Rincón gaucho: auténticas piezas de colección para enjaezar caballos

Cojinillo de hilo, catrielero, sobre un recado de lomillo
Cojinillo de hilo, catrielero, sobre un recado de lomillo
Raúl Oscar Finucci
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9 de febrero de 2019  

La investigación y el estudio de las pilchas criollas es sin dudas apasionante. Hay veces que pareciera doler el no poder ponerle fecha a un cuchillo, un poncho o un par de estribos. No olvidemos que la tradición "se nutre de los usos y costumbres populares del pasado", decía Carlos E. Lunardi.

Y son las pilchas un motivo de discusión, y a veces, de charlas amenas simplemente, si cada uno de los interlocutores desea ceder una porción de su verdad. Pero voy más allá, voy al criterio que creo que debe aplicarse para cuando una pilcha pasa a ser una "pieza" de colección que se usa.

Aquellos que concursan, entre los que tengo muchos amigos, miden todo; miden las matras, miden los cojinillos, etc. Piezas auténticas, realizadas en el siglo XIX sin dudas (no sabremos el año, desde ya), pero las miden. En el caso de los cojinillos de hilo, he escuchado preguntar: ¿es para un lomillo?

El lomillo, como sabemos, es el primer asiento del gaucho, luego los bastos de chorizo separados. Estos asientos y sus arreos, forman las categorías que han de concursar, y está bien que así sea; todo dividido por épocas para el arreglo del caballo, el apero y las pilchas del jinete.

Pero no había una india que tejía cojinillos para Lomillos, otra para juegos picazos, bastos de pasadores largos, y demás. Tejían cojinillos de hilo, simplemente. Dudo de que un cacique pidiera una faja o un par de ligas para botas de potro con un tamaño determinado. Tampoco un gaucho.

Podría mencionar varios testimonios de viajeros que coinciden con lo que digo. Habrá quien tenga otros en contrario, que leeré con gusto. Pero solo voy a transcribir a un autor, el más conocido, el más citado, Justo P. Sáenz (h), quien dice sobre el cojinillo en "Equitación gaucha en la pampa y Mesopotamia" (1942): "Por lo general se empleaban los crudos de lanares del país, fueran chilludos o no". Para hacer esta observación: "Dos de ellos, por lo común, mullían el recado".

Prosigue explicando cuáles son las mejores ovejas para tal fin y continúa: "Una prenda complementaria de la anterior y que la industria británica difundió en Buenos Aires fue el cojinillo de hilo, fabricado en Manchester o Birmingham y perfecta imitación de los de pelo de cabra confeccionados en Tucumán?".

Luego cuenta, aclarando lo que parece una confusión pero no lo es, que había de largos flecos hilados, que eran, a principios del siglo XX, cambalacheados por los nietos de los araucanos, en las pulperías por algunos vicios y ropa. Decía: "existen dos tipos, ambos de pelo de cabra o hilo y color negro. El uno cubierto en toda su superficie de largas y parejas hebras torcidas, y el otro, conocido por de mota?". Y el dato: "Llámanlos algunos pampas por ser de idéntica factura a los hilados por los indios del Azul (catrieleros), que hasta 1905 venían en abundancia a las talabarterías la Capital".

Para rematar la discusión de las medidas: "Los cojinillos eran siempre de dimensiones mucho menores que la carona de suela, para comodidad del jinete y a fin de que luciera esta sus labrados o sus incrustaciones de plata o charol. A tal efecto solía dejarse al descubierto un margen de 8 a 16 cm de carona". ¿Queda claro?

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