
Bubba, el dibujito argentino que cautivó a Disney y Netflix estrena su propia aplicación
Es el primer programa de tv interactivo; cada chico juega desde su dispositivo móvil
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Todos los humanos descendemos de los simios, pero el monito de Bubba, creado por Daniel Schammah en 2002, proviene de Buenos Aires; y llega a todos los chicos de América latina y Brasil desde que Disney Junior lo incluyó en su programación.
Netflix, que también le dio el visto bueno, ofrecerá los capítulos de la serie desde este mes y suma al público norteamericano. Además de canciones pegadizas y contenido que apuesta por el aprendizaje de temáticas como el mundo animal, los números y las primeras palabras en inglés, sumaron una aplicación que incluye a los mini - espectadores en la narración. Mientras Bubba clasifica la basura, mezcla los colores y juega con los animales, los más pequeños participan con juegos digitales desde sus dispositivos móviles, celulares o tablets.
Desde sus inicios, originalmente en cintas de VHS, el contenido estuvo diseñado para que los chicos aprendan mientras se divierten. “Nos basamos en estudios de comunicación inicial, los primeros tres años de vida se forman la mayoría de las conexiones neuronales y por eso se dice que los chicos son una esponja: absorben conocimiento de manera intuitiva e hilvanan conceptos con gran facilidad”, dijo Schammah a LA NACION. Con un equipo interdisciplinario de psicólogos, músicos, profesores de inglés y diseñadores armó los primeros videos que distribuía a negocios referentes infantiles como jugueterías, librerías y casas de ropa. Su vida personal lo había puesto a tono con el mundo infantil: fue padre de una nena.
Antes de lanzar la serie para chicos el emprendedor trabajó en Asatej, la agencia de viajes, durante ocho años. “Cuando comencé éramos cuatro personas; al cabo de unos años la empresa tenía oficinas en cinco países, 150 empleados y una facturación de 50 millones de dólares anuales. Forjó mi espíritu emprendedor porque me ayudó a pensar proyectos a lo grande, con objetivos internacionales”, recordó.
La inversión inicial fue de 10.000 dólares y dio como resultado un video infantil que tardó en encontrar su lugar en el mercado. A medida que tomó impulso en los locales referentes para niños, la iniciativa de Schammah empezó a diversificar su oferta a peluches, libros, CDs de música y juegos de cartón. “Cuando quisimos hacer peluches, buscamos un fabricante, elegimos la tela, los diseños y supervisamos cada paso de su confección”, contó el emprendedor. La ambición de cuidar cada detalle de la creciente gama de productos al poco tiempo se volvió “una locura”.
Bubba crecía a un buen ritmo pero la innovación en tecnología era difícil de alcanzar. Pronto, los VHS fueron reemplazados por DVDs. “En el momento que lanzamos el proyecto, Musimundo se vendió por 200 millones de dólares por comercializar CDs, casettes y videos. Hoy ese negocio valdría cero y nosotros estábamos metidos en la misma industria”, aclaró Schammah. Si bien tenían varias líneas de productos en funcionamiento, la venta de los audiovisuales representaba la parte más importante de su facturación.
En el 2007, lejos de Buenos Aires, específicamente en Scotts Valley, California otra empresa daba un vuelco importante a diez años de su fundación: Netflix, originalmente un servicio de suscripción de DVDs a domicilio, comenzaba a ofrecer streaming por internet.
Por desgracia, o fortuna, e inevitablemente los videos de Bubba aparecieron en Youtube, gratis por supuesto y on demand. Su expansión en las redes sociales, aunque difícil de monetizar, no hacía más que ratificar la popularidad de Bubba a medida que aumentaban las reproducciones, los likes y los compartidos. S
in escala por las ligas inferiores, en 2013 estrenaron una obra en el teatro Metropolitan, un show de botargas (muñecos grandes) que en dos semanas vendió 30.000 entradas. “Sin saber bien dónde se dirigía el mercado, estrenamos directo en la calle Corrientes”, dijo Schammah. Para el despliegue teatral, se asoció con Tito Loizeau, que entre su amplia experiencia tenía en su historial hacer armado el primer “Barbie store”, un modelo que Mattel exportó a varios países.
Junto a Loizeau, Schammah consolidó el rumbo de Bubba como una empresa productora de contenido infantil, que denominaron kids content company. Invirtieron 400.000 dólares en digitalizar y renovar el diseño de los programas apostando a competir con la misma calidad que los grandes referentes internacionales. Con el nuevo impulso, lograron gestionar el acuerdo de distribución con el líder mundial de los programas infantiles: Disney. Unos años después, figurar en la grilla del canal en todo Latinoamérica permitió el nuevo paso en sintonía con los gustos de los menores, cada vez más versados en tecnología desde los primeros años. Buscaron generar una forma ampliada de televisión y son pioneros en combinarlo con la app, que incluye 49 juegos también disponibles fuera del horario de programación. “La aplicación ofrece el juego que corresponde al episodio de televisión por reconocimiento de audio, cada capítulo tiene una música específica, con una tecnología similar a la que usa Shazam”, dijo Schammah. Tanto el desarrollo de la aplicación, como los otros 80 talentos que participan del armado de la serie de Bubba son argentinos.




