

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Fue una justa goleada de Vélez sobre Boca por 5 a 2, en Liniers. ¿Sorprendente? Tal vez, en lo previo; totalmente explicable por lo que se vio en el campo de juego.
¿Qué pasó? Mucho tuvieron que ver dos factores:el rélax que envolvió al conjunto xeneize como lastre del triunfo del último domingo en el superclásico con River, por 3 a 0, y el desequilibrio táctico de Boca en la segunda etapa.
Empecemos desde el minuto cero: a los xeneizes se los vio muy dulces desde el vamos;casi parsimoniosos, seguramente por el recuerdo fresco de la fiesta en la Bombonera.
La actitud tuvo sus consecuencias negativas, porque el equipo de Bianchi no exhibió sus verdaderas fuerzas frente a Vélez, con muchas más inquietudes. Riquelme fue el único que, pese a su pachorra, generó las situaciones de gol más interesantes.
Vélez usufructuó el encantamiento de Boca y a los 8 minutos se puso en ventaja con un cabezazo de Jairo Castillo -le ganó a Bermúdez en el salto-, tras un centro desde la izquierda de Federico Domínguez. Boca no se conmovió demasiado y Vélez siguió empujando.
A los 21 minutos Vélez consiguió el segundo gol. Desbordó Jairo Castillo, envió un centro y Bermúdez tocó la pelota con la mano:penal dudoso porque no se advirtió que el defensor tuviese intenciones de frenar el recorrido del balón; pero el que no dudó fue el árbitro Angel Sánchez, que sancionó la falta, que convirtió en gol Federico Domínguez.
Pareció que todo era de Vélez, hasta que llegaron las expulsiones de Castillo y de Matellán, que saltaron y se manotearon; quedaron los dos con 10, pero el que más perdió fue Vélez, que resignó un hombre clave. En las expulsiones, quedó la sensación de cierto apresuramiento de Sánchez; de lo que no quedó dudas fue el exceso del árbitro con las tarjetas amarillas. En el segundo tiempo -mucho más emotivo- se dio un vuelco fundamental con el ingreso en Vélez de Eduardo Domínguez por Buján, lesionado. Como contrapartida, Bianchi apostó al ataque con Walter Gaitán y Marcelo Delgado en reemplazo de Pérez y Marchant. Con estas variantes tácticas, el equipo local redondeó la goleada; en la práctica, aprovechó las dos franjas laterales que Boca se despreocupó y no custodió. Así, Eduardo Domínguez -figura del partido- sacó réditos por esos sectores con subidas constantes y anotó el tercero y el cuarto tanto. Antes, Guillermo Barros Schelotto, de penal, había colocado el 2 a 1 y el 3 a 2, pero siempre ocurrió que, en el mejor momento de Boca, apareció la contundencia de Vélez. Lo cierto es que Vélez -inesperadamente para muchos- concretó una victoria histórica: la número 1000 en la era profesional; y por lo visto anoche en Liniers -sin mucho virtuosismo, pero efectividad- abre otro panorama para el conjunto ahora dirigido por Carlos Compagnucci, tras el alejamiento de Oscar Tábarez. Boca dejó la sensación de que sigue festejando el superclásico.
La euforia tras la goleada ante River aún no se había aplacado; incluso, medirse con Vélez siempre le provoca sensaciones especiales. De todos modos, para Carlos Bianchi no fue una noche gratificante. Boca perdió claramente ante su ex club y, además, el resultado dejó un dato poco deseable para la estadística personal: nunca, como entrenador en los dos clubes había sido goleado con cinco tantos.
Sin embargo, Bianchi ensayó un análisis de la derrota sin demasiados pretextos ni dramatismo. "Luego de haber manejado mejor la pelota -explicó el DT- durante todo el primer tiempo, nos encontramos con un marcador adverso por 2-0, y eso condicionó mucho nuestras posibilidades de victoria; para colmo, después nos quedamos con un hombre de menos por la expulsión de Matellán."
"Todas esas circunstancias -señaló Bianchi- nos obligaron a realizar algunas modificaciones en la formación y a intentar de ejecutar un esquema más arriesgado; pero no pudimos hacer nada y todo fue para Vélez. El triunfo de Vélez resultó lógico."
Cuando se lo consultó al técnico de Boca por la actitud de los jugadores -cierta desidia, sobre todo en el primer tiempo-, Bianchi aclaró enseguida. "Lo que quiero aclarar -señaló el DT- es que el equipo salió a jugar con la misma motivación con la que encaró el clásico del domingo con River. Fíjense en algo, cuando estábamos 2 a 3 abajo, el chico Gaitán estuvo a punto de conseguir el empate, pero no se dio y, a partir de esa situación, se dio todo para Vélez."


