Cuando capacitarse alimenta una pasión

Nicolás Ojea Quintana lleva años de aprendizaje aquí y en Europa
Nicolás Ojea Quintana lleva años de aprendizaje aquí y en Europa
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24 de enero de 2002  

El hecho de nacer en cuna turfística podría haberle allanado el camino hacia su objetivo a Nicolás Ojea Quintana . A un par de materias de recibirse de veterinario, próximo a cumplir 28 años, su familia materna es propietaria del haras El Chañar, con lo cual ya se sabe por dónde le llega la pasión por los caballos de carrera.

José Luis Caldani , titular de la Organización Sudamericana de Fomento (OSAF), a la que representa en la International Cataloguing Standard, es la más fuerte influencia de Nicolás; además de ser su tío: "Mi abuelo, Luciano Caldani, fundó el haras El Chañar y José Luis es para mí un segundo padre. De chico jugaba con él a ver quién sabía tal o cual pedigree. Por todo lo que me enseñó quise pasar por Europa para capacitarme".

La intensidad de su atracción por el mundo del caballo fue tan fuerte como su deseo de aprender más allá de las facilidades de tenerlo todo a mano. Hasta el punto de confesar que "nunca ejerceré como veterinario, lo sé desde que ingresé en la facultad. Alguna vez me dijeron que en la vida no hay que ser improvisado".

Este futuro profesional acaba de llegar de su máxima experiencia, que no fue la primera ni será la última: trabajó un año como asistente de Luca Cumani , uno de los mejores de Europa (entrenador de Barathea), con base en Newmarket, Inglaterra. Antes, Nicolás hizo la misma tarea aquí con Santiago Bedoya, Roberto Bullrich y Juan Udaondo, dos años con cada uno, mientras trabajaba en el servicio veterinario de San Isidro.

El último fue el que le abrió las puertas de Europa. Dio sus primeros pasos en Bolgerie , un centro de entrenamiento cercano a Pisa, Italia, y continuó en el hipódromo de Chantilly , en Francia, donde trabajó con Pascal Bary. Aquí supo de Poliglote , el padrillo que recomendó para Firmamento.

"Allá los caballos son preparados como se hacía aquí antes de la crisis: trotan, paran, vuelven a trotar, hacen calentamiento antes de ir al partidor. Los potrillos se hacen con una equitación maravillosa. En Europa están más desestresados que acá y que en Estados Unidos; el vareo es mucho mejor", comenta entusiasmado por haber encontrado aquello que le contaban su abuelo y su tío. Cumani tiene los mejores propietarios del Viejo Continente. Hasta hace dos años cuidó los ejemplares del Aga Khan y hoy trabaja para John Magnier, el jeque Maktoum y Gerard Lee .

Nicolás cuenta que su ex jefe rara vez va a las carreras, apenas para los grandes clásicos, y que fue uno de sus tres asistentes, con cerca de 40 ejemplares a su cargo. "A las 7 de la mañana teníamos que estar con todos los caballos en un picadero cerrado, con piso mezcla de arena y caucho. Luca dice que el asistente es como un aprendiz de cocina, que debe ir a todo el mundo para aprender."

Por eso, Ojea Quintana hizo sólo un año (lo normal son dos) junto al cuidador y ahora piensa en ir a Estados Unidos, su última etapa. Y siempre con Regina, su esposa desde hace un año, que también aprovechó para capacitarse como máster en finanzas en el Lloyd´s Bank, de Londres.

Entre Lexington y Nueva York está el nuevo puerto en el que recalará Nicolás. "Manejar caballos da experiencia para todo. Cumani me recomendó ir a la costa este de Estados Unidos. Allá pienso estar un tiempo más como asistente y después sí seguir por mi cuenta, como entrenador, manager o agente."

Nicolás Ojea está a punto de dar el paso definitivo. El tiempo dedicado a cimentar con conocimientos la pasión seguramente moldeará un profesional de los mejores.

Al mismo nivel

Nicolás Ojea tiene autoridad para comparar: "Los mejores cuidadores de acá, como Juan Maldotti o Coco Bullrich, están a la altura de los de más éxito en Europa". Y recuerda que Endless Hall, ganador clásico en el Reino Unido y de Grupo I en Singapur fue el más destacado de los caballos a su cargo.

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