
Los Leyenda, partícipes del desarrollo de Santa Cruz
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No se trata sólo de preservar el patrimonio familiar, el bien tan querido que constituyen las 33.000 hectáreas de La Maipú, sino también de permitir que este lugar privilegiado, de espléndidos paisajes que abarcan parte del lago San Martín, de Santa Cruz, sean motivo de admiración por gente de distintas partes del mundo.
En La Maipú se practica ganadería ovina Corriedale, y hoy funciona una hostería abierta al turismo. Todo forma parte de una empresa familiar armada con gran esfuerzo y tesón, cuya cabeza es Aureliano Leyenda seguido por sus hijas Susana -ingeniera agrónoma-, y María Inés, decoradora.
"Una historia de vida. Pero también es la historia de todos. Porque son ejemplos de sacrificio y esfuerzo de todo Santa Cruz", comenta Susana Leyenda sobre el desarrollo de este lugar patagónico, todavía poco conocido.
"En La Maipú estamos desde 1944 -relata Aureliano-. La estancia la compró mi padre y en 1948 me casé. Los primeros años fueron muy duros por las dificultades que había para llegar allí debido a la falta de caminos, de puentes para atravesar los ríos formados por los deshielos. Había que acampar al reparo del monte y bajo las matas. Después fuimos haciendo los puestos. Los corrales exigían mucho trabajo porque los materiales había que sacarlos de la zona."
Aureliano cuenta que es patagónico, nacido en Puerto Santa Cruz, igual que María Inés. Susana, que es nueve años menor, nació en Buenos Aires donde vive junto a su esposo y a sus tres hijos, una mujer y dos varones.
"A todos nos gusta el campo -destaca Susana-. Así que cuando tenemos tiempo nos vamos allá a acompañar a papá. Así también surgió la idea de la hostería como alternativa para formar una empresa familiar con la cual sacar a flote el lugar y trabajar de manera conjunta."
Elogio al trabajo
De chico, Aureliano se crió con sus seis hermanos en la estancia Santa Angelita, propiedad de su padre, ubicada a cinco leguas de La Maipú. No deja de emocionarse al recordar los primeros años de sus progenitores en la Argentina.
"Mis padres eran españoles y nunca me va a faltar el gran elogio hacia ellos, porque llegaron a la Patagonia cuando aquello estaba totalmente desamparado. En esos tiempos, los viajes para sacar la mercadería se hacían en carreta y duraban treinta días de marcha hasta Puerto Santa Cruz. Pero no eran mis padres solos, sino toda la gente de la Patagonia", destaca especialmente.
La falta de caminos y otras mejoras no impidieron a los Leyenda educar a sus hijos en las primeras etapas, ya que un maestro iba a la estancia a darles clases. Más tarde vino Aureliano y un hermano a estudiar en el San Carlos Pío Nono donde hizo casi todo el bachillerato. Pero un verano se quedó definitivamente en la Patagonia. Allí su padre le compró La Maipú y él, más tarde, la amplió con 20.000 hectáreas de un campo de veranada y 800 más de otra adquisición. Llegó a tener 11.000 ovejas Corriedale, que es la raza que más se adapta en la zona y, actualmente, hay 7000 animales debido a los problemas que enfrenta la comercialización de la lana.
Rodeo en familia
Cuando está la familia en La Maipú, Aureliano, las hijas y los nietos, salen juntos a rodear a caballo.
"Desde muy chicas íbamos a caballo y hacíamos los rodeos -recuerda Susana-. A veces, papá los hacía por la noche y nosotras muy temprano íbamos abriendo las tranqueras. El tiene mucho aguante físico y después de ocho horas de cabalgata, donde no dábamos más, él seguía viendo alambradas."
En La Maipú no es fácil el manejo. Hay mucho terreno inaccesible y lugares en los que la hacienda no se la deja ir porque se corre el riesgo de perderla. El bosque es tupido con alternancia de pastizales predominantes de coirón, y mallines sembrados con trébol de muy buena calidad para la hacienda.
Padre e hija sienten particular afecto por la naturaleza de La Maipú, por escuchar los sonidos, los pájaros; ver los cóndores, las lagunas cuando se colorean de flamencos y cisnes de cuello negro. Por proteger con especial cuidado el bosque de lengas, ñires y el singular manchón para estas latitudes, de maitenes, que forma un relicto en la península del lago San Martín.
Aureliano extraña mucho cuando viene a Buenos Aires "por pocos días", y si bien el invierno "con los años a uno le cuesta un poquito más", sigue teniendo un gran placer por salir a andar por la escarcha y la nieve. Pero, aclara, el clima ha cambiado mucho en la Patagonia.
"Antes, los inviernos eran más crudos. Eso tiene sus ventajas y desventajas. Porque se dice que en la Patagonia tiene que haber nieve para que después la primavera sea beneficiosa con los campos. Pero yo no soy partidario de eso. Porque si en un invierno caen nevazones como las que mataron tanta hacienda, y después vienen veranos secos y ventosos, toda esa cantidad de nieve se pierde", afirmó.
Por su parte, Susana comentó que cada vez que va a La Maipú sufre terriblemente por tener que volver. "Porque creo que ése es mi lugar en el mundo. Un lugar donde encontrás una paz infinita. Por el trabajo de mi esposo y por la familia, es muy difícil irnos a vivir allá. Pero si existiera una varita mágica, sí que lo haría. Me gusta mucho el Sur."






