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GUIMARAES, Portugal.- Estaba a punto de cumplir 21 años. Trabajaba en el almacén El alemán, que su padre había dejado a él y a sus hermanos, en Villa Devoto, cerca de la avenida Beiró. Jugaba en el club de barrio Ateneo de Versalles. Y cuando estaba por abandonar el voleibol, el día de su cumpleaños sonó el teléfono. Vélez Sarsfield lo llamaba para probarse. Así nació la etapa profesional del central Gabriel Arroyo. Empezó a cobrar por mes y a jugar en primera, algo que jamás habría imaginado.
"Me venían bárbaro los 200 pesos", rememora Arroyo, en parsimonia absoluta. "No conocía a nadie. No veía voley. Ni sabía quién era Armoa [Fabián, ex DT de Vélez y del seleccionado nacional y actual campeón de la Liga con UPCN], ni los compañeros. No sabía cómo era el sistema del Metropolitano. No tenía idea de nada", confía el central a La Nacion.
En el sillón del lobby de un hotel en Guimaraes, donde se aloja el equipo argentino, la voz del capitán de Bolívar tiene la calma que regala el tiempo. A los 35 años, es el más experimentado del grupo que vino a Europa para ganarse el último ticket para la lista olímpica. Los siete titulares, que están trabajando en Buenos Aires, ya tienen boletos asegurados; en este camino por las cinco plazas que quedan, Weber estuvo atento al partido de ayer por el Grupo D de la la Liga Mundial. La Argentina dio una muestra de carácter con los suplentes, y pese a ir en desventaja en dos sets, batió a Portugal por 3-1 (25-18, 18-25, 26-24 y 25-21). De los 13 jugadores que llegaron aquí y que desde el este viernes actuarán en Bulgaria, ninguno supera los 26 años.
Arroyo tuvo la gran chance de estar en Atenas 2004, pero a último momento quedó fuera. Después, la eliminación en el Preolímpico de Pekín: "Hoy mi objetivo es Londres. Aquel golpe fue aun más duro que el de Atenas: pensé que no iba a tener otra oportunidad", reconoce. Sin embargo, la tiene, y ahora trata "de disfrutar más". Y añade: "No sabía si iba estar bien físicamente. Pero hoy me siento mejor que cuando era más chico".
-Muchos de tu generación no tienen tanta vigencia. ¿Por qué?
-No sé si hay un secreto. Fue dándose. Siempre le dije a Weber que pasara lo que pasara, iba a estar disponible. Es mi país y me encanta vestir esta camiseta.
-¿Cómo es la convivencia con jugadores 10 años más jóvenes que vos?
-Son buenos chicos. Me llevo bien. Obviamente, tienen cosas que yo ya pasé. Trato de ensañarles, como lo hicieron conmigo. En otros años no me daba cuenta de que era el más grande. Ser el capitán de Bolívar me enseñó mucho.
Casi abandonó el voleibol y pasó a jugar en primera. Y dos veces se quedó sin Juegos Olímpicos. Quien no crea en revanchas, puede inspirarse en Arroyo, que a los 35 sigue soñando como niño.


