El sueño de darle sentido al trabajo y generar inspiración

Eduardo Braun
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27 de abril de 2014  

Es evidente el poder de la cultura como fuerza que lleva a alcanzar resultados extraordinarios. ¿Pero qué es la cultura? Herb Kelleher –probablemente uno de los líderes con mayor conocimiento sobre cultura organizacional– dice sobre ella: "La cultura es difícil de definir, tal vez una buena forma de entenderla sea usar la fórmula que utiliza la Corte Suprema de los Estados Unidos para la pornografía: la reconoces al verla".

La cultura es definida como el por qué trabajamos y cómo lo hacemos o, coloquialmente, cómo se hacen las cosas por acá. Esta definición es buena, pero también puede ser engañosa: el que crea que estableciendo metas y objetivos, o definiendo procesos y funciones correctamente, genera por sí solo un cultura positiva está completamente equivocado.

¿Cuál sería una mejor definición? Por su impacto. Una buena cultura es todo lo que sirva para generar pasión, propósito, sentido de pertenencia, esperanza, confianza, autoestima, orgullo, compromiso, felicidad y, en general, cualquier otro estado de ánimo positivo. Si se consigue este efecto en la gente se podrá aprovechar todo el capital humano.

Siguiendo la definición pornográfica de Herb, ¡eso es lo que ves! Una cultura positiva permitirá a un equipo descubrir y usar la pasión, creatividad y energía. ¡Ese es el poder de la cultura! Cuando se puede generar ese état d’esprit no sólo se maximiza el desempeño individual, sino también el colectivo. Las personas trabajan mejor y los equipos mejoran su performance.

Los grandes líderes son todos CEO, según una definición propia, Chief Emotions Officers (o directores generales de emociones). ¿Qué se puede hacer para lograr este efecto?

Hay tareas que un líder debe realizar si quiere despertar emociones positivas en su equipo. La forma en que las realice determinará las características de la cultura.

1. Establecer una visión: darle sentido al trabajo. ¿Cuál es el sueño? Debe ser algo que despierte emociones, que dé ganas de saltar de la cama todas las mañanas para trabajar. Este sueño debe ser desafiante y al mismo tiempo accesible, un logro grupal que recompense a los individuos.

2. Preocuparse por el equipo: esto no significa definir tareas, describir roles u objetivos anuales. Esto significa ayudar a que crezcan tanto en lo personal como en lo profesional, identificar sus talentos y contribuir a que se desarrollen. Hay que definir los valores de la organización por la manera en la que se trata al empleado y actuar en consecuencia. Coordinar a las personas de manera que la performance del equipo se extienda más allá de los talentos individuales.

3. Comunicarse y que todos lo hagan: la comunicación abarca ideas, emociones y acciones. Necesita compartir la visión, el sueño; dar feedback y dirección constantemente. Pero también hay que prestar atención y escuchar para asegurarse que todos sepan que las opiniones cuentan. Hay que ir más allá de las ideas o la información, y compartir emociones: inspirar. Nunca hay que olvidar que las palabras sin acción son vacías: dar el ejemplo.

4. El empowerment importa: los mejores líderes delegan, apoyan las decisiones de los miembros de su equipo y facilitan que se aprenda de las decisiones tomadas. El aprendizaje ayuda a crecer. Hay que bajar a la trinchera, respaldar a los suyos, sobre todo en tiempos difíciles.

5. Apalancar la cultura: cuando un grupo trabaja unido dentro de una organización tiene la oportunidad de gestionar la cultura a través de todos los conceptos precedentes, apalancando su impacto.

El autor es consultor

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