
Desde una vieja esquina porteña, esta firma es referente de la confección a medida de pilchas de trabajo y de fiesta
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Hay una esquina de Buenos Aires que delata, en su fachada, muchas décadas de paciente expectación de los cambios de la ciudad y su gente. En el cruce de México y Santiago del Estero, la casa Aux Charpentiers es, además de una edificación muy antigua, un comercio en el que puede rastrearse la evolución de algunos oficios urbanos y rurales. La firma, fundada en 1888, se dedica desde entonces a la confección de ropa de trabajo y de campo. Allí se guardan catálogos y registros de pedidos de prendas que cayeron en desuso y que dan cuenta de la transformación de las costumbres en ramos tan variados como el del tipógrafo, el del joyero y el del peón de estancia.
Juan Robiglio, al frente del negocio, recuerda la época en que los dueños de empresas encargaban los uniformes a medida para sus empleados y con cierto desencanto observa la simplificación actual de los diseños y de las telas. Dice que antes la hechura a medida de la ropa de trabajo no competía con colecciones masivas ni con la importación. Entonces Aux Charpentiers ganó reputación en la metrópoli porteña y en el interior, mediante el envío de catálogos y de muestras de telas.
El hecho es que los hombres de campo encontraron un seguro proveedor de sus pilchas de fajina y de fiesta (tanto para el desfile a caballo como para el casamiento) y las generaciones siguientes mantuvieron el vínculo. Tanto es así que muchos descendientes de familias de tradición ganadera hacen hoy sus encargos por teléfono y los reciben por encomienda.
Si bien en los últimos años se multiplicaron los comercios de ropa de campo y la demanda por parte de la clientela ciudadana aumentó (como consecuencia de una revaloración de los productos de la tierra y de la cultura rural), Aux Charpentiers no sufre la competencia, puesto que ofrece prendas hechas a medida y una variedad de géneros que se renueva cada temporada o bien, que ya no se encuentran en el mercado. De hecho, Robiglio recorre algunas fábricas en busca de piezas originales y antiguas.
El escenario de consumo que ofrece la firma, como dirían quienes analizan tendencias, implica por parte de la clientela una valoración del trabajo artesanal, de la originalidad de la prenda y de la historia productiva sostenida por décadas. En el taller de corte, que funciona allí mismo, puede verse la vieja moldería de las bombachas de gaucho, con tres pinzas, y las clásicas corraleras, que completan el traje. También se pueden encargar las típicas bombachas salteñas, tableadas y con nido de abeja en los costados. Hay, además, ponchos de lana trabajados con tinturas naturales (provenientes de los Valles Calchaquíes), botas altas de cuero, boinas y camisas.
El stock está ajustado a la demanda. No pretenden inundar el mercado con mercadería entregada en concesión a otros comercios ni montar una estructura de exportación. "Preferimos tener vuelo bajo y constante, como la perdiz", dice Robiglio.
Quien visite este local notará que su atmósfera remite a una Buenos Aires con memoria rural, a una época en que la urbanidad convivía aún con los corrales viejos en los que se faenaba la hacienda de consumo y los trabajadores de a caballo eran un punto de contacto con la pampa ganadera. Esa reminiscencia es un imán que atrae a los turistas, sobre todo a los extranjeros, quienes valoran esa estética de comercio tradicional, con antiguas vitrinas y estantes de madera. Ejemplo de ello es una nota de la Revista Hemispheres, de United Airlines, publicada en 1989, en la que se sugería un recorrido de la ciudad por sitios de interés entre los cuales se mencionaba a Aux Charpentiers, el Teatro Colón, Caminito, el Café Tortoni, la Cabaña Las Lilas, los museos Nacional de Bellas Artes, Histórico Nacional y de Arte Hispanoamericano, La Biela y la Galería de arte Ruth Benzacar.
A estas alturas no es difícil notar que el acotado círculo de clientes de esta casa disfruta de cierta exclusividad. Esa es, además de la calidad de la confección, una de las razones por las que siguen fieles a la firma. No hay casamiento que se celebre en el campo, en el que alguien de reconocida prosapia no luzca un traje de Aux Charpentiers que le calza justo.
Esta casa es una de las firmas que contribuye a mantener la tradición en el modo de vestir criollo y promueve, para los clientes urbanos, la ilusión de acercarse al mundo de la producción agropecuaria y a la literatura que inspiraron sus actores.
Para quienes recorren Buenos Aires buscando referencias sobre la Argentina rural, éste es un destino obligado que forma parte de un circuito que incluye también a talabarterías finas, talleres de artesanos, librerías anticuarias, museos, galerías de arte y casas de remates de antigüedades.






