
Acciones y bonos públicos finalizan 2004 con mejoras promedio del 30%
La recuperación de la economía se reflejó en el nivel de actividad de las empresas cotizantes
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Los inversores deberán reconocer que 2004 les sirvió para enterrar un poco más e ir dejando caer en el olvido las penas y pérdidas padecidas en los últimos años de la convertibilidad y que se multiplicaron para los que no pudieron huir de los activos financieros nacionales antes de que estallara el colapso de 2001, cesación de pagos y devaluación incluidas.
La Bolsa, si se mide su desempeño por la variación del Merval, cerrará el año con una ganancia próxima al 30% (hasta ayer acumulaba un 29,16 y hoy habrá una rueda reducida de 11 a 15), pero algunos de los papeles que componen el indicador líder, como en el caso de la acerera Acindar, registraron subas mayores al 80 por ciento.
Ese desempeño le permitió al mercado bursátil mantener cómodamente un sitial entre las 10 Bolsas de mayor suba por segundo año consecutivo, aunque cayó del 3° que supo conseguir en 2003 al 7° con que clausura 2004.
El repunte está estrechamente ligado a la recuperación que mostró la economía en esos dos años (con una tasa de crecimiento anual superior al 8%), la que se reflejó en los niveles de actividad de las compañías y, consiguientemente, en sus resultados.
Los bonos, también
Para los tenedores de títulos públicos, el balance resultó igualmente grato. Si se toma como parámetro el índice de bonos del Instituto Argentino de Mercado de Capitales (IAMC), las ganancias acumuladas en el año llegaron al 30,4%, pero el subíndice de bonos más largos lo cierra con una mejora del 49,8 por ciento. Como en el caso de las acciones, un balance más detallista permite corroborar que, aunque el podio lo monopolizaron bonos casi desconocidos aun para el público inversor, el recorrido alcista que tuvieron algunos de los títulos más populares fue destacado.
Se trata de bonos que muchos ciudadanos pasaron a tener no por elección sino por opción, como los Boden, que recibieron los ahorristas en canje por sus depósitos acorralados (2005, 2012 y 2013, en dólares, y 2007 en pesos); los que fueron a poder de empleados estatales y jubilados por la restitución del 13 por ciento del recorte salarial en su momento aplicado por el gobierno de Fernando de la Rúa (2008); los que recibieron ex empleados públicos que ganaron juicios por la incorrecta liquidación de haberes jubilatorios, o los últimos que se emitieron para afrontar el pago en concepto de indemnización a los familiares de personas desaparecidas (Bocon Pr12, Pre8 o Pr11, por citar algunos). En casi todos estos casos, las alzas superaron el promedio mencionado, dado que llegaron al 64% (Pr11) o fueron del 53,5% (Pr12), 37,3% (Boden 2012) o 34,2% (Boden 2013).
Las razones de las mejoras generalizadas puede dividirse en dos. En el caso de la deuda denominada nueva, una etiqueta usada para designar los bonos que el Estado emitió tras la cesación de pagos y cuyo pago ha honrado desde entonces, la evolución alcista responde a la fortaleza que mostraron las cuentas fiscales, que cierran el año con un superávit récord, lo que asegura los recursos para afrontar el pago de este tipo de bonos en el corto y mediano plazo.
En el caso de los bonos impagos, las mejoras se vinculan con el creciente optimismo respecto del próximo rescate y canje de esos títulos por los nuevos por ser emitidos.
La creciente sensación de cuentas saldadas que se impone entre los inversores alude a los últimos años. Los que apostaron por las acciones venían de perder 24% en 2000 y 29% en 2001. Después recuperaron 77% en 2002, 104% en 2003, más el 30% promedio de este año, según los números nominales.
A simple vista, las pérdidas ya eran cosa del pasado. Sin embargo, si se tiene en cuenta que el quebranto superior al 53% acumulado en los dos últimos años de la convertibilidad era en dólares, la recuperación superior al 200% de los años siguientes sirve para empatar las pérdidas causadas por la devaluación, pero aún no alcanza para saldar el rojo generado desde 2000, especialmente si se considera, además, que a las ganancias nominales posdevaluación hay que aplicarles una quita cercana al 50% por la inflación acumulada desde entonces.
Renta negativa en plazo fijo
Los plazos fijos más tradicionales, es decir, aquellos que se pactan a tasa fija y con vencimiento a 30 días, se convirtieron en la mayor decepción del año, ya que su rendimiento real terminó siendo negativo.
Los bancos pagaron a los pequeños ahorristas tasas que oscilaron entre un 3 y 5% anual, cuando 2004 cerrará con una inflación próxima al 6 por ciento. Es decir que quienes mantuvieron su dinero en este tipo de colocaciones a lo largo del año (especialmente si la fueron repactando a corto plazo) tienen hoy en el bolsillo sólo unos pesos más que en enero pasado, pero que en los hechos les servirán para comprar menos.
El fenómeno de las bajas tasas de interés responde a la holgada disponibilidad de dinero con que contaron los bancos en momentos en que la demanda de crédito apenas se ha reactivado y a la necesidad que enfrentaron de bajar sus costos, para dejar atrás las cuantiosas pérdidas sufridas durante la crisis.
La pérdida fue percibida progresivamente por un mayor número de ahorristas que intentaron escapar de ella optando cada vez más por plazos fijos ajustables por CER, el coeficiente creado tras la devaluación para actualizar contratos y bonos, y que sigue con un mínimo rezago a la inflación.






