
En el sur de Santa Fe, una familia de productores hizo de la avicultura una opción rentable en un campo de 23 hectáreas
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LA CALIFORNIA, Santa Fe.- A pocos metros de centenarios eucaliptos que rodean este pequeño paraje ubicado a 170 kilómetros al sur de la capital de esta provincia, en plena pampa húmeda, una familia de productores encontró en la práctica de la avicultura una opción para lograr rentabilidad en una pequeña explotación agropecuaria.
En el término de diez años, la cantidad de pollas para la producción de huevos de gallinas no sólo creció hasta la cifra actual que supera las 16.000 unidades, sino que el establecimiento montó su propia marca. Actualmente, la firma posee decena de bocas de expendio, distribuidas en localidades vecinas, en las que venden sus propios productos.
La actividad fue iniciada por José Ceschini en 1986 cuando optó por no dedicarse más a la venta de bolsas de polietileno y a la reventa de pollos frescos.
Pensando en el campo de sus padres, de apenas 23 hectáreas, comenzó a obtener rentabilidad con la producción de huevos. Hoy cuenta con un sistema moderno que le permite mantener la granja con apenas dos personas y lograr una producción de 1200 docenas por días.
Cuando José trataba de encontrar una salida más rentable a la actividad de vendedor, observó en el campo la posibilidad de armar una granja que pudiera producir para su propia cartera de clientes. Al poco tiempo, le anexó la crianza de pollos que hoy abandonó debido a la entrada de aves desde Brasil.
"Primero comencé vendiendo bolsas de polietileno, a lo que le agregué la venta de pollos. Después le complementé la venta de huevos. A los pocos años comencé a producir ambas cosas en el campo de mi padre", contó Ceschini, tras recordar que en las instalaciones realizó una inversión cercana al medio millón de pesos.
A raíz del ingreso de pollos a precios que él califica de "irrisorios", suspendió la producción porque le conviene comprar y no producir. Da cuenta de ello las vacías e inmejorables instalaciones ubicadas en otra dependencia del establecimiento, situada a la vera de la ruta 34, a pocos kilómetros de la ciudad de Las Rosas.
Con su marca propia -Avícola La Elena- José Ceschini aprovechó los conocimientos de su padre, que realizó la actividad a mediados de la década del 60.
Resulta un contraste interesante comparar las instalaciones montadas en distintos momentos de la historia de la familia, para determinar el progreso tecnológico que tuvo la empresa con el transcurso de los años y a pesar de las interrupciones.
Un sistema automatizado permite que los operarios sólo se ocupen de recolectar los huevos, dos o tres veces al día. El alimento, que también es producido por el establecimiento, es provisto mediante un depósito que se distribuye a los alimentadores, al igual que el agua que se brinda por medio de un sistema de goteo.
La reposición anual de gallinas, en esta granja, tiene un costo de 40.000. "Estamos tratando de producir con el menor costo posible", explicó.
Los secretos de la producción
Las gallinas tienen una vida útil de 16 meses; después de ese slapso no es conveniente tenerlas porque la conversión entre lo que se produce y consume deja de ser rentable.
También la limpieza es otro de los secretos de la actividad, así como el confort y la iluminación, factores que determinan la excelencia.
Una óptima producción requiere de 16 horas de iluminación. Esto significa que en verano casi no se encienden las luces y que en invierno debe hacerse entre 6 y 8 horas por día.
Tampoco no se debe descuidar la humedad relativa del ambiente, que no debe ser superior al 60 por ciento, factor ligado estrechamente a la ventilación, ya que se elimina el exceso de amoníaco y el polvo que se genera en toda explotación avícola.
Cada gallina consume entre 120 y 140 gramos de alimento diario. La rápida venta le evita a Ceschini almacenar la producción en cámaras especiales.
En los últimos años, las empresas industrializadoras de huevos realizaron importantes inversiones e instrumentaron sistemas de aseguramiento de la calidad, según una apreciación realizada por la Subsecretaría de Alimentación y Mercados.
Las exportaciones de huevo industrializado pasaron de 129 toneladas en 1994 a 996 toneladas en 1997 y representaron ingresos por 3,9 millones de dólares. El huevo deshidratado fue el principal producto de venta al exterior.
Por otra parte, el volumen de huevos destinados a la industria aumentó un 200 por ciento en ese período, ya que alcanzó los 538 millones de unidades en 1997.
Una buena alimentación, el sol, una correcta ventilación -sin descuidar el frío- y observaciones rutinarias para detectar enfermedades en las aves, son algunas de las recomendaciones que da el productor Ceschini a quienes pretendan iniciarse en esta variante productiva.
No cabe duda de que la calidad es el factor decisivo en la práctica de la avicultura. La actividad, al igual que otras, requiere de buenos conocimientos, experiencia y una adecuada organización, además de la dedicación que todo productor sabe cultivar en su contacto cotidiano con el campo.





