
Aluvión de nuevas etiquetas en el mercado de vinos finos
Entre las 150 bodegas principales ya ofrecen más de 1000 productos diferentes
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Nunca como en este año hubo tantas marcas nacionales a disposición del consumidor en el mercado del vino fino. Las estimaciones que se realizan en el sector dan cuenta de la existencia de unas 1000 variedades producidas por alrededor de 150 bodegas pequeñas, medianas y grandes.
Este escenario atomizado se explica por la irrupción de una nueva categoría de consumidores;una franja de personas de entre 25 y 35 años, con menos fidelidad por las etiquetas tradicionales y mayor deseo de experimentar y conocer nuevas alternativas.
Hasta ahora, el pulso de la demanda lo marcaban básicamente los mayores de 40 años, afectos a las marcas más clásicas del mercado. "Al público tradicional se está sumando una nueva generación, más transgresora, que genera nuevas tendencias de consumo", afirma Eduardo Fernández Lasnier, gerente general de Bodegas Trapiche.
La avalancha de productos no se ciñe únicamente a los vinos finos. Las mayores compañías, como Trapiche o Chandon, por ejemplo, están embarcadas en la promoción de vinos frutados y burbujeantes y de champagnes saborizados, como "puerta de entrada amistosa" para atraer a consumidores cada vez más jóvenes, aunque éstos generan rechazos entre ciertos bodegueros más puristas, que apuestan por ganar mercado sin producir híbridos. Septiembre Blanco y Valmont H20 son dos de los mayores vendedores en este terreno, especialmente en las barras de las discotecas y en los restaurantes de moda frecuentados por veinteañeros.
Estos frisantes dulces o semidulces resistidos por los puristas son, para algunos, la gran sensación de este año.
La irrupción masiva de marcas no ha logrado ensanchar el mercado de vinos finos, pero al menos lo mantuvo tan activo como en 1998 y 1999, lo que a la luz del contexto recesivo actual se interpreta como un triunfo. A fines de mes, según las estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura, la venta anual de vino fino se habrá incrementado un 3% respecto de 1999.
Los vinos de mesa, en tanto, que hace 20 años eran los pesos pesados del negocio, siguen cayendo sin remedio. Terminarán el 2000 con una baja estimada en 300.000 hectolitros.
Las razones de la abundancia
Con 30 años de experiencia en la industria, Luciano Cotumaccio, director de Escorihuela y Escorihuela Gascón, explica que la proliferación de marcas se da en el segmento que va de los 6 a los 20 pesos. "En el nicho de los vinos de 3, 4 o 5 pesos no abundan las novedades porque éstos son los que consume la clase media, que no está pasando por un buen momento", razona.
Por eso, todas las bodegas apuntan al segmento de mayor precio, pero sin pasarse de la raya. Después del boom de las botellas de 40, 50 o 60 pesos, de dos años atrás, ahora todas se concentran en la franja descripta por Cotumaccio. Sólo en los últimos tres meses salieron a la venta en esa gama de precios más de 60 propuestas. El boom de lanzamientos, no obstante, no se ata sólo al deseo de los consumidores que demandan ser sorprendidos.
Algunas bodegas tradicionales, afectadas por una notoria caída en la venta de sus productos insignia, han decidido cambiar las etiquetas y relanzarlos como novedad para poder generar una nueva campaña de comunicación, aunque en realidad se trate de más de lo mismo, se señala.
El aluvión de productos también está asociado a la necesidad de buscar posicionamiento en otros nichos de precio. Un ejemplo es Luigi Bosca, la prestigiosa empresa de la familia Arizu que produce una de las líneas de vinos con mayor valor de plaza. Con precios de entre 7 y 9 dólares por unidad, la bodega introdujo en la Argentina la colección Finca La Linda, que hasta ahora sólo se dedicaba a la exportación, con fuerte presencia en los Estados Unidos y Europa.
Alberto Arizu, su director comercial, explica también que la moda de lanzar productos en forma masiva se está dando dando simultáneamente en los principales mercados del mundo. Ycita el caso de Gran Bretaña, donde los importadores demandan a las bodegas al menos uno o dos vinos nuevos por año para mantener satisfechos a los clientes que reclaman ser sorprendidos.
Esta situación se registra también en la Argentina. Moisés Chemea, dueño de la cadena de vinotecas Winery, que irrumpió con singular éxito en julio de 1999, dice que "la gente es cada vez menos fiel a las marcas y pide variedades para experimentar".
El papel de las vinotecas en medio de esta tendencia es fundamental. Como no todas las bodegas disponen de medios para realizar campañas de promoción masiva, el consumo de novedades se direcciona según los consejos y las sugerencias que ofrecen los expertos de las cadenas líderes.
Los champagnes Ville Neuve y Extreme; los varietales Fincas de Altura, de Lavaque; los Finca El Portillo, de Salentein; el Q Chardonnay, de Familia Zuccardi;Claire y Jubile, de Finca Flichman; la colección Tres Barricas, de Bodegas Pacheco Pereda, y la línea Angélica Zapata, de Catena Zapata, son algunas de las novedades de los últimos meses que están obteniendo mayor repercusión en los puntos de venta.
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