Pablo Falero se despidió en el GP Ramírez: las claves de su éxito a los ojos de otros deportistas y sus colegas

La última salida de Pablo Falero, con un pasillo de honor y reverencia de sus rivales, y la ovación del público, en Maroñas
La última salida de Pablo Falero, con un pasillo de honor y reverencia de sus rivales, y la ovación del público, en Maroñas Crédito: El País / Marcelo Bonjour
Carlos Delfino
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6 de enero de 2020  • 22:10

El uruguayo hípico, en otras generaciones, ya vivió esta clase de duelos con símbolos que arriaron la bandera charrúa fuera de casa. Como Irineo Leguisamo, que ganó 3500 carreras cuando se corría sólo los fines de semana, o Vilmar Sanguinetti, que marcó otra época en la Argentina hasta que un accidente, en 1988, lo sacó de carrera. Pablo Falero, al que a diferencia de aquéllos pudieron ver seguido gracias al avance de la tecnología, se fue este lunes, a los 53 años, por decisión propia, en Maroñas. Y lo siente en carne viva el turf sudamericano, donde construyó sus casi 9600 conquistas. Sólo tres colegas en un par de siglos de historia lograron ganar más veces que él en el mundo.

Crédito: El País / Marcelo Bonjour

Lo pensó, lo maduró y "cambió el chip", como le dijo el sábado a LA NACION. Antes de afrontar anoche su último reto, ya se sentía entrenador, su nueva profesión. Pero mantuvo el hambre de triunfo como jockey hasta el último instante y, aunque no se lo propuso porque había previsto irse para el Carlos Pellegrini, la despedida fue justo en la prueba más importante de su tierra, el Gran Premio José Pedro Ramírez, que ganó Ajuste Fiscal. Creció observando ejemplos y se bajó del caballo -o se puso al costado, como más le gusta decir- siendo un espejo para los que aún buscan su mejor destino. Lo saben de memoria los que son burreros. También, muchos desde otros ámbitos. El reconocimiento rompió barreras.

Que venciera o no en la función final, era un detalle. Llegó 4º con Olympic Harvard. Su huella ya había quedado marcada. Entre los que estuvieron en Maroñas para aplaudirlo se lo vio a Giorgian De Arrascaeta, el mediocampista del seleccionado uruguayo y campeón de la última Copa Libertadores con Flamengo. "Lo conozco a Falero de cuando yo era chico. Me quedó grabado el apellido porque era el que ganaba casi todas las carreras. Crecí en una familia hípica y sabemos de su importancia, y lo que logró como deportista", dijo. Alguna vez le corrió, este lunes fueron rivales: el futbolista es uno de los dueños de Keep Down, que llegó desde Brasil.

El que no lo hizo esta vez fue Jorge Ricardo. Toda una curiosidad. Pero su palabra es la del jinete más ganador de la historia, que sigue sumando. Lloraron juntos, abrazados, el día del Pellegrini. "Me quedé impactado porque tengo un aprecio, una gran admiración y sé que nos va a hacer falta diariamente. Respeto a los grandes atletas, y él tiene todas las cualidades, y es una gran persona. Nos conocemos hace mucho, desde antes de que yo fuera a la Argentina", recordó el carioca, radicado en Buenos Aires desde 2006.

Juan Noriega dio el salto en la profesión casi en simultáneo cuando Falero desembarcó en la Argentina en 1991. Chupino, que venció en tres de los últimos nueve Pellegrini, lo hizo desde Córdoba. "Fue de los rivales más duros para ganarle un final cabeza a cabeza. Cuando veías que se te ponía difícil y él cambiaba el látigo para la zurda, se te hacía más bravo. Corriendo adelante siempre fue muy inteligente y verlo sirvió de aprendizaje. Como colega ha sido de los mejores compañeros, porque uno sabía qué iba a hacer y que te iba a cuidar hasta el final, que nunca te iba a molestar arriesgando al prójimo. Además, muy seguro de él mismo y muy trabajador a la mañana, algo que generalmente te hace ganar más carreras", explicó. Y amplió: "Los chicos nuevos, a veces lo primero que aprenden es lo malo, seguramente por ser jóvenes. Por ejemplo, para entrar en las gateras, Pablo nunca daba vueltas o hacía tiempo para sacar ventaja. Siempre era de los primeros".

Hay más ópticas. Como la de Gustavo Posse, intendente de San Isidro: "Es un símbolo de la hípica, pero además de nuestro municipio. Por eso, me genera un orgullo especial. Él se radicó en San Isidro desde que llegó a la Argentina y por entonces era intendente mi padre, Melchor, que además criaba y Pablo llegó a correrle caballos de su propiedad, los de Las Camelias. Lo que yo pueda decir encierra una admiración a la persona, pero si mi viejo viviera seguramente diría cosas mucho mejores desde el corazón".

Hasta Adolfo Cambiaso, un emblema del polo que se da algún gustito en el turf, se saca el sombrero. "Fue un distinto, de los deportistas que han pasado por nuestro país y han hecho cosas de locos. Siendo uruguayo, ganó 12 Olimpias, por ejemplo. Para mí resultó un placer haberlo conocido y que me haya corrido algunos caballos", sostuvo.

Crédito: El País / Marcelo Bonjour

"¿Qué más se puede decir de un tipo que ganó esa cantidad y calidad de carreras, y que a su edad jamás perdió el sentido de la competitividad?", se pregunta Gastón Sessa, que cuidó el arco de Racing, River, Estudiantes de La Plata y Vélez, entre otros equipos. "Sereno, humilde, trabajador... Además de correr como los dioses, el tipo se levantaba a las 5 para ir a montar, no daba ventajas nunca y decidió dejar de correr aunque tenía cuerda todavía. Para mí, es un elegido", agregó.

Anoche, casi cuatro décadas después de iniciar su camino, el gladiador saludó por última vez desde la montura. Y, en medio de las sorpresas que le dieron, se calzó la primera chaquetilla que utilizó, en Colonia, una semana antes de cumplir los 15 años. Cerró el círculo.

Ajuste Fiscal, el potrillo ganador

Se le escapó la Triple Corona a Ajuste Fiscal el año pasado, pero no el Gran Premio José Pedro Ramírez ayer, en Maroñas. El potrillo que se adjudicó la Polla y el Jockey Club, pero quedó tercero en el Nacional cuando iba por la gloria, fue el vencedor anoche de la carrera más importante de Uruguay. Y lo hizo brillando: venció por siete cuerpos. Los dueños, son argentinos: el stud La Pomme.

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