Tuvieron su guerra personal

Chilavert y Palermo se provocaron durante todo el partido y fueron expulsados tras un choque bochornoso
Juan Manuel Trenado
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23 de octubre de 2000  

Tantos enemigos tiene José Luis Chilavert que nunca se sabe con quién afrontará su duelo del día. Alguna vez elegirá su víctima de manera espontánea, de acuerdo con el desarrollo del juego, y en otras apuntará según los antecedentes, para dirigir su furia con intención.

En la semana se planteó una posible disputa entre los arqueros, por el gol que el paraguayo le convirtió a Oscar Córdoba por las eliminatorias. Pero no hubo tal enfrentamiento. Sin los mellizos Barros Schelotto, otros candidatos eran Jorge Bermúdez y... Martín Palermo. Esta vez fue el turno del goleador.

El violento cruce que terminó con la expulsión de Chilavert y Palermo, cuando sólo quedaba un minuto de juego, fue el estallido de una serie de provocaciones durante todo el partido, que se acentuaron notablemente en el segundo tiempo.

El arranque fue una muestra de la mala relación entre ambos. Los capitanes llegaron hasta el centro del campo. Se saludaron con los líneas Rodolfo Otero y Ernesto Taibi, y le estrecharon la mano a Horacio Elizondo. ¿Entre ellos? Ni siquiera se miraron a la cara. Palermo fue el más distante. Se lo notaba incómodo y le dio la espalda al jugador de Vélez.

En lo deportivo, el delantero de Boca no tuvo muchas oportunidades en el primer tiempo. En la segunda parte Palermo generó algunas situaciones de peligro. La primera fue un remate desde 25 metros, por el que Chilavert se tuvo que revolcar para enviar la pelota afuera.

Después fue un remate de media vuelta dentro del área y el arquero respondió con mucha seguridad, sin dar rebote. Chilavert estaba molesto por los tres goles, sabía que el partido estaba perdido y pasó a jugar su propio encuentro. Le hizo señas al goleador con el dedo índice extendido, como diciendo: "Vos no me hacés ningún gol". Desde ese instante, cada vez que estuvieron cerca en el área cruzaron insultos y cargadas.

Palermo tenía la idea fija. Quería su gol contra Chilavert. Hasta pateó desde mitad de la cancha para sorprenderlo: la pelota salió cerca del banderín del córner. La tercera fue un disparo que el paraguayo sacó por arriba del travesaño.

El uno de Vélez también quería revancha. Pateó dos tiros libres al arco y no tuvo suerte. Cuando fue por el tercero, su tiro rebotó en la barrera. Chilavert quiso cortar el juego con una falta, para que Boca no aprovechara el contraataque. Palermo lo cargó contra él con los brazos hacia adelante y la rodilla en alto.

El choque los dejó a los dos en el suelo. En parte porque fue un golpe fuerte, pero quedó la sensación de que los dos preferían esperar en tierra la resolución de la jugada, para ocupar el lugar de víctimas y no ser sancionados. Después Elizondo les mostró la tarjeta roja a los dos y fueron a buscarse como para seguir la pelea. Se insultaron mientras sus compañeros los separaban.

La rivalidad tiene su historia. En 1998, Chilavert comentó: "Palermo es una rata que se escapa cuando se hunde el barco", y en el Apertura 99 tuvieron un mano a mano con amenazas incluidas. Se esperaba un partido caliente, con fuertes personalidades, y ni Chilavert ni Palermo fueron capaces de escapar al escándalo.

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