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En la tierra de los zares, él se convirtió en rey. Vaya paradoja le deparó el destino a José Meolans. Para el cordobés, 2002 fue el año en que la conjunción entre el talento y el esfuerzo rindieron mejor que nunca sus frutos. Fue la temporada de la consagración, la confirmación de que es uno de los mejores en lo suyo. Y el éxtasis de su performance llegó en el momento indicado, en la competencia esperada.
Fue en Moscú, en el Mundial de piscina corta (25 metros), el 5 de abril, ante los mejores del mundo. Fue el día que no olvidará jamás; su triunfo más importante; ese podio soñado. Luego de una carrera brillante, José Meolans se consagró campeón mundial en los 50m libre. En el torneo más destacado de la temporada de la Federación Internacional de Natación (FINA), el cordobés demostró ser el mejor en una de las pruebas más resonantes.
Existen infinidad de datos de esa carrera que no hacen más que confirmar que su logro está bañado de excelencia. Hizo un registro fenomenal de 21s36/100, su mejor tiempo, a sólo 23 centésimas del récord mundial de Foster; su marca es la mejor para un Mundial; segundo terminó, justamente, Foster, en la única ocasión en que el cordobés logró vencerlo; incluso, el gran Alexander Popov, múltiple campeón olímpico, se rindió ante la potencia del argentino, tras finalizar en el tercer lugar.
Dos días más tarde, estuvo a una décima de repetir el logro en los 100m libre. Marcó 47s09/100 (otra vez volvió a superarse a sí mismo), apenas por detrás del australiano Ashley Callus. Para su nivel de exigencia, la medalla plateada la sintió como un sinsabor, aunque él sabe que también es un hito de los grandes.
No se sintió solo, por cierto, Meolans en su cruzada ecuménica. Su confirmación entre los mejores está acompañada por la presencia de su coterránea Georgina Bardach también entre las destacadas. Para ella, el hito en su crecimiento lo marcó la medalla de bronce, también en Moscú, en los 400m combinados. Allí hizo un tiempo de 4m36s36/100, apenas superada por la destacadísima ucrania Yana Klochkova y la eslovena Alenka Kejzar.
Lo de ellos no es casualidad. Los dos son sinónimo de calidad y empeño. Y los dos tienen, además de terruño compartido, una formación en común: moldeados por la mano exigente de Daniel Garimaldi, a pesar de que ahora estén bajo otra conducción.
Pero si el impacto de Moscú necesitaba una prueba de que aquello no fue casualidad, Meolans la dio en el último tramo del año. En tres etapas de la Copa del Mundo (piscina corta), en Río de Janeiro, Nueva York y Shanghai, el cordobés se alzó con tres medallas doradas y dos plateadas. En Brasil, incluso, venció en dos ocasiones al holandés Pieter van den Hoogenband (campeón olímpico en Sydney), por si acaso hacía falta demostrar que los grandes nombres no lo asustan.
“Es el nadador más potente de la actualidad”, lo elogió Popov hace algunas semanas. Y provocó el rubor de Pepe, como le dicen en su casa de Córdoba. O del Tiburón, como lo llaman los medios. Lo seguro es que no se ruborizará en 2003, cuando aparezcan los desafíos en piscina olímpica (50 metros). En 25 metros, 2002 ya lo coronó como el rey de la velocidad.



