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Suele decirse que no hay nada más complicado que las relaciones humanas. Es posible que así sea. En definitiva, más allá del ámbito en el que se encuentren los protagonistas, con las consecuentes derivaciones de enfrentamientos o debates, la opinión pública suele tentarse por los desplantes, respuestas o estrategias que se esgrimen en función de un ataque o una defensa mediática.
El deporte argentino, o al menos buena parte de los argentinos, siguió con suma atención el desenlace de una antipatía que contó con dos grandes nombres del fútbol nacional: Juan Pablo Sorin y Sebastián Verón. Antinomias sentidas y visiblemente declaradas dentro de un campo de juego, con agresiones verbales y físicas. El magnetismo mediático aumentó por la importancia de los nombres, por momentos más trascendentes que la distancia diplomática que nos separa con Uruguay por la construcción de las papeleras, o la injerencia del aumento del precio de la carne dentro de la canasta básica familiar.
Uno de esos futbolistas tiene un lugar asegurado -si se permite ese término en una actividad en el que un mal esfuerzo o una torcedura puede anular todas las ilusiones- en el Mundial de Alemania, bajo la casi paternal protección del técnico del seleccionado, José Pekerman, y el otro, sufriendo la marginación de la gran cita del deporte. Se exhibió la confrontación, pero sin explicaciones.
"Los códigos", es la frase que justifica el silencio cuando los trapitos se secan al sol y a la vista de todos. Vaya saber de dónde viene ello, pero suena a manejos mafiosos, esos que ocultan maniobras para asegurarse otras. Las conjeturas muchas veces suelen ser más llamativas que los propios hechos. Y la imaginación vuela de la mano del escándalo.
El último domingo, en Paraná, el Turismo Carretera vivió una situación también bochornosa con uno de sus grandes protagonistas. Tras la competencia, en la que se impuso Norberto Fontana (Dodge), la comisión técnica excluyó al ex campeón Omar "Gurí" Martínez porque su Ford no tenía la marcha atrás en la caja de cambios, cuando el reglamento establece su obligatoriedad. Desde el equipo se explicó que hubo "una mala interpretación" del artículo que menciona ese detalle. El argumento puede ser verosímil, o no. Queda en cada uno esa evaluación.
Sería natural discutir sólo esa cuestión, que sólo tienen respuesta en el Gurí y su equipo. Pero en el ambiente se habló de una "buchoneada", de "un pase de facturas" por alguna declaración que causó molestias por parte del piloto.
Y otra vez irrumpen los famosos "códigos", esos que parecen ser propios de organizaciones pandilleras y que desvían la atención. La conciencia es la que aprueba o no cada acto y decisión. Y allí es cuando participa el espectador, juzgando cada enfrentamiento mediático en la compleja composición de las relaciones humanas. Con o sin códigos.


