Acusaciones de soborno en China, el dolor de cabeza del jefe de Glaxo

Jeanne Whalen
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6 de agosto de 2013  

Andrew Witty ha pasado varios años hablando sobre sus esfuerzos para eliminar las agresivas tácticas de marketing que heredó como presidente ejecutivo de GlaxoSmithKlinePLC. Ahora, se enfrenta al incómodo problema de defender a la empresa ante acusaciones de pago de sobornos en China que presuntamente se produjeron durante su mandato.

Witty tomó las riendas de Glaxo en 2008, cuando la farmacéutica era investigada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos por supuesto marketing ilegal de sus antidepresivos y otros medicamentos. El asunto fue resuelto en 2012, cuando la empresa aceptó la culpabilidad en el caso, y el lema de Witty ha sido dar vuelta a la página.

"En los últimos años, cambiamos fundamentalmente nuestros procedimientos de conformidad, marketing y ventas en EE.UU. para asegurarnos de que operamos con altos estándares de integridad y que realizamos nuestros negocios de forma abierta y transparente", indicó Witty cuando fue anunciado el acuerdo, a la vez que agregó que Glaxo había "aprendido de los errores que se cometieron".

Sin embargo, las nuevas acusaciones, interpuestas en julio por el Ministerio de Seguridad Pública de China, simplemente transfirieron los dolores de cabeza de Witty a otra región. El ejecutivo está ahora intentando comprender qué salió mal en las operaciones chinas de la compañía.

Hace poco, Witty indicó que parecía que algunos altos gerentes de Glaxo en China habían violado la ley de ese país.

"Personalmente, estoy muy decepcionado de que se hayan realizado estas acusaciones. Son vergonzosas", les dijo Witty a periodistas durante una conferencia telefónica hace dos semanas. "Algo que les puedo garantizar es que aprenderemos de esto y haremos cambios".

Glaxo afirma que Witty ha estado trabajando día y noche para mantenerse al día con la investigación, que avanza con rapidez, y para mantener informada a la junta directiva. Hasta fines de julio, la policía china tenía detenidos a 18 empleados de Glaxo en la ciudad central de Zhengzhou, según la emisora estatal china, una cifra sobre la que la farmacéutica prefiere no hacer comentarios. La empresa también contrató a la firma de abogados Ropes & Gray LLP, con sede en Boston, para llevar a cabo una "evaluación independiente" sobre la conducta de los gerentes de Glaxo en China.

Algunos accionistas señalan que el asunto plantea dudas sobre el rigor de la reforma de marketing de Witty. Durante la mayor parte de su gestión como presidente ejecutivo, Witty se concentró en acusaciones de marketing ilegal en EE.UU.

Cuando asumió como presidente ejecutivo, en mayo de 2008, el Departamento de Justicia de EE.UU. ya llevaba investigando a Glaxo cuatro años por presuntas irregularidades, incluyendo la presunta promoción de sus antidepresivos y otros medicamentos para usos no aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés). Una de las prioridades de Witty en sus primeros años en el cargo fue cerrar esa investigación, señaló un vocero de la compañía.

Mientras trabajaba en eso, también nombró una directora para EE.UU. y Canadá, Deirdre Connelly, quien en 2010 anunció que la empresa cambiaría la forma en que les pagaba a los vendedores en EE.UU. para alinear su salario con "valores de la compañía". En lugar de pagar bonificaciones basadas en objetivos de ventas, desde 2011 Glaxo las calcularía según la adhesión de un vendedor a la transparencia, la integridad y las necesidades del paciente, indicó Connelly.

En julio de 2012, Glaxo llegó a un acuerdo con el Departamento de Justicia y se declaró culpable de cargos penales de marketing ilegal y ocultar datos de seguridad ante los reguladores estadounidenses. Debió pagar US$3.000 millones en multas, una suma que el Departamento de Justicia describió como el mayor acuerdo por fraude en salud en la historia de EE.UU.

En enero, surgió un indicio de un posible problema en China, a través de un correo electrónico anónimo dirigido a la gerencia y al directorio, en el que se acusaba a la empresa de soborno de médicos y otros problemas.

Witty se habría enterado de las acusaciones en enero, cuando la empresa abrió una investigación, según un vocero de Glaxo.

En junio, Glaxo le dijo a The Wall Street Journal que su investigación sobre las acusaciones no encontró evidencias de irregularidades. Unas semanas más tarde, sin embargo, las autoridades chinas tomaron a la empresa por sorpresa al iniciar su propia pesquisa sobre acusaciones similares.

Las autoridades allanaron las oficinas de Glaxo en Shanghai, Beijing y Changsha el 27 de junio. Glaxo afirma que no supo el propósito del operativo hasta el día siguiente, cuando la policía de Changsha emitió un comunicado informando que investigaba a empleados de la empresa por delitos económicos. Hasta el 11 de julio, cuando las autoridades chinas detallaron las acusaciones de sobornos, la frase "delitos económicos" era todo lo que Witty y su equipo sabían sobre la investigación china, sostiene la compañía.

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