

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
JERUSALEN (De un enviado especial).- Esta vez las camisetas de los clubes argentinos fueron los mejores pasaportes de identificación. Nadie quiso estar ausente y por eso el estadio Teddy Kollek, con sus 12.000 butacas cubiertas, recibió a casi 8000 hinchas del equipo de Daniel Passarella. ¿El ambiente? No faltó nada: banderas, papelitos, globos, bocinas, burlas, insultos y cantitos. Pero hubo más: sobró emoción porque se mezcló la melancolía con el agradecimiento a la tierra que brindó su acogida.
Boca, River, San Lorenzo, Independiente, Racing, Colón, Central, Newell´s, Gimnasia de La Plata y Argentinos estuvieron presentes en los colores de los simpatizantes argentinos de la misma Jerusalén o los que se movilizaron en decenas ómnibus desde Tel Aviv, Haifa, Raamana y el kibutz Katzerin. Gritaron, festejaron y rieron. Se marcharon masticando bronca por la derrota, pero se sintieron cerca de lo que el mapa dice que está muy lejos.
El himno argentino fue cantado y respetado. Pero el del Estado de Israel contó con el ruidoso clamor de todo el estadio que invitó a la emoción. Antes y después, una banda de música de la ciudad -ubicada en una cabecera clausurada por remodelaciones- que entonó un par de temas folklóricos de César Isella y otros bailanteros de Alcides y Sebastián, transportó por un instante la escenografía. Y no eran los montes de Judea el telón de fondo del estadio, sino cualquiera de los barrios porteños o las localidades del interior de la lejana y extrañada Argentina.
Banderas blanquicelestes con inscripciones como Shalom (paz), o con saludos y dedicatorias buscaron la complicidad de la televisión para recorrer tantos kilómetros y llegar hasta ojos seguramente muy brillosos. Y otra vez el fútbol resultó el canal indicado. En Tierra Santa, la religión con más devotos a finales del siglo XX volvió a desenfundar su tan particular credo futbolero.



