Ante la crisis que enfrenta la industria láctea, en la empresa explican que la clave de su negocio es no perder el objetivo de la rentabilidad
El empresario explica las razones que hoy le permiten retomar sus planes de inversión con autofinanciamiento
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En el mismo negocio que gigantes de la talla de Perez Companc, Soldati y Macri tuvieron un paso fugaz, Sucesores de Alfredo Williner, la empresa láctea de Rafaela, no sólo acaba de festejar su 75° aniversario, sino que también retomó los planes de expansión que había postergado por la crisis. La empresa dueña de la marca Ilolay desembolsará US$ 20 millones durante 2004 en la ampliación de su complejo industrial y la construcción de un par de nuevas plantas de quesos y dulce de leche.
En Williner no dudan a la hora de señalar cuáles son las razones de su éxito, que indirectamente también explican los fracasos de los grandes grupos económicos en el sector. "Nunca perdimos de vista el objetivo de ser una empresa rentable. En un momento era muy fácil captar créditos dulces a largo plazo y por eso muchos crecieron desmedidamente, endeudándose, y ahora están pagando las consecuencias de haber priorizado alcanzar una posición en el mercado interno o cierta participación en las ventas. En nuestro caso siempre nos autofinanciamos, para lo cual era indispensable tener rentabilidad, de ahí que nunca nos interesara ser terceros o cuartos en el ranking de las empresas lácteas, sino tener ganancias", explica Alfredo Curiotti, presidente del directorio de la compañía y nieto del fundador, Alfredo Williner.
-Igual en 2002 se les cortó la racha positiva y terminaron el año con números en rojo, ya que perdieron $ 22 millones
-El 2002 fue un año trágico para todo el sector de la lechería, lo que se deduce del análisis de los balances de prácticamente todas las compañías del rubro, y en este contexto nosotros no fuimos la excepción, pero en 2003 vamos a alcanzar una facturación de $ 300 millones y lo importante es que vamos a volver a la senda positiva en materia de resultados.
-¿Tuvieron que cancelar algún proyecto por la crisis?
-Como no queríamos endeudarnos nos vimos obligados a parar obras que estaban iniciadas, pero felizmente ya las retomamos. El principal proyecto que está en marcha es el traslado de nuestra planta principal, que está ubicada en el centro de Rafaela, a Bella Italia, una localidad vecina en la que queremos concentrar la elaboración de la mayoría de los productos. En Bella Italia también estamos agregando una nueva línea de leche en polvo con capacidad para procesar 700.000 litros diarios, con una inversión de 10 millones de dólares. Además, estamos terminando una quesería muy moderna para la elaboración de quesos de pasta blanda con equipamiento francés, que será inaugurada en seis meses con una inversión de 6 millones de dólares y también vamos a trasladar a Bella Italia una planta de dulce de leche, que implica otro millón y medio de dólares, con lo que estamos completando inversiones por cerca de US$ 20 millones, que se suman a los más de US$ 50 millones que desembolsamos en la década del 90.
-¿Están mirando nuevos negocios?
-Estamos investigando el desarrollo de otras líneas de especialidades lácteas como las proteínas de suero de leche, que tienen características similares a las de la grasa pero con la ventaja de que se trata de un producto totalmente descremado. Para este proyecto nos asociamos con una división de Monsanto, que después fue vendida a SP Kelko, una compañía de capitales dinamarqueses y norteamericanos que se dedica a la fabricación de ingredientes. La mayor parte de esta producción se exporta para la elaboración de lácteos, fiambres, helados y desde la Argentina estamos atendiendo a todos los mercados latinoamericanos, sustituyendo las exportaciones que antes hacía Monsanto desde los Estados Unidos.
-¿Piensan ingresar al negocio del helado?
-No, porque implicaría montar una distribución totalmente distinta de la que hoy tenemos. Una de nuestras premisas siempre fue "zapatero a tus zapatos". Todavía tenemos mucho por hacer dentro del mercado de los lácteos, que es una actividad muy dinámica porque se maneja con una materia prima altamente perecedera y con productos que requieren una cadena de frío constante.
-¿Qué porcentaje de la producción total de Williner se exporta?
-El 40 por ciento de toda nuestra producción se destina a la exportación. Lo que más sale es la leche en polvo, aunque también están creciendo mucho las ventas de quesos. Hoy desde la Argentina estamos abasteciendo de quesos de pasta dura a los Estados Unidos y también está creciendo la venta de mozzarella, porque el país tiene una muy buena materia prima.
-¿Cuáles son los principales destinos?
-Hoy estamos exportando más a Argelia que a Brasil, dentro de un proyecto con el que buscamos diversificar nuestras ventas en el exterior, especialmente al mercado africano, y a la vez incrementar el peso de los productos con valor agregado. Y de hecho, en la actualidad el 77% de las exportaciones corresponde a productos con nuestra marca.
-¿La reactivación ya llegó al mercado lácteo?
-En los últimos meses comenzamos a notar cierta recuperación de la demanda, pero justo entramos en la época de menor consumo. Tradicionalmente, las ventas de lácteos empiezan a repuntar a partir de marzo, con el inicio de las clases y la baja en la temperatura, pero igual hoy se nota una leve recuperación, que esperamos que se mantenga
-En el caso de Williner se habla mucho de que no se trata de un fenómeno único y que está ligado a lo que se conoce como el milagro de Rafaela, con muchas empresas exitosas
-Personalmente, soy un poco contrario a que se diga que lo de Rafaela es un milagro. Se trata de una filosofía de trabajo de la gente de la zona, que heredamos de nuestros mayores y que se retroalimenta todos los días introduciendo tecnología de punta. Rafaela tiene una base que es la fortaleza de las pymes, que empezaron con la producción primaria del campo y después se fueron diversificando, pero los milagros sólo los hace Dios y lo único que hacemos nosotros es trabajar mucho. Además, no escapamos a las generales de la ley. Rafaela tiene desocupación y pobreza, aunque lógicamente con niveles más morigerados.
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