Meadows con el pecho inflado. Es entendible su bronca por no ocupar un lugar que ya lo sentía como suyo. Tanto como no es comprensible que se haya retirado sin saludar a un umpire que cometió errores para ambos lados. Aunque para su ego es agradable que diga que no se conforma con lo que ha hecho, ser semifinalista aquí después de 21 años, Nalbandian vivió dos semanas que pasarán a la historia. Y que prometen ser la antesala de nuevas alegrías para una generación que, a fuerza de corazón y talento, está colocando al tenis argentino en lo más alto.
El arranque de Nalbandian
El cordobés enmudeció al Arthur Ashe con una labor fantástica. Descolocó a Roddick y le jugó como pocos lo han hecho en los últimos tiempos, con cambios de ritmo y de efecto. Dos sets para el recuerdo.
El tie-break del tercero
Nalbandian tuvo un match point (6-5), pero Roddick lo levantó con un ace a 222,04 km/h. Tres tantos después, un espectador gritó out (afuera) mientras el norteamericano pegaba un revés que había picado dentro del court; Nalbandian devolvió contra la red como si hubiese sido mala y el umpire, bien sustentado en el reglamento, le dio el punto (set point) a Roddick, que luego, con su servicio, se adjudicó el parcial.
El estado físico
Por más que puso el corazón y todo lo mejor de su juego, el cordobés sintió el desgaste de haber jugado durante los últimos tres días, producto de los tres días y medio de suspensión por lluvia, a lo que se sumó una lesión abdominal y otra en la muñeca izquierda.
NUEVA YORK (De un enviado especial).- El anuncio es con todas las luces, como les gusta a los norteamericanos. Porque hoy, a las 16.30 (las 17.30 de la Argentina), los dos N° 1 de las clasificaciones de la ATP, el norteamericano Andy Roddick (Carrera de los Campeones) y el español Juan Carlos Ferrero (Ranking de Acceso) definirán el cuarto torneo de Grand Slam de la temporada por un cheque de 1.000.000 de dólares, cifra récord para este certamen.
Roddick, tal cual se expresa por separado, batió al argentino David Nalbandian; Ferrero, en tanto, alcanzó por primera vez la cima del ranking que mide las actuaciones de las últimas 52 semanas y que sirve para el ingreso en los torneos, tras eliminar al norteamericano Andre Agassi por 6-4, 6-3, 3-6 y 6-4, también en un encuentro de alto voltaje.
Mientras Roddick, de 21 años, disputará su primera final de Grand Slam, para Ferrero será la gran oportunidad de cosechar el segundo de los certámenes más importantes del circuito, pues en junio último se consagró por primera vez en el polvo de ladrillo de Roland Garros. Además, será el primer enfrentamiento entre ambos.
En el medio, el complejo de Flushing festejará su 25° aniversario con una fiesta especial: serán agasajadas cuatro glorias del tenis: Rod Laver, Jimmy Connors, Chris Evert y Billie-Jean King.
NUEVA YORK (De un enviado especial).- No habían transcurrido más de veinte minutos de la derrota, cuando David Nalbandian se sentó en la poblada sala de conferencias del US Open. Mucha gente se acercó a escucharlo, pero el cordobés, de 21 años, no pudo con su temperamento. Se le había escapado una gran oportunidad y Nalbandian no ocultó su bronca.
"A nadie le gusta perder, pero este deporte es así. No sé si me voy triste o caliente. Creo que luché contra muchas adversidades, porque se hace difícil pelear contra cosas ajenas al tenis. ¿A qué me refiero? A los fallos del umpire y a que en este torneo se privilegia a los jugadores norteamericanos y no al resto", dijo Nalbandian, que además de ser semifinalista en el Abierto de los Estados Unidos, llegó a los cuartos de final en Australia y los octavos de final en Wimbledon.
-Fue un partido cambiante, pero de gran nivel. ¿Más allá de tu bronca, cómo analizás tu actuación?
-Me sentí jugando bien, pero sufrí mucho. Nunca sufrí tanto dolor en una cancha de tenis. Hice más de lo que debía haber hecho. Es más, no sé si de haber ganado podría haber disputado la final.
-¿Esa molestia pone en peligro tu participación en el match con España por la Copa Davis?
-No sé nada, me duele mucho, pero antes de decir si voy o no a jugar la Copa Davis debo esperar a ver un médico. La molestia es en la misma zona del abdomen en que me desgarré durante Wimbledon. Quiero esperar los informes y después lo diré.
-Pese a todo, tu año fue espectacular, con muy buenos resultados en los torneos de Grand Slam.
-No sirve de nada, la verdad es que no sé si todo eso me importa ahora. Yo quería ser finalista. Y no pudo ser.


