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¡Qué alegría, Invasor! ¡Cuánta clase desparramada en una pista de carreras! Es un caballo argentino, del país que está entre los cinco productores principales de sangre pura en el mundo. Del país que ya tuvo a dos yeguas, Bayakoa -ganó dos veces- y Paseana, ganando el Distaff, otra de las pruebas de la tarde de carreras ecuménica por excelencia.
Pero Invasor ganó la más importante. La Breeders Cup Classic (2000 m), la que tiene 2,7 millones de dólares para el primero, una cifra que no importa mucho al lado del prestigio que trae para el Sur, para el Río de la Plata. Porque este caballo nació y se hizo potrillo en el haras Clausán, hoy Santa Inés, a la vera de la ruta 8, en Capitán Sarmiento, al norte de la provincia de Buenos Aires, y fue comprado por propietarios uruguayos que fueron de asombro en asombro cuando el zaino ganaba fácil hasta quedarse con la Triple Corona de Maroñas.
Como todos los prodigios que nacen en países con economías nada prodigiosas, Invasor fue comprado para ser llevado al exterior. Su destino, Estados Unidos, pero su dueño es el jeque Hamdan al Maktoum, integrante de la familia que gobierna Dubai, y hermano de Mohammed, soberano de los Emiratos Arabes Unidos.
Hamdan es ministro de Economía de Dubai y parte del directorio de la empresa familiar que produce petróleo por 90 millones diarios, según contabilizó el Chicago Tribune hace un tiempo. Por Invasor, se dice, no pagó más de un 1,2 millones. El caballo ya le devolvió más de 3,5.
Sandro Miserocchi, un italiano que representa a empresas de su país aquí, donde se enamoró de los caballos y la tierra, bautizó Quiet Style al potrillo que nació de la unión entre Candy Stripes y la yegua Quendom. El destino quiso que en Montevideo le cambiaran el nombre por uno criollo. Para que en el país en que vive ahora, los medios debieran aclarar que significa "Invader", después de que sus tres victorias al hilo en el máximo nivel exigiera ciertas explicaciones para el público.
No hay clásico que pueda albergar tanta calidad internacional. Ni Gran Bretaña, ni Francia, ni Japón tienen una carrera capaz de reunir un grupo al que pueda calificarse como lo mejor del mundo. Ni siquiera Dubai, que por el monumental homenaje que le rinden los árabes al caballo desde el origen -y por la prepotencia de su riqueza- organiza una serie parecida cada marzo. Sólo la Breeders Cup Classic tiene el magnetismo que, desde 1984, convierte en un torbellino al hipódromo elegido para cada ocasión.
Churchill Downs es el escenario del Derby de Kentucky, la carrera que veneran los estadounidenses y que conocen hasta esos que por la calle no saben contestar quién es su vicepresidente. Allí, bajo las cúpulas ilustres, en el escenario por el que pasaron tantos campeones, además de 129 millones de dólares para remozarlo hace un año, ganó Invasor.
La prensa no lo tenía muy en cuenta a pesar de su invicto local, obnubilada por la figura de Bernardini, el caballo del mencionado jeque Mohammed. Ni si hablaba del duelo entre los hermanos de Dubai, sino del que el favorito tendría con Lava Man, un castrado protagonista de una historia de Cenicienta equina, dispuesto a coronar su trayectoria de Ave Fénix en el Classic.
Trevor Denman, el relator que reemplazó a una institución, Tom Durkin, que había comentado las 22 versiones anteriores de la Breeders Cup, se tomó un respiro en plena definición: "Invasor, the Argentine bred" ("criado en la Argentina"), dijo cuando el panameño Fernando Jara llevaba a la punta a nuestro caballo después de darle un desarrollo perfecto, casi placentero, desde las riendas. Parece mentira que tenga 18 años este hijo de chilenos que ya había ganado el Belmont Stakes este año con Jazil, un potrillo que compitió con los colores de Shadwell Stable... los mismos de Invasor.
Por afuera de un grupo apretado, que se desgajaba conforme entraba en la recta final, Invasor se acercó a Bernardini, el favorito, el imbatible. Hubo un roce con dos rivales; había habido un pequeño tropiezo en la largada; pero Invasor quería ganar. Braceó y se puso al lado de Bernardini. No lo dejó reaccionar. Bajaron las fustas. La de Jara no necesitaba llevar demasiada fuerza. El triunfo estaba en el bolsillo.
Kiaran McLaughlin, el entrenador que le había contado más de una vez a LA NACION cuánto lo entusiasmaba Invasor, apretó el puño, acaso para sacarse tanta presión de encima. El había apostado por Invasor mucho antes de que pagara esos US$ 15,40 a ganador.
9 Cinco victorias en Uruguay y cuatro en los Estados Unidos suma Invasor, que sólo perdió en el Derby de Dubai, donde fue cuarto, en marzo último.

