Acuerdo de Chipre eleva el rencor entre el norte y el sur de Europa

Marcus Walker
Matina Stevis
Gabriele Steinhauser
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26 de marzo de 2013  

BRUSELAS—Las autoridades europeas alcanzaron un acuerdo en la madrugada del lunes que probablemente impedirá que Chipre se convierta en el primer país en abandonar la zona euro, pero al precio de una gran desconfianza política entre las economías más fuertes del norte de Europa y las más débiles del sur.

Las a menudo caóticas negociaciones que desembocaron en el pacto echaron por tierra la tranquilidad de la zona euro en los últimos meses. La amargura acerca de la crisis chipriota, más profunda que la producida en el peor momento de la crisis de Grecia, podría producir un daño duradero y obstaculizar los esfuerzos para reparar las fallas en el diseño de la zona euro. Alemania, la mayor economía del bloque, impuso sus puntos de vista en las conversaciones, pero cosechó duras críticas por lo que algunos consideran el maltrato de un país diminuto.

El acuerdo contempla que los grandes depositantes perderán sumas cuantiosas luego de la reducción radical del mayor banco del país y la clausura del segundo.

Los mercados acogieron el acuerdo con optimismo que luego se disipó tras los comentarios del ministro holandés de Finanzas, Jeroen Dijsselbloem, quien insinuó que los grandes depositantes en los bancos y los acreedores más protegidos podrían contribuir a futuros paquetes de rescate de la zona euro. Posteriormente pareció retractarse en su cuenta de Twitter.

El Promedio Industrial Dow Jones llegó a caer 177 puntos tras los primeros comentarios, pero luego se recuperó y cerró con una pérdida de 64,28 puntos, un 0,4%, en 14.447,5 unidades

El acuerdo se logró bajo la presión del reloj, luego de que el Banco Central Europeo anunciara la semana pasada que si no había un acuerdo el lunes, cortaría el financiamiento que provee a los bancos de Chipre, lo que los dejaría en la bancarrota.

Fuentes cercanas indicaron que las negociaciones estuvieron a punto de fracasar en varias ocaciones el domingo.

"Nadie quería tomar una decisión que condujera a la primera salida de un miembro de la zona euro", declaró un funcionario europeo. "Pero podría haber sido una consecuencia".

Al final de cuentas, el pacto fue interpretado como un plan radical propuesto por Alemania y el Fondo Monetario Internacional para cerrar los dos mayores bancos del país, el mismo plan que fue rechazado hace 10 días por el presidente chipriota, Nicos Anastasiades.

El acuerdo del lunes estipula que los depositantes con menos de 100.000 euros (US$130.000) en sus cuentas mantendrán su dinero. Los que tienen más en los dos principales bancos del país pagarán un precio mucho más alto. Los depósitos de los grandes clientes del Banco Nacional de Chipre, el segundo más grande de la isla, serán convertidos en acciones de un "banco malo", que absorberá los activos de peor calidad, y es probable que, con el correr del tiempo, sólo obtengan una fracción de sus depósitos.

El acuerdo alcanzado el lunes culminó una saga psicológica de 10 días. El presidente de Chipre llegó a un acuerdo previo que exigía que todos los depositantes de la isla contribuyeran al rescate pagando un impuesto sobre sus depósitos. El Parlamento, no obstante, rechazó ese acuerdo y el gobierno buscó fondos en Rusia, cuyos depositantes serían afectados por el impuesto, pero la misión fracasó. Durante varias instancias, no hubo comunicación entre el gobierno en Nicosia y los de la zona euro.

El pacto inicial fue percibido como un error por la canciller alemana, Angela Merkel, y otros. Los ministros de Finanzas de la Unión Europea no deberían haber aprobado la imposición de un impuestos a los pequeños ahorrantes, habría dicho en una reunión con líderes de su partido la Unión Demócrata Cristiana.

Tras el rechazo legislativo al primer plan, funcionarios de Alemania y otros países acreedores se irritaron cada vez más ante la ausencia de un "Plan B". El ministro de Finanzas de Chipre, Michael Sarris, estaba en Moscú buscando financiamiento y no devolvía las llamadas de los líderes europeos. Los expertos del FMI, el BCE y la Comisión Europea, conocidos como la Troika, pasaban hasta 16 horas al día encerrados en el Banco Central de Chipre. Los funcionarios chipriotas casi nunca dialogaban con ellos, dicen fuentes europeas.

Al final, luego de maratónicas negociaciones, el presidente chipriota regresó a la mesa de negociaciones poco antes de la medianoche del domingo con una propuesta que seguía manteniendo a flote el Banco Popular de Chipre. En ese momento, los líderes de la UE le dijeron calmadamente a Anastisiades que "hiciera las maletas y se fuera" si no estaba dispuesto a colaborar, dijo un asistente al encuentro en Bruselas. En ese momento, el mandatario le dio luz verde al acuerdo y los ministros de Finanzas de la UE redactaron una declaración que resumía el pacto.

"La realidad es que las decisiones ya se habían tomado", dijo un funcionario. El resultado para Chipre es que el acuerdo del lunes fue más costoso que el rechazado por el Parlamento la semana pasada. "No cabe duda en el gobierno de que el primer acuerdo era mucho mejor", dijo un alto funcionario chipriota. "Fue todo un fiasco".

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