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LA PLATA.- Andrea Marinhas está cumpliendo los sueños de su niñez en Córdoba. Apasionada de los sangre pura de carrera, luego de correr en Río IV y en la capital mediterránea, aspiraba a llegar a los escenarios centrales. Lo hizo realidad, sin que el accidente que sufrió el 19 de noviembre último pudiera frenarla.
Hoy, sola, pero con las ilusiones de siempre, volará a París, donde por tres meses competirá con los mejores. "Las oportunidades no hay que dejarlas pasar. Siempre tuve la idea de intentar competir en Europa o Estados Unidos. Y como la propuesta es seria y todo lo que me han informado pude confirmarlo, hice los trámites muy rápido y ya desde este fin de semana puedo correr en Chantilly. Después espero hacerlo en otros hipódromos franceses y del resto de Europa."
-El dinero es secundario, aunque hay diferencias. Me apasiona la idea del roce con otra cultura y no tengo dudas de que servirá para seguir creciendo. La oportunidad se concretó en los últimos días, pero se venía elaborando desde hacía meses. Me lleva Diego Lowther [entrenador argentino, ahora en Francia] y tendré la oportunidad de correr seguido; creo que es una puerta que se les abre también a otros colegas, y especialmente a una mujer.
-Que es muy competitivo. Me radicaré al comienzo en el hipódromo de Chantilly, pero hay otros escenarios cercanos, que permiten que haya carreras todo el año, como en nuestro país. Veré cómo el público recibe a una jockey extranjera, pero ya me dijeron que las trata muy bien y una mujer compitiendo siempre es motivo de atracción. Confío en mis condiciones y voy tranquila, pensando en competir de igual a igual.
-Sí. Siempre me tracé objetivos y los voy cumpliendo. Soy feliz montando un caballo, pero también pienso en el futuro y no abandonaré mis estudios de abogacía. Ya hablé con el decano de la facultad, y como empezaba a cursar Derecho Político voy a pedir por nota posponerlo hasta el año que viene. Todo dependerá de cómo me vaya en Francia.
-Ir por tres meses es como someterse a una prueba.
-No. Podía haber firmado por un año, pero la visa de trabajo tiene esa duración. En octubre se evaluará si puedo renovarla o cambiarla por una de permanencia definitiva. Por ahora se trata de trabajar bien y conocer otra cultura, otro mundo, que me enriquecerá en todo sentido.
Andrea Marinhas tendrá en poco tiempo la visita de sus padres y hermanos, que la acompañan en el hipódromo. Es un mundo diferente, pero la cordobesa va con la esperanza de aprovecharla. Y de cumplir su sueño.


