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Finalmente, la semana pasada, el Tribunal de disciplina de la Asociación de hockey dictaminó sobre las penas que recibirán los protagonistas del bochornoso incidente de la final masculina de la Copa de Honor.
Como se recordará, el partido se jugó el 23 de marzo último en el Cenard, y fue suspendido cuando Ciudad de Buenos Aires se imponía a Quilmes por 4 a 2 .Sintéticamente, Jorge Lombi (CBA) se levantó para festejar su gol y el arquero Ramiro Silva (Q) lo derribó; entonces, el jugador de Ciudad le respondió con un empujón. Allí se sumó Martín Sordelli (Q) quien tomó del cuello a Lombi, mientras éste último trataba de safarse. Todo ésto en un clima generalizado de gritos y empujones.
Y, cuando el partido iba a reanudarse, Leandro Baccaro (Q) y Edgardo Pailos (CBA) saltaron el alambrado para calmar la pelea que había entre el público, lo cual motivó la suspensión del cotejo.
Los incidentes fueron graves. De eso no caben dudas posibles. Y, si bien, en otro momento, las penas hubieran sido ejemplares; ahora todo se solucionó con un pequeño tirón de orejas. Jorge Lombi recibió 2 fechas, Sordelli, 4 y Silva 7. El resto, nada.
Y además, se le suspendió la localía a los dos equipos implicados por 4 fechas; lo cual, en este caso no es significativo. Ciudad de Buenos Aires hace cuatro temporadas que no juega en su club y alquila una superficie sintética, ahora, sólo tiene que cambiarla; y el de Quilmes, es un caso parecido tampoco estaba jugando en su club porque su cancha no estaba en condiciones y ahora tendrá que extender esa situación un poco más. Este fue el primer caso controvertido del actual Tribunal de Disciplina y quizá, primó demasiado la necesidad de no tomar una medida impopular o de no provocar que crezca el espacio destinado al hockey en los medios periodísticos por un hecho ajeno a lo estrictamente deportivo; pero se olvidaron del espíritu del juego.
El hockey es un deporte que históricamente reprobó las medidas antideportivas; algunas veces con sanciones excesivas; pero, ahora quedó la impresión de que se los trató como si fueran profesionales. Un daño económico simbólico, los equipos enteritos y aquí, no pasó nada.


