

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


Era apurar el tranco nomás y que sea lo que Dios quiera. Por las dudas, su perro lo custodiaba en su locura. De hecho, lo curó cuando un Citroën lo atropelló. Cruzar la ruta 8 es peligroso. Y si quien la cruza es casi ciego y apenas distingue un bulto a lo lejos, ya es suicida. Cuando el intrépido Roberto Masotta (45 años) ingresó al comercio que tenía junto a su mujer (la fiel Norma, con quien se casó hace 24 años) intentó disimular el accidente. Intentó. Pero su perro le lamía la herida. Lo curaba. Y él rengueaba. Entonces comprendió que era tiempo de dejar de mentirse. De admitir que ya no veía y que una retinosis pigmentaria había corroído poco a poco su visión. Hora de usar el bastón y empezar a vivir una vida de ciego. Y desde entonces no paró de hacer chistes sobre el tema.
"¿Miro para allá?", dice Roberto, pícaro, para sacarse una foto. Como cuando jugaba con Los Murciélagos, se la dejó picando frente al arco, y remató: "Bueno, mirar es un decir". Y otra catarata de carcajadas de todos sus compañeros que se arreglan para la foto. Nicolás Datilo es uno de los tres profesores, que bajo la dirección de Eduardo Raffeto, gratuitamente, dan clases de tenis para ciegos en el Centro Burgalés. "Al principio me cuidaba de decirles ciego, de cómo les hablaba, y después me di cuenta que no hay que tener miedo en cómo hablarles", cuenta el profesor.
Quien alguna vez haya jugado al tenis y, especialmente, haya empezado de grande, sabe lo difícil que es. Si a eso le sumamos que la ausencia de la visión, el desafío es mayúsculo. Para ciegos totales, en este deporte adaptado se permite hasta tres piques. Si el deportista tiene la capacidad de divisar algo al menos, se permiten dos piques. La pelota, hecha de goma espuma, lleva adentro pelotitas de ping pong y unas municiones para que haga ruido. "Se ve con el oído", explica José Viera, quien hace pocos años, a los 47, quedó prácticamente ciego.
El tenis para ciegos se pueda practicar de manera gratuita en el Centro Burgalés, Rivadavia 5764. Todos, sin límite de edad, pueden concurrir. Para más información puede ingresar al sitio
Es inevitable la comparación con Los Murciélagos (seleccionado de fútbol para ciegos). Roberto le comentó del tenis para ciegos a Silvio Velho, considerado el mejor jugador argentino e histórico capitán del equipo. "Me dijo que iba a venir. ¡Que no venga, nos gana a todos! No, en serio, no quiero que venga", ruega luego Roberto, a quien no le gusta perder ni a las bolitas. Se acuerda de la jugada infalible que tenía con Velho: "Sacaba el córner y me la ponía en los pies, frente al arquero. Yo amagaba, y como el arquero ve, se comía el amago. Era imposible que no fuera gol". Pero él todavía jugaba como cuando veía: "Le amagaba a los jugadores. Y Nardone [el técnico de entonces] me decía: «¡Pará Ronaldo! ¡Qué hacés, si nadie ve!"». Se ríe Roberto. Y confiesa: "Con haber visto la cara de tus hijas y el gol de Maradona en el 86 está todo pago".
Lucas y Martín son de los más aplicados de Rafetto, principal responsable del tenis para ciegos en la Argentina. Se entrenan, estiran, calientan músculos. Martín, fanático de Chicago, tiene tatuada la verde y negra en su pecho. No se la saca nunca. Lucas, hincha de Boca, tuvo que acompañarlo varias veces a la cancha. Uno canta, el otro toca la guitarra. Se ven jugando dobles juntos. "Quiero vivir de esto", dice Lucas. Se ponen serios cuando hablan de tenis. Que Nadal es lo mejor. Que Del Potro es lo mejor. Que aquel partido de Puerta vs. Nadal en la final de Roland Garros. Que aquel Master que le ganó Nalbandian a Federer. Todo grabado en su memoria "¿Cómo se puede ser fanático de un jugador si no se lo ve?", pregunta canchallena.com . Porque "se lo escucha", responden. Escuchar el golpe, y el alarido después del golpe. Otra vez se vuelve a meter el fútbol en la charla. Y eso lleva a la música. Martín, que canta, se anima entonar algo.
La cancha, que es de single, tiene la medida de una de badmington y la red está a 80cm de altura. Todas las líneas están demarcadas por una soga de 3mm de espesor, recubierto por una cinta adherida al piso que sirve de relieve para que los jugadores se ubiquen. Si el ancho de la soga fuera mayor a 3mm, los jugadores se podrían tropezar. Y si fuera menor, pasaría desapercibida. La pelota puede ser negra (para disminuidos visulales) o amarillas (para ciegos). Es de goma espuma, tiene municiones y pelotas de ping pong, lo que hace que suene. Las raquetas son juniors.
Johanna (18 años), bendita entre todos los hombres, bien lo podría acompañar con la flauta traversa. Eso estudia en el Profesorado Julián Aguirre, de Banfield. "Es divertido ser la única mujer", cuenta. Es la primera vez que hace un deporte. Johanna, como otros alumnos, como es el caso de Roberto y José, fueron perdieron la vista de a poco.
-¿Cómo es practicar deportes para ustedes, que antes veían?
Roberto: -"Yo sufría en el fútbol porque no la podía parar como cuando veía. Tengo la manía del que ve. En el torbol [se juega tres contra tres, con un arco de cada lado] me tiro como un arquero"
José: -"En este mundo de ciegos, el que vio alguna vez tiene una ventaja, una orientación. Sé lo que están diciendo los profesores".- explica José, quien hasta hace pocos años fue gerente de recursos humanos de un importante medio.
Rafetto le explica a canchallena.com cómo nació la idea de desarrollar el tenis para ciegos en la Argentina: "Todo empezó porque una vez, una madre, que estaba con las dos hijas, ciegas, me preguntó si había clases de tenis para ellas. Me agarró mal parado, y empecé a averiguar". Poco después, por internet conoció a la asociación de Japón que creó el tenis para ciegos. Pidió permiso y desde hace unos dos años aplica el mismo programa en la Argentina, de manera gratuita.
-¿Cuál es el sueño de ustedes con el tenis?
L: - "A mí me podrán llamar ambicioso, todo lo que vos quieras, pero quiero jugar profesionalmente y viajar por el mundo. Y que se haga de esto un deporte paralímpico"
M:- "Lo mismo. Quiero llegar a Estados Unidos, y poder demostrar esto que se está practicando acá, y ayudar a que siga creciendo.
-¿Y se imaginan una dupla juntos?
-"Sí, olvidate. Olvidate"- responden Lucas y Martín, casi al unísono, como si fuera el presagio de una gran pareja.
El tenis para ciegos y la Asociación Argentina de Tenis (AAT): "Por ahora no nos apoya. Pero esperamos que lo haga en un futuro", respondió Rafetto.
Twitter: @yeisonleza
gleza@lanacion.com.ar


