

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


Hacía frío, nevaba casi en cámara lenta y la niebla acompañaba al paisaje rural la noche del martes 8 de febrero de 1983 en Kildare, una localidad irlandesa a 54 km al sudoeste de Dublín. Jim Fitzgerald, el encargado de Ballymany Stud, no recuerda si ese día había visto el nacimiento de algún caballo en la cabaña, pero nunca pudo olvidar aquella primera arma que tuvo de pronto delante de sus ojos esa noche cuando habían pasado las 8.30 y salió corriendo de su habitación del primer piso de la casa principal junto a su esposa Madge.
"Estamos aquí por Shergar. Queremos dos millones de libras", escuchó Fitzgerald de uno de los tres delincuentes encapuchados que habían invadido su intimidad, tras dejar atrás sigilosamente las tranqueras con un trailer, una camioneta y un auto particular marrón. Bernard, su hijo mayor, sorprendido ante el llamado a la puerta, había sido derribado de un golpe en la espalda antes de que pudiera pedir socorro. Fue el único momento de violencia que vivieron en carne propia, describieron. Fuera de la casa aguardaba otro grupo armado.

Shergar era un caballo británico que había nacido el 3 de marzo de 1978 y casi tres años después comenzó su cosecha de seis triunfos –todos en diferentes hipódromos del Reino Unido y muy fácil– en ocho cotejos, con una de las máximas valoraciones que se le asignaron a un purasangre en la historia mundial. Cuando fue destinado a la cría, su valor se estimaba en alrededor de 10 millones de libras y la proyección de ganancias para su segunda temporada como padrillo estaba en el orden del millón de esa moneda británica. Sus primeras crías recién comenzaban a nacer y lo esperaban 55 yeguas madre en los meses siguientes cuando se ejecutó el gran golpe a Ballymany Stud, el haras del suizo Karim Al Yussayni, más reconocido como el Aga Khan, el cuarto heredero del Imanato, cuyo padre se casó y tuvo una hija con la estrella norteamericana Rita Hayworth.
Dueño de una fortuna, que incluía seis de las 40 acciones por 250.000 libras cada una del caballo en el que tenían puestos los prismáticos desde todos los continentes, aquel suceso vandálico, como si ya estuvieran vigentes las redes sociales, no tardó en propagarse aunque a Fitzgerald, de 53 años y con 39 de trabajo allí, le advirtieron: "Si llaman a la policía, todos morirán". En cuestión de minutos, los asaltantes encerraron a los tres hijos y a la esposa del encargado en una habitación y llevaron a Jim a la zona de la padrillera, a punta de pistola.
Primero, lo obligaron a cargar al caballo con muy vistosos blancos en sus manos, patas y cara en uno de los dos lugares disponibles en el trailer. Luego, una parte de los intrusos retuvo al encargado por una hora en la cocina, mientras los vehículos se alejaban del lugar con el resto del grupo. Uno de los cabecillas parecía tener familiaridad con el trato a los caballos. Más tarde, Fitzgerald fue subido –recrearon diarios británicos de la época– a la parte de atrás de una camioneta, boca abajo y con un abrigo sobre su cabeza. En un pueblo, a unos 30 kilómetros del campo y tras cuatro horas, lo dejaron, reiterando la amenaza y el pedido de rescate. Y una clave para identificarse cuando llamaran: "Rey Neptuno".

Jim había dejado la cabaña con su familia custodiada por al menos seis hombres y había identificado un revólver, una ametralladora y una escopeta. Desesperado, caminó en la noche hasta un restaurante chino pensando en todo eso. Desde allí llamó a su hermano para que lo fuera a buscar y lo regresara hasta Ballymany Stud. No hablaron de lo vivido en el viaje. Sí, al llegar al haras, cuando los Fitzgerald encontraron solamente a la familia. Enseguida, Jim llamó al director del establecimiento, Ghislain Drion, y le rogó que no avisara a la policía. Sin embargo, cuando Drion llegó a la cabaña se comunicó con el veterinario del sindicato, Stan Cosgrove, que también era accionista, para intentar decidir lo que debían hacer. Éste consultó a un capitán retirado del ejército, que era gerente de la Asociación Irlandesa del SPC, y contactó cerca de las 3 de la madrugada al Aga Khan, en su casa de Suiza. “Sería inadecuado y socialmente irresponsable tratar con los secuestradores sin informar a las autoridades”, fueron las palabras del otro lado del teléfono. Una hora más tarde prosiguió la cadena: Drion ubicó al ministro de Economía Irlandés; éste telefoneó al Ministro de Justicia y éste, a su vez, a la policía irlandesa. Ya habían pasado ocho horas del hecho y no había huellas. A la mañana siguiente, comenzaron las llamadas extorsivas.
En la casa del director, el teléfono sonó temprano. Atendió su mujer y no dieron detalles sobre el motivo, lo que con el paso de las horas se intuyó que podían haber sido los secuestradores, que a la tarde sí ubicaron a Drion en la cabaña. Para entonces, ya los diarios tenían la noticia en la tapa lista para imprimirla y en la radio y la televisión hervía el tema. Cuatro días más tarde llegaron fotos como prueba de vida. Eran primeros planos de Shergar, en un lugar oscuro. Trascendió que en plena negociación hubo una rebaja en el pedido de rescate, pero el Aga Khan se mantenía firme en su decisión de no sentar un precedente, considerando que los ladrones no podrían utilizar al caballo ni para correr ni para criar legalmente, y era poco probable que un fanático del deporte no reconociera sus peculiares marcas. La policía recurrió, incluso, a adivinos y videntes ante la más mínima pista.

Se dice que nunca ningún potro ganó el Epsom Derby de la manera que lo hizo Shergar, por 10 cuerpos, y que todo el pueblo salió a las calles para aplaudirlo cuando dejó de correr. También, que el negociador puesto por el sindicato repitió una y otra vez que no estaba dispuesto a aceptar la extorsión. El acento del secuestrador de esas primeras llamabas era "inconfundiblemente norirlandés". "Si no están satisfechos, esto es todo", se escuchó. Y no hubo ningún contacto creíble más, mientras crecían presumibles llamadas falsas y múltiples conjeturas, sobre todo la posibilidad de que el Ejército Republicano Irlandés (IRA, según sus siglas en inglés) estuviera involucrado a pedido del Coronel Muammar Khadafi, de Libia, por una teoría vinculada a la antipatía religiosa e ideológica con el Aga Khan, o la necesidad de conseguir un buen dinero para comprar armamento.
El triunfo de Shergar en el Epsom Derby

Sean O’Callaghan, un marxista reconvertido en informante por una década en una de las divisiones de la organización de la que había sido miembro, apoyó esa idea en su libro El Informador, editado en 1998. No obstante, cuando sucedió el secuestro él ya había abandonado el IRA, en el que se había alistado a los 17 años, y estaba en proceso de prisión preventiva por los episodios de muerte en los que confesó haber participado. O’Callaghan no aceptó ser parte del sistema de protección a testigos de la agencia gubernamental británica tras su doble función y cumplió su condena en silencio, durante ocho años. En agosto de 2017 y a los 62 años, tras un ataque al corazón murió en Jamaica, en una visita a su hija Tara.
Shergar, que jamás apareció y se cree que fue acribillado y enterrado en un barrio de pandilleros al norte del país, se convirtió en un ícono de la excelencia hípica y en su homenaje se inspiró la Shergar Cup. Este evento inglés de turf se instauró en 1999 en Goodwood y se celebra (y televisa) desde 2000 cada agosto en Ascot con seis pruebas, convertido en un torneo mundial de jockeys por equipos y por sumatoria de puntos. La dupla o el trío ganador (a veces por continente, otras por sexo) es premiado con un trofeo de plata de Shergar, donado por el Aga Khan, que hoy tiene 83 años y sigue buscando campeones en las carreras.
El éxito de Shergar en el King George
"Olvidé muchas cosas en mi vida, pero nunca lo que pasó esa noche. Todavía me parece que hubiese sucedido ayer. Fue algo terrible. Mientras todos lo buscaban, vivía haciéndome preguntas e intuía que nada serviría, porque no era gente ruda y nunca podrían manejarlo. Se podía ver que no sabía lo que estaban haciendo y sólo pasarían unos días hasta que lo mataran. Shergar entró al trailer porque confió en mí. Nunca hubiese subido por ellos. Y eso todavía me hace sentir terrible", relataba Fitzgerald al periódico Sportsmail hace unos años. "Mi hijo menor, Gillian, tenía 6 años y el otro, Patrick, estaba por cumplir los ocho. Nunca hablamos de lo que pasó aquella noche, pero yo miro un cuadro del caballo siempre antes de ir a dormir", agregaba el entonces vaquero rubio transformado ahora en un campesino canoso.
"Cada vez que encuentran algunos huesos se dice que son de Shergar, pero no creo que alguna vez se sepa qué pasó", añadió al Daily Mail Cosgrove, el veterinario que era uno de los accionistas. Siguió intentando revelar el caso mafioso y gastó unas 80.000 libras en determinar el paradero o tener detalles concretos. El plazo para el cobro de la millonaria póliza de seguro, algo poco usual en los caballos, ya expiró, pero la causa sigue abierta.

