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NUREMBERG.- Nadie que vaya al estadio mundialista de Nuremberg podrá decir que no lo vio, que no se enteró. Nadie podrá afirmar que pasó por el lugar y no percibió el tenebroso pasado que sigue omnipresente en cada paso que se da, en cada imagen que se percibe.
El estadio de Nuremberg está emplazado en el lugar que hace siete décadas fue el corazón del nazismo. En el escenario predilecto del dictador Adolf Hitler para celebrar sus multitudinarias marchas y concentraciones partidarias, desfiles militares y manifestaciones de las organizaciones parapoliciales.
Como en ninguna otra ciudad alemana se ven hasta hoy los planes urbanísticos y arquitectónicos del Tercer Reich, con sus obras monumentales en edificios, calles, plazas y tribunas que debían ilustrar la invencibilidad del movimiento nacionalista alemán. El simbolismo del régimen del terror nacionalsocialista entre 1933 y 1945 perdura en las inmediaciones del estadio mundialista aún hoy, sesenta años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.
El estadio está en la parte central de un inmenso complejo diseñado por el arquitecto estrella de los nacionalsocialistas, Albert Speer. Hitler había encomendado a Speer hacer de Nuremberg "la ciudad del movimiento".
El que quiera llegar al estadio debe cruzar, por ejemplo, lo que fue la "Grosse Strasse", la "gran calle", un lúgubre eje de dos kilómetros de largo y 60 metros de ancho construido con 60.000 bloques de granito para que sirviera de punto de concentración para los desfiles de la "Wehrmacht", las fuerzas armadas que desatarían la Segunda Guerra Mundial. Hoy, aparte de calle de acceso al estadio, sirve como estacionamiento de automóviles.
A un costado se cruza un lago artificial, el Silbersee (Lago de Plata). En realidad es lo único que quedó de la obra tal vez más delirante de Speer y Hitler: el estadio más grande del mundo, en forma de herradura, que debía albergar a 400.000 personas. Pero del "Deutsches Stadion" sólo se pudieron hacer los cimientos, que después se llenaron de agua y formaron lo que hoy es el lago, un centro de esparcimiento municipal.
Un poco más allá, pegado al estadio, están los restos de la llamada "Zeppelintribüne", unas imponentes tribunas de 300 metros de largo y centenares de columnas que ofrecían lugar para que 60.000 funcionarios del régimen y sus organizaciones pudieran presenciar los desfiles. Servía de tribuna para los incendiarios discursos de Hitler y del ministro de propaganda e ideología, Joseph Goebbels.
En el complejo también se encuentra la "Sala de los Congresos", un edificio que debía parecerse al Coliseo de Roma, con capacidad para 50.000 personas durante las reuniones del partido Nsdap. Es el edificio más grande en Alemania que recuerda la arquitectura nazi. En la posguerra fue utilizado como depósito municipal, y hubo planes -todos descartados- de convertirlo en un centro deportivo o un centro comercial. Hoy, parte del edificio alberga al museo y el centro de documentación.
El precursor del estadio mundialista, el "Staedtisches Stadion", es previo a la época nazi. Fue construido en la década de 1920, pero después fue utilizado como lugar de encuentros de la Juventud Hitleriana, que lo llenaba con hasta 60.000 seguidores para celebrar fiestas deportivas, maniobras paramilitares o debates ideológicos. Después de la guerra fue utilizado por el ejército de los Estados Unidos, que lo devolvió en 1961.
Pocos años después fue remodelado, pasó a llamarse Frankenstadion, es la casa del FC Nuremberg, de la primera división de la Bundesliga alemana y, para el Mundial, fue modernizado a un costo de casi 60 millones de euros (más de 70 millones de dólares). El 11 de junio, México e Irán disputarán el primer encuentro mundialista en ese escenario.
La ciudad no oculta su pasado; al contrario, lo muestra como advertencia para la actual generación y las del futuro. "La ciudad tiene un capítulo en su historia que es terrible. Pero hoy se muestra tolerante, abierta, comprometida con la defensa de los derechos humanos como ninguna otra en el país", explica el alcalde Ulrich Maly.
Para el Mundial se calcula que llegará un millón de visitantes, a los que se les ofrecerá una exposición especial sobre la historia del complejo histórico. "Fascinación y Violencia" analiza "los orígenes y causas, así como las consecuencias del régimen de terror nacionalsocialista".
Pero también se presenta en la muestra la otra cara de la ciudad, la que busca ser un centro en la lucha por los derechos humanos. Así, se ofrece un resumen de los "Juicios de Nuremberg", en los que en 1945 y 1946 se procesó a 24 jerarcas nazis, la mitad de ellos condenados a muerte. En el banquillo se encontraba también el arquitecto Albert Speer, condenado a 20 años de cárcel.


