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Desde el inicio del Mundial 2026 las redes sociales -en especial X y TikTok- comenzaron a ser invadidas por mensajes contra la Argentina. A decir verdad, primero fueron contra la selección nacional y poco a poco estos posteos y videos empezaron a direccionarse contra nuestro país. En los últimos días, a partir de perder la final contra España, varios actores, actrices, cantantes y famosos se sumaron a esa ola de ataques desmedidos contra la Argentina. Desde Samuel L. Jackson, pasando por Pedro Pascal hasta Patti Smith, Rosalía, Javier Bardem y Niall Horan se sumaron a esta agresiva campaña.
Pero ¿los mensajes antiargentinos surgieron realmente de manera orgánica o, por el contrario, se trata de una campaña organizada?
Según Agustín Mario Giménez, especialista en marketing deportivo, IA y negocios digitales, el origen de esta ola de agravios y acusaciones a los argentinos no es 100% orgánico, aunque la masificación sí lo fue, y esa es justamente la parte más interesante tecnológicamente hablando.
“Los primeros empujones vinieron de un grupo identificable de cuentas, muchas de ellas creadas recientemente, sin historial futbolero, publicando en simultáneo los mismos hashtags y los mismos videos editados. Y eso no es el comportamiento de hinchas enojados. Más bien es el patrón clásico de una operación de amplificación”, observa Giménez.
Es que hoy no es necesario que la campaña sea grande ni cara; alcanza con que un núcleo chico de cuentas coordine el arranque, porque el trabajo pesado lo hace gratis el algoritmo. ¿Cómo se logra? “Basta con sembrar la indignación; la plataforma la cosecha y la distribuye. Sobre Argentina se generaron 23,7 millones de posteos en X en una semana, un 49% más que sobre España, que fue el campeón. Ese volumen no lo produce ninguna operación paga; lo produce el sistema una vez que la mecha está prendida”, argumenta el especialista en marketing digital.
¿Quiénes son entonces los que armaron esta campaña y con qué objetivo? “Lo importante es tratar de explicar quién se benefició con la difusión de estos posteos y videos. En primer lugar, ganaron las propias cuentas que generaron contenido de odio y lograron la viralización, ya que desde hace tres años X les paga a los usuarios verificados por el engagement o interacción de sus posteos a través del revenue sharing o reparto de ingresos”, detalla Giménez.

En otras palabras, cada posteo viral de “VAR-gentina” o del “Mundial arreglado” le generó ingresos reales a quien lo publicó. “No hace falta odiar a la Argentina, alcanza con que Argentina sea el contenido que mejor paga ese mes”, aclara el especialista.
Por otro lado, las plataformas monetizan cada minuto de esa pelea con publicidad. Y, por último, entra en juego el ecosistema de apuestas. “Este sector tuvo un Mundial histórico. Solo los mercados de predicción movieron cerca de US$45.000 millones en junio, en Estados Unidos, un 27% del volumen de apuestas legales. Toda narrativa que mantiene el partido “vivo” en la conversación —ya sea la polémica, el arreglo, la injusticia— es tráfico y volumen para ese negocio”, reflexiona Giménez.
Ante la pregunta de si eso basta como prueba para confirmar que las casas de apuestas financiaron la campaña, el especialista dice que no, pero aclara que “fue llamativa la cantidad de cuentas sponsoreadas o vinculadas a casas de apuestas de segundo o tercer nivel que estaban en los nodos iniciales de esta campaña. Lo que prueba esto es que el odio contra Argentina tenía varios modelos de negocio funcionando a nivel algorítmico y ninguno tenía incentivo para frenarlo”.
Solo con empezar a leer los mensajes y ver los videos que comenzaron en junio podemos darnos cuenta de que la agresividad fue escalando, por eso Giménez lo divide en niveles de ataque. “Escaló en tres niveles claramente distinguibles. El primero fue futbolero. Podía verse el tag ‘VAR-gentina’ después de octavos, y la teoría del ‘Mundial arreglado’, que publicaban jugadas descontextualizadas. Ahí todavía era discusión de fútbol, aunque ya con videos tergiversados y editados con IA”, relata Giménez.
Y, siguiendo este análisis, fue en el segundo nivel cuando la oleada de mensajes saltó del equipo al país. “En esta instancia se dejó de hablar de ayudas arbitrales o juego sucio y se empezó a cuestionar a la Argentina como nación. Apareció el racismo, el alineamiento geopolítico, el vínculo con los nazis que huyeron de Europa y varias otras cosas que ya no tenían nada que ver con un partido”, enumera el especialista.
Por último, llegó el tercer nivel, que es el de legitimación. “Cuando el volumen se hizo suficientemente grande, los medios tradicionales amplificaron lo que el feed ya había validado con ESPN llamando ‘disgrace’ al equipo, Marca titulando que España ‘salvó el fútbol’, The Telegraph con su título ‘Football 1, Criminals 0’, entre otras notas”, ejemplifica Giménez.

En definitiva, ese es el circuito completo que nace como fake news en cuentas chicas, el algoritmo lo masifica y el medio tradicional lo convierte en sentido común. “Cuando llegás al nivel tres ya nadie recuerda que el nivel uno era mentira y la propaganda ya cumplió su objetivo”, reconoce el especialista en IA.
Lo más importante es tener en claro cómo funciona el algoritmo de las redes sociales, que en este caso trascendió las pantallas para mostrar escenas que llegaron hasta la agresión física en las calles hacia argentinos en el exterior.
Pero volvamos al mundo virtual. “Estos algoritmos no premian la verdad, premian la reacción. X, por ejemplo, rankea el contenido según la interacción que genera como respuestas, citas o reposteos. Y acá es importante tener en cuenta un detalle clave: citar un posteo para insultarlo o discutir con él vale igual o más que compartirlo porque te gustó. La bronca es interacción y la interacción es distribución”, resalta Giménez.
Y justamente ese punto es clave para comprender cómo todos alimentamos ese algoritmo, porque defender a nuestros jugadores, a la Argentina y a los argentinos también alimentó la campaña de odio. “Cada argentino que entró a responder, a desmentir, a pelearse con un posteo de odio, le dio al algoritmo exactamente la señal que necesitaba: ‘este contenido funciona’. Y, peor aún, le generó plata al que lo publicó, porque el revenue sharing paga por engagement, no distingue si el comentario es a favor o en contra. Es un sistema que se retroalimenta solo. Es que el odio genera reacción, la reacción genera distribución, la distribución genera más odio y más ingresos; y, de esta manera, la espiral crece”, sostiene Giménez.

El experto en negocios digitales habla justamente de espiral y no de campaña porque una campaña necesita presupuesto y coordinación permanente, mientras que una espiral solo necesita que los usuarios de las redes sigan alimentándola. “La alimentamos todos, incluidos los que quisimos defendernos”, aclara.
Giménez deja unas sugerencias para poder terminar con esta catarata de mensajes antiargentinos.
Por último, reconoce que para lograr una desactivación real y colectiva es importante documentar la coordinación de las cuentas, horarios y patrones, y presentar esa información a las plataformas y a los medios de comunicación. “Una red coordinada sí viola las reglas de todas las plataformas, incluso las de X. El problema es que la plataforma pierde plata cada vez que se baja contenido que rinde, así que la presión tiene que venir de afuera, aunque hoy en día es complicado que esto funcione rápidamente”, reconoce.
Antes de concluir, Giménez dice que no hace falta ser un experto para darse cuenta de que todo esto fue orquestado. “Cuando tengan sospechas entren al perfil de la cuenta que publica el contenido de odio y miren tres cosas: ¿cuándo fue creada?, ¿qué publicaban antes? y ¿cuántos seguidores tienen? En este caso muchos perfiles fueron creados en los últimos meses, nunca hablaban de fútbol y son cuentas de 200 seguidores con posteos de millones de vistas; claramente es una cuenta amplificada. No hace falta ser analista de datos; hace falta tener el hábito de preguntarse quién me está hablando antes de creerle o de responderle”, finaliza.




