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BALTIMORE.- Al día siguiente de ganar el Derby de Kentucky, y eso fue hace dos semanas, el entrenador de Big Brown, Richard Dutrow Jr., lanzó una frase grandilocuente. "Este caballo es Dios", dijo en un desborde de exageración comparativa. No lo es, claro está, pero sí hay algo cierto: los dueños de caballos rivales tendrán que prender una vela a cada santo y rezar extra si quieren derrotarlo en el Belmont Stakes, para privarlo de la Triple Corona.
Después de ver su sensacional triunfo en Preakness, anteayer en Pimlico, los aficionados a las carreras norteamericanas no tienen que exprimirse el cerebro para deducir que ninguno de los adversarios que lo han enfrentado hasta aquí están en condiciones de vencerlo en el futuro inmediato. Y en el calendario, el futuro inmediato es dentro de tres semanas.
No lo dijo, pero Dutrow podría apelar a otra frase marquetinera si fuera necesario para llenar de un gentío el hipódromo de Nueva York y decir que "sólo un monstruo sería capaz de destruir a su invicto".
El monstruo de la película, como un Godzilla, podría haber desembarcado desde Japón y mutado en Casino Drive, el medio hermano de Rags to Riches, ganador en su carrera del debut de febrero por once cuerpos en la isla y luego por cinco cuerpos en el Peter Pan Stakes (G2), el 10 de mayo, cuando debutó en los Estados Unidos.
"Todos quieren ver algo grandioso y puede ser que vayamos a verlo. Sería muy divertido", dijo Dutrow, que hoy trasladará a su caballo a Belmont Park. "Si sigue bien y entrena bien, no veo ningún problema para ganar la Triple Corona", reflexionó.



