Brasil, con juego lento: una economía que no recupera fuerza

De estrella de los mercados a blanco de críticas, el socio mayor del Mercosur crece poco, aunque mantiene los logros sociales; la Copano le reportaría dinamismo
Alejandro Rebossio
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15 de junio de 2014  

Muchos imaginaban que el día en que comenzara el Mundial de Brasil 2014, dos años antes de los Juegos Olímpicos Río de Janeiro 2016, el gigante sudamericano iba a encontrarse en un éxtasis económico. La fiesta del fútbol iba a servir para inaugurar dos años de demostración al planeta del poderío brasileño. Pero no ha sido así. Desde el año pasado, la nueva clase media del socio mayor del Mercosur, formada por esos 40 millones de personas que dejaron de ser pobres en los 12 años de gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), comenzó a protestar en las calles para demandar algo más que comer más de una vez por día, aquel anhelo del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva. Los que critican por derecha e izquierda a la presidenta Dilma Rousseff y a su antecesor, se sumaron a las protestas. En octubre próximo Rousseff buscará una peleada reelección.

Desde el año pasado, la economía brasileña ha dejado de ser la estrella latinoamericana. Algunos analistas e inversores financieros ahora promueven a México, sobre todo a partir de las reformas educativa, fiscal y energética aplicadas por el presidente Enrique Peña Nieto. Pero aún la economía de ese país tampoco despega y los índices sociales, que en el último decenio empeoraban mientras en América del Sur mejoraban, siguen sin progresar. Al mismo tiempo que el índice de pobreza en Brasil se reducía a la mitad, al pasar de 36 a 18% entre 2005 y 2012, en México se elevaba de 31 a 37 por ciento.

La economía de Brasil crecerá este año 1,5%, según se estima en el informe que esta semana difundió el Banco Mundial. No se logra superar el índice de 3% desde 2010. Atrás quedaron los años dorados de Lula, en los que la economía crecía entre 4 y 6% y con inflación baja. En la Argentina, el impacto ya se hace sentir en terminales automotrices que suspenden personal, y en autopartistas que directamente despiden.

Mientras tanto, la organización del Mundial no parece ser la solución a los problemas de Brasil, según demuestra la historia del desempeño económico de otros países que fueron sede de la Copa.

Pero tampoco es tan cierto que Brasil ha pasado de ser o melhor do mundo al pior. Por lo menos eso opina el economista colombiano José Antonio Ocampo, profesor de la Universidad de Columbia y coautor de un libro sobre la última crisis mundial con el Nobel Joseph Stiglitz: "México y Brasil crecen muy lento, pero a Brasil le ha ido mejor a lo largo de los últimos 20 años, pese a la ventaja de México de acceso al mercado de EE UU". Ocampo destaca que el gigante sudamericano ha mantenido su política industrial gracias al apoyo del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes), aunque también sufrió la apreciación del real hasta el año pasado. México, en cambio, ha desarrollado un sector manufacturero que ensambla mucho insumo importado y agrega poco valor nacional, según Ocampo.

Un economista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Jürgen Weller, explica por qué Brasil crece poco: Tiene problemas estructurales, muchos cuellos de botella. El país no ha solucionado si lo resolverá con inversión pública o privada. La pública sola no alcanza. Tampoco se resolvió en qué condiciones lo hará la privada. Mientras tanto, el modelo que llevó al crecimiento de Brasil en la década pasada ya no tiene impulso. El empleo no crece, el salario ya no sube tanto, el crédito crece menos, con lo que la demanda interna, que fue el motor del crecimiento, se debilita". También es cierto que el desempleo sigue bajando, pese a todo, hasta el 4,9%. Sin llegar a la escasez de divisas de la Argentina y Venezuela, Brasil también sufre la suya porque la mayor demanda de los años anteriores elevó las importaciones.

Desde el año pasado y hasta hace pocos meses, en que los mercados han vuelto a apostar por los emergentes, el real sufrió una alta volatilidad y alguna depreciación, lo que impactó en la inflación. Los precios subirán este año el 6,4%, según el promedio de pronósticos de bancos y consultoras relevados por la firma española Focus Economics. Ante el alza de la inflación, el Banco Central subió la tasa de interés al 11%, lo que ha impactado de forma negativa en el crédito y en la actividad económica.

Uno de los efectos concretos de la Copa del Mundo en la economía brasileña podría ser precisamente un aumento del consumo en este mes de certamen, entre la llegada del turismo extranjero y el entusiasmo que suele generar un espectáculo así en el público local. Claro que esta vez muchos brasileños sorprenden al mundo con su oposición al show del fútbol. Además, la influencia puede resultar negativa en cuanto a la caída de la productividad. "El impacto de la Copa del Mundo en los días laborales, el sentimiento y el consumo de los hogares es un comodín para la actividad del segundo trimestre", señala un informe del banco JP Morgan.

Un estudio específico de otro banco, Goldman Sachs, sobre el Mundial concluye que los países que han organizado la Copa han crecido en los cuatro años anteriores al certamen a un promedio menor que Estados Unidos, tomado como referencia al ser la primera potencial global, y muchos menos que los países que iban a resultar campeones en el torneo. Al parecer suele darse la casualidad, o no, de que los países que terminan dando la vuelta olímpica habían tenido un incremento de la renta per cápita mayor al norteamericano en esos cuatro años previos. De ser así, entonces la verdeamarela no debería consagrarse este año.

Goldman Sachs también identifica algunas relaciones entre el índice bursátil de los países campeones, subcampeones y anfitriones. En el caso de los primeros y los locales, tras los últimos mundiales en general han subido las acciones en el primer mes posterior al campeonato, quizá por el efecto de entusiasmo que genera la victoria o el orgullo de organizar un espectáculo semejante ante la mirada del planeta.

En cambio, en los países que pierden la final del Mundial suelen caer las acciones no solo en el primer mes sino en el primer año posterior a la derrota. Si es por la desazón o no de los inversores, muchos de ellos fanáticos del fútbol, no se sabe. Pero parece mejor para la política y la economía de Brasil que no vuelva a ocurrir otro Maracanazo, la caída de su selección en la final de 1950 ante Uruguay.

Pese a las quejas de ciudadanos brasileños de que la inversión pública en la organización del Mundial podría haberse destinado a otros fines sociales y además triplicó el presupuesto original, la consultora Deloitte destaca en un informe el impacto positivo en la economía. Calcula que se inyectaron 63.000 millones de dólares entre 2010 y 2014: unos 50.000 millones por un aumento de la producción de bienes y servicios y 2.000 millones por el turismo. Es decir, que el PBI de 2010 aumentó 2,1% por la Copa desde entonces hasta ahora. "La Copa del Mundo de Brasil significa para el país la modernización de su infraestructura, mejoras en la hotelería, mejoras en los servicios aeroportuarios, de redes viales, de telecomunicación y otras que modificarán la forma de vida en las ciudades anfitrionas principalmente", destaca Deloitte.

¿Eso alcanza para dar ritmo a la economía de Brasil? Sigue siendo el país latinoamericano que capta más inversión extranjera directa de la región, por su mercado interno gigante, pero también por su potencial exportador; tiene un riesgo país menor a 200 puntos básicos, Petrobras ha logrado recientemente una exitosa colocación de bonos para financiar sus inversiones, aunque algunos bancos ya le están quitando fichas al socio mayor de Mercosur y poniéndolas en la pronta apertura del negocio petrolero mexicano al capital privado y extranjero; y el Estado no solo ayuda a la industria sino también a la desarrollo tecnológico del sector agropecuario.

Pero eso no alcanza para evitar que el mercado brasileño de autos haya caído 5,5% en los primeros cinco meses del año, menos que el 22% sufrido en la Argentina, pero suficiente como para deteriorar las exportaciones nacionales hacia allí. La industria automotriz es una de las que más pesa en el sector manufacturero argentino y además produce el bien industrial más exportado por el país y que tiene en Brasil su principal cliente. En el primer cuatrimestre, la exportación de toda la cadena al país vecino cayó 9%, a 2354 millones de dólares. La de manufacturas de metal, 8%, a 168 millones. El total de las ventas externas a Brasil, el 9%, a 5136 millones. Para la Argentina, sería mejor que gane la economía verdeamarela.

La pelota moverá el consumo

Uno de los efectos concretos de la Copa del Mundo en la economía brasileña podría ser precisamente un aumento del consumo en este mes de campeonato, entre la llegada del turismo extranjero y el entusiasmo que suele generar un espectáculo así en el público local. Claro que, esta vez, muchos brasileños sorprenden al mundo con su oposición al show del fútbol. Además, la influencia puede resultar negativa en cuanto a la caída de la productividad.

"El impacto de la Copa del Mundo en los días laborales, el sentimiento y el consumo de los hogares es un comodín para la actividad del segundo trimestre", señala un informe del banco JP Morgan.

Un estudio específico de otro banco, Goldman Sachs, concluye que los países que han organizado la Copa han crecido en los cuatro años anteriores al certamen a un promedio menor que Estados Unidos, tomado como referencia por tratarse de la primera potencia global. Agrega el informe que esos países sede crecieron mucho menos que los que iban a resultar campeones en el torneo. Al parecer suele darse la casualidad, o no, de que los países que terminan dando la vuelta olímpica habían tenido un incremento de la renta per cápita mayor al norteamericano en esos cuatro años previos. De ser así, entonces la verdeamarela no se consagraría este año.

Goldman Sachs también identifica algunas relaciones entre el índice bursátil de los países campeones, subcampeones y anfitriones. En el caso de los primeros y de los organizadores, tras los últimos mundiales y en términos generales, han subido las acciones en el primer mes tras el campeonato, quizá por el efecto del entusiasmo que genera la victoria o el orgullo de organizar un espectáculo semejante ante la mirada del planeta entero.

En cambio, en los países que pierden la final del Mundial suelen caer las acciones no sólo en el primer mes, sino en todo el primer año posterior a la derrota. Si es por la desazón o no de los inversores -muchos de ellos fanáticos del fútbol-, no se sabe. Pero parece mejor para la política y la economía de Brasil que no vuelva a ocurrir otro Maracanazo, aquella caída de su selección en la final de 1950 ante Uruguay.

Pese a las quejas de ciudadanos brasileños de que los fondos de la inversión pública en la organización del Mundial podrían haberse destinado a otros fines sociales -se suma a las críticas el hecho de que el gasto triplicó el presupuesto original-, la consultora Deloitte destaca en un informe el impacto positivo en la economía. Calcula que se inyectaron US$ 63.000 millones entre 2010 y 2014: unos 50.000 millones por un aumento en la producción de bienes y servicios, y 2000 millones por el turismo. Es decir que el PBI de 2010 aumentó 2,1% por la Copa, desde entonces hasta ahora.

"La Copa del Mundo de Brasil significa para el país la modernización de su infraestructura, mejoras en la hotelería y en los servicios aeroportuarios, de redes viales, de telecomunicación, y otras mejoras que modificarán la forma de vida en las ciudades anfitrionas principalmente", destaca Deloitte.

¿Eso alcanza para dar ritmo a la economía de Brasil? Sigue siendo el país latinoamericano que capta más inversión extranjera directa de la región, tanto por su mercado interno gigante como también por su potencial exportador; y tiene un riesgo país menor a 200 puntos básicos. Petrobras, por caso, logró recientemente una exitosa colocación de bonos para financiar sus inversiones. Aun así, algunos bancos ya le están quitando fichas al socio mayor del Mercosur, para ponerlas en la pronta apertura del negocio petrolero mexicano al capital privado y extranjero.

Malestar con consecuencias

Pero el malestar económico está ayudando a que los rivales de Rousseff se le acerquen en las encuestas sobre intención de voto, según JP Morgan. No sólo pasa eso en Brasil. En general, a los oficialismos en América latina les está costando e incluso están fracasando en sus intentos de permanecer en el poder. El oficialismo perdió este año los comicios en Costa Rica y Panamá y la primera vuelta en Colombia (hoy es la segunda); ganó con lo justo en El Salvador y sufrió una alerta en las primarias de Uruguay. Toda la región crece menos y a los gobernantes ya no les es tan fácil reelegirse o ser sucedidos por un correligionario.

Pero eso no alcanza para evitar que el mercado brasileño de autos haya caído 5,5% en los primeros cinco meses del año, menos que el 22% sufrido en la Argentina, pero suficiente como para deteriorar las exportaciones nacionales hacia allí. La industria automotriz es una de las que más pesan en el sector manufacturero argentino y, además, produce el bien industrial más exportado por el país y del cual Brasil es el principal cliente. En el primer cuatrimestre, la exportación de toda la cadena al país vecino cayó 9%, a US$ 2354 millones. La de manufacturas de metal, 8%, a US$ 168 millones. El total de las ventas externas a Brasil cayó 9%, a US$ 5136 millones. Para la Argentina, sería mejor que ganara la economía verdeamarela.

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