En Necochea, el verano dejó solo 78 mm frente a un promedio de 206 mm; los suelos profundos resistieron, pero en lotes con tosca el estrés hídrico fue crítico
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La campaña 2025/26 en la zona Mar y Sierras estuvo marcada por una combinación muy particular: un invierno muy llovedor que permitió recargar perfiles, dos heladas en octubre y un verano marcadamente seco. Entre junio y noviembre pasado se acumularon alrededor de 470 mm en la zona costera de Necochea. Sin embargo, luego diciembre aportó apenas 27 mm, enero 12 mm y febrero 39 mm, sumando 78 mm frente a un promedio histórico de 206 mm para esos meses. Es decir, una de las sequías estivales más fuertes de los últimos 40 años.
El impacto no fue uniforme. El invierno permitió recargar muy bien los suelos profundos y bien manejados, que luego hicieron uso de esas reservas durante el verano. En cambio, en suelos someros con presencia de tosca la capacidad de almacenaje es mucho menor y el estrés hídrico se manifestó con mayor intensidad, aun habiendo planteado estrategias defensivas como siembras tardías y esquemas variables buscando estabilidad y pisos de rendimiento.
Un factor que jugó parcialmente a favor fue la menor demanda atmosférica, ya que hubo pocos días de temperaturas extremas, reduciendo la evapotranspiración y permitiendo que muchos cultivos soportaran mejor la falta de lluvias.
En campañas con inviernos más secos, el girasol llegó a rendir entre 2,1 y 2,6 t/ha, pero este año, con mejores reservas iniciales, es posible sostener rindes cercanos al promedio histórico en esos ambientes.
Desde el punto de vista sanitario fue un año tranquilo. Se observó roya negra en la mayoría de los lotes, aunque de aparición tardía y sin impacto en rendimiento, y baja incidencia de phomopsis. El cancro, que en otros años puede alcanzar incidencias muy altas, este ciclo se ubicó en niveles bajos.

En lotes sembrados temprano se observó multiflorismo producto de las heladas de fin de octubre, aunque de manera errática y sin mermas aparentes. En suelos someros, en cambio, el girasol muestra pérdidas de potencial más claras.
El maíz temprano inició la campaña afectado por las heladas de octubre, que condicionaron su desarrollo inicial. Posteriormente, atravesó el período crítico de floración bajo un estrés hídrico importante. En suelos profundos logró sostenerse gracias a las reservas acumuladas, aunque con ajustes a la baja en el potencial. En suelos someros el impacto fue mayor. Los ensayos históricos de la subzona Necochea muestran que en suelos profundos las siembras de mediados de octubre rinden en promedio más que las de noviembre, por lo que no parece razonable modificar la estrategia de fechas por un solo año seco.

La soja de segunda es hoy el cultivo más expuesto. En suelos con tosca, si no llueve en el corto plazo, los rindes podrían ubicarse cerca de 1 t/ha. En general, fue un año sanitario muy tranquilo, con escasa necesidad de aplicaciones en lotes bien monitoreados. Algunas sojas de primera requirieron atención por chinches y arañuela, aunque esta última fue menos problemática de lo esperado para un año seco.
La pregunta inevitable es si debemos cambiar el manejo. En términos generales, no. Desde hace años se vienen buscando planteos que compatibilicen altos rindes en campañas favorables con estabilidad en años secos: eficiencia en el uso de recursos, evitar gastos innecesarios y no promover cultivos excesivamente exuberantes. Los cultivos exuberantes, que crecen muy rápido y lucen excelentes, consumen agua tempranamente y llegan al período crítico con menos reservas.
Este año marcaron diferencias claras los lotes que no lograron acumular reservas, ya sea por enmalezamiento previo, demoras en decisiones de manejo, cultivos de cobertura secados tarde o verdeos de invierno que redujeron el agua disponible para la gruesa. También se notó el impacto de la labranza, que implica una pérdida directa cercana a 25 mm de agua, además de mayor temperatura de suelo y liberación inicial de nitrógeno que aceleran el crecimiento, generando cultivos más demandantes en agua.
Desde el punto de vista económico, los márgenes brutos proyectados son inferiores a los esperados, especialmente en campos con arrendamientos altos. A esto se suma el arrastre de una mala cosecha fina por heladas, lo que en varios casos lleva los resultados a valores negativos. En este contexto, cobra aún más importancia la gestión integral de la empresa agropecuaria: planificación, monitoreo permanente, decisiones comerciales oportunas y revisión de los niveles de arrendamiento.
La campaña deja varias enseñanzas. Los perfiles llenos ayudan, pero no alcanzan si el verano se corta. Los suelos profundos y bien manejados muestran mayor resiliencia. El girasol vuelve a demostrar estabilidad en escenarios secos. No parece ser un año para grandes cambios estratégicos, sino para profundizar el uso del conocimiento disponible, monitorear más que nunca y tomar decisiones a tiempo. Y, como siempre, esperar que las lluvias acompañen para que los cultivos tardíos y la soja de segunda puedan recuperar parte del potencial perdido.
Gandini es ingeniero agrónomo, asesor técnico y responsable de producción agrícola de Alea y Cía.
Bilbao es asesor de Agroestudio Viento Sur SRL
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