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Se habla bastante de recuperar la esencia del fútbol argentino. No se sabe bien en qué cancha se perdió, cuándo comenzó la confusión o si alguna vez se tuvo. La disputa no siempre se argumenta con certezas y se desparraman frases ambiguas, propias de la inseguridad de apoyar algo más sentimental que racional. Son cuestiones de gusto. De discusión inevitable, repetida cada vez que la pelota se mueve entre 22 hombres. Como ayer, en el arranque oficial del Apertura. Volverán a plantearse las dudas sobre cada estilo sin saberse qué se defiende y qué se ataca. Sin entenderse, quizá, que los campeonatos locales empiezan a perder una parte de su identidad: los papelitos.
Prohibido el ingreso con revistas o diarios las canchas quedaron limpias. Por seguridad. O por exceso de controlar todo. Fuera las banderas grandes, donde un elemento de golpe podía esconderse (ingenio de la barra de River para cortar su estandarte principal y armarlo en la tribuna); adiós a los petardos, cuyo más inofensivo pariente puede provocar daños; derecho de admisión instalado para limpiar la basura metida por años en los centros de las tribunas; veda de alcohol para prevenirse de impulsos sin freno. Acertadas medidas adoptadas frente a una violencia que busca hacerse inaceptable sinónimo de fútbol. Pero los papelitos...
Puede entenderse como poca cosa tomar la causa de la proscripta lluvia futbolera. Pero vale defenderla. Es una de las marcas que el fútbol argentino registró para el mundo. Desde ese ´78 de victoria, cuando la voz de José María Muñoz reclamaba el dominante blanco del papel para acompañar la salida del seleccionado nacional. Esa inolvidable imagen de un Monumental con nieve generada en rotativas es hito también de nuestro deporte. Fue la visión elegida para presentar al Mundial argentino en las pantallas gigantes de Saint Dennis, algunas horas antes de la coronación de Francia. Hoy habrá que recurrir a videos para revivirla.
La única peligrosidad del papel es su combustión. Fogatas se vieron en varias canchas con hinchadas enojadas. El destrozo de instalaciones con ese sistema fue mínimo. El riesgo a vidas, nulo. Solucionar el tema de la violencia en los estadios es una urgencia. Sin dudas. Aunque parece excesivo interrumpir una forma de festejo que jamás ocasionó incidentes. Debería buscarse un acuerdo entre la seguridad rígida y el folklore necesario.
En Santa Fe -donde no rigen las nuevas medidas-puede encontrarse una posible adaptación a la situación. La empresa que patrocina a Unión -Milkaut- regaló en las tribunas papelitos rojos y blancos que le dieron a esos hinchas la posibilidad de sentirse como antes. Podría imitarse en otras canchas. Porque en el fútbol del mundo se busca generar un gran espectáculo en las tribunas. El Mundial de Francia fue un ejemplo, con cartones de colores colocados en cada asiento para pinta el estadio en el momento adecuado. La participación de los hinchas se pide en todas partes. Acá se espera que paguen una entrada y no molesten. Entre todas las variantes analizadas para aumentar la convocatoria, ninguna intentó, al menos, otorgarle un rol más activo a quienes son el sostén y sentido de este juego.
Son los simpatizantes parte fundamental de esa fiesta-negocio que es el fútbol. En la Argentina son los papelitos la única manera de permitirles ocupar un terreno que les corresponde. La lucha contra la violencia no pasa por proteger de un ataque de papel picado...



