Con metodologías acordes con sus distintas escalas, agricultores del sur santafecino buscan su mejor posicionamiento.
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WHEELWRIGHT, Santa Fe.- Un automóvil visto desde su parte delantera tiene una fisonomía distinta de la que se observa por la parte trasera; no obstante sigue siendo un automóvil. Esta posibilidad de ver las cosas desde ángulos diferentes es la que permite entender a tres productores del corazón maicero-sojero de la pampa húmeda.
Todos pretenden crecer y cada uno enfatiza en diferentes aspectos: el pequeño centra su atención en darle valor agregado a la producción de granos mediante los porcinos; el mediano ajusta su parte comercial con los nuevos mecanismo vigentes y eso le permite realizar inversiones en maquinaria y en instalaciones, y el grande enfoca los modernos aspectos de la administración para actualizar la relación con su personal.
Valor agregado a los granos
Juntos y unidos descubrieron que podían crecer. José Arístide Roulet, de 67 años, que vive en el campo y sus tres hijos Daniel, de 38; Carlos, de 36, y Gerardo, de 31, que residen en el pueblo, configuran un equipo que reúne la experiencia, la fuerza de la juventud y el talento para afrontar riesgos empresariales. A principios de la década del ´90 eran propietarios de unas 100 hectáreas en Wheelwright, en el sur de Santa Fe, las que de tanto "chacareo" convencional rendían cada vez menos. La producción no era rentable.
"Conocí las cosechadoras de trigo tiradas por 40 caballos y sobre este mismo campo mis padres hundían tres rejas tiradas por 8 equinos", comenta don José mirando al piso. "La tierra contaba con una potencialidad tal que permitía obtener 80 quintales de maíz sin utilizar híbridos". En 1993, "motivados por la necesidad" y porque "no había otra salida", asumieron el riesgo de endeudarse para comprar un pedazo de campo de vecino.
Hoy cuentan con 273,5 hectáreas (72 por ciento agrícola, 20 media loma y 8 de cañada) y son capaces de producir anualmente unas 1000 toneladas de granos, 60 de carne de vacuna y unas 70-80 de carne de cerdo.
La opción de los cerdos
Con el volumen de carne porcina obtienen el 25 por ciento de la facturación anual. "El objetivo es añadir valor agregado a nuestros granos por intermedio de los cerdos y realmente lo estamos logrando", comentó Gerardo.
"Contamos con una fábrica casera de balanceados en la que molemos el maíz y eso representa el aporte energético del alimento. Por otra parte, el aporte de fibra lo hacemos con pellets de nuestra propia soja que proviene de la aceitera Tanoni. Con esta forma de trabajar, los costos se reducen en un 20 por ciento frente a una forma convencional y con el maíz comprado", completó.
El alimento se prepara una vez a la semana y eso permite una frescura permanente. "Contando los padrillos, los chanchos y los capones -explica- estimamos una relación de conversión de 4-4,2 kilogramos de alimento balanceado por cada kilogramo de carne porcina. La misma persona que se encarga de moler el alimento y mezclarlo se ocupa del cuidado diario de los cerdos".
En tanto, Daniel sostuvo que trabajan con 6 pistas para 25 animales cada una y la genética se basa sobre madres Landrasce, que son largas y cargan algunos lechones más que las otras razas, Este manejo le permite ingresos brutos superiores al que se obtiene con una producción de cerdos basada en alimento comprado.
La otra pata sobre la que se asienta este negocio es la venta de los animales. "La hacemos tipo gallinero: tomá los huevos, dame la plata", dijo con una generosa sonrisa el jefe de la familia.
Contra entrega de los animales reciben el dinero en efectivo, "no permitimos ningún tipo de cheque, sea éste para el día o posfechado". De esta manera, la relación con los frigoríficos no se deteriora con el tiempo.
No obstante, los Roulet se quejan de la ausencia del mercado de Liniers para cerdos, el que "representaba una orientación muy importante para la fijación de los precios".
Inversiones y manejo
Alvaro Caro es uno de los responsables de la sociedad familiar que maneja la estancia La Martineta (3000 hectáreas) y otros grupos de campos de terceros (1400 hectáreas) en Colón, Buenos Aires. Graduado en administración de empresas y con poco más de 35 años, habla con serenidad y sobriedad: "Estamos pasando de una agricultura tradicional con una rotación de 7 años de agricultura y 5 de praderas a una de mayor incidencia de la agricultura. Hoy produjimos unas 15.000 toneladas anuales de granos".
Alvaro, seguramente por su formación profesional, maneja con ductilidad los aspectos comerciales. "En forma general entregamos nuestro cereal a exportadores como Continental o La Plata Cereal. "Podría decirse que el 50 por ciento de nuestra producción la vendemos con precios por fijar en el futuro y el 30 con opciones, de acuerdo con los vaivenes del mercado. En este sentido y para instrumentar cualquier tipo de decisiones nos mantenemos al día y siguiendo muy de cerca la evolución de los mercados, especialmente los internacionales. Por otra parte, en materia de inversiones contamos con un criterio simple: pensamos en realizarlas sólo en el momento en el que tenemos muy en claro cuales son los objetivos que perseguimos, no antes ni después", concluyó.
Este prolijo manejo empresarial y comercial permite a Caro transitar nuevos caminos: "Entre otras acciones, instrumentamos un programa de modernización en maquinaria agrícola, compramos una sembradora Agrometal TX para poder sembrar maíz y soja a 52 centímetros y dos John Deere, una 710, de grano grueso y una 750, de grano fino. También incorporamos una pulverizadora Metalfor. Apelamos al crédito para adquirir una cosechadora John Deere 9600 con una cuota equivalente a la que le pagábamos a los contratistas. La otra inversión importante la realizamos en la planta de silos de 700 toneladas", comentó Caro.
Reestructuración
"En la actualidad contamos con dos focos de atención, uno es la reestructuración y capacitación del personal. Deseamos que nuestros empleados cobren 1500 pesos mensuales de bolsillo y no los 700 de hoy en día. Por eso los estamos capacitando para que sean capaces de sembrar, fertilizar, aplicar herbicidas y cosechar; en suma, el ciclo total de los cultivos. Nuestros cálculos indican que vamos a poder realizar los trabajos agrícolas y ganaderos en 300 días al año con 7 personas capacitadas, no nos interesa su edad física, sino su capacidad intelectual".
Así se expresó el empresario Carlo Dodi, que aún conserva una parte del acento italiano que trajo de la península hace muchos años.
Tiene una edad mediana y su conversación refleja una sólida formación económica y de gerenciamiento. Se trata del propietario de la estancia Santa Isabel (Saifica), de 6000 hectáreas en Hughes, productora de 3000 hectáreas de granos, que además tiene una carga de 4000 cabezas de hacienda en ciclo completo y un tambo de 1200 vacas en ordeñe que trabaja 22 horas por día (cuenta con 16 más 16 bajadas) en espina de pescado.
"Entendemos que pasó el tiempo de los mayordomos que sabían sembrar, alambrar y recomponer molinos; el campo moderno está basado en la especialización por áreas. Queremos terminar en forma definitiva con la antigua relación patrón-peón de campo. Eso ya pertenece al pasado. ¿El personal ideal? Es el que está casado, que cuenta con una familia que lo acompaña y que tiene muchas ganas de progresar". Este empresario prefiere encarar la relación en términos de "personal asociado" y vincular la remuneración de sus "asociados" con la capacidad de ellos para "generar ganancias" y no sólo "un plus de kilogramos de granos o de carne".
El otro punto sobre el que está trabajando intensamente es en lo que concierne a la agricultura satelital. Compró varias cosechadoras John Deere, a las que les incorporó el instrumental para recolectar datos de rendimientos por metro cuadrado de terreno, si fuera necesario.
"Aún nos quedan varias etapas por cumplir en esta materia, en el fondo debemos realizar un prolijo trabajo de análisis de estos datos para saber qué recomendaciones tomar posteriormente. La agricultura satelital seguramente será una herramienta importantísima en el futuro cercano", completó Dodi.
Angel Palermo
Una fuerte vocación innovadora
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Alberto Marchionni es técnico, productor y propietario del semillero 3-El en Hughes, Santa Fe. Entre la propia producción y con distintas asociaciones trabaja 1000 hectáreas de trigo -soja de segunda, 1000 de maíz y 600 de soja de primera, maíz pisingallo (pochoclo)-, entre otros cultivos menores, todos en siembra directa permanente.
Si bien los antecesores de Alberto se instalaron en la zona en 1898, fue hace sólo 4 años que decidió crear su propia compañía. Una de las características más destacadas de este productor es su fuerte vocación innovadora, lo que le permite incorporar a su producción variadas tecnologías.
"Este año comenzamos a trabajar con el maíz pisingallo en 120 hectáreas con el apoyo de la empresa Ag. Lumni Seed de Romney, Indiana, Estados Unidos. Exportaremos la producción a ese país, aunque para el futuro mediato pensamos darle valor agregado a través de la industrialización aquí en la Argentina. Apuntamos a obtener 75.000 plantas por hectárea en la cosecha, utilizando los mismos fertilizantes y herbicidas que los maíces tradicionales.
-¿Hay que tomar alguna precaución especial para con el maíz pisingallo?
-Efectivamente. Es preferible cosechar con máquinas axiales para no provocar daños que luego impiden la expansión del grano cuando se le aplica calor en la parte de procesamiento. Los híbridos con los que trabajamos en parcelas de ensayos han demostrado una expansión de 40-44 centímetros cúbicos por cada gramo de maíz.
Además, hay que realizar el secado natural de los granos y almacenarlos con 13,6 por ciento de humedad, contamos con una planta con cintas de descarga, norias y retardadores de caída que evitan daños en los granos.
Los nuevos materiales
Marchionni prueba los nuevos materiales que salen al mercado, por ejemplo en materia de trigo: "Además del Klein Cacique con el que ya conocemos, sembramos el Estrella, que tiene menor porte y, por lo tanto, menos rastrojo al final del cultivo, esto facilita la siembra de maíz en directa del año que viene. El Klein Pegasso sale este año y se lo recomienda por su alta producción. Otros productos nuevos son el Buck Arrayán, de ciclo largo, y los ProInta Elite y Real, de ciclos intermedios a cortos y que tienen alta productividad".
A diferencia de otros productores Marchionni es partidario de aplicar rutinariamente fungicidas con el trigo en postemergencia: "Los aplicamos para prevenir las enfermedades de hoja y los resultados indican que en el peor de los casos cubrimos los costos del fungicida con los mayores rendimientos obtenidos. Para el Fusarium trabajamos con el método ideado por el ingeniero Moschini, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Castelar. Este sistema de alarma indica, de acuerdo con las condiciones ambientales, de precipitaciones, de humedad y de temperatura, cuando se registran las mayores posibilidades de infestación de este hongo.
Con un manejo poco frecuente y que le dio excelentes resultados en la campaña logró sortear con éxito el agresivo el Mal de Río IV en sus cultivos de maíz: "A pesar de la extrema sequía, tuvimos una incidencia del 5 por ciento. El manejo lo hacemos con barbechos tempranos de atrazina y Roundup para evitar el desarrollo de gramíneas, que son los hospedantes de la chicharrita, luego sembramos el maíz la primera semana de septiembre. Dada la abundante cobertura del antecesor trigo-soja contamos con buena humedad en el perfil, a pesar de las condiciones extremas de stress. Los mejores rindes los logramos con el Ax-845, con 90 quintales, con una incidencia del Mal de Río IV del 4 por ciento, un quebrado de caña de 7, un vuelco de 2 y una densidad de cosecha de 66.000 plantas por hectárea".
Luego de muchos ensayos propios y de otros técnicos, Marchionni y su equipo detectaron claramente la época en la que el cultivo de maíz sufre el llamdo "hambre de nitrógeno", que se da desde la emergencia hasta la cuarta y quinta hoja. "Para evitarlo pensamos incorporar 150-200 kilogramos de urea unos 10 días antes de la siembra. Por supuesto, en la siembra, aplicamos al costado y por debajo de la semilla 70-80 kilos de fosfato diamónico. En algunos lotes también planeamos incorporar cinc y magnesio como micronutrientes".
El cultivo de la soja también se afianza con las nuevas variedades: "Lo más interesante resulta el hecho que vamos a trabajar con un 80 por ciento de semillas de materiales de los grupos IV y V de soja transgénica. Utilizamos este tipo de soja en lotes que salen de pasturas para controlar alfalfa guacha y gramíneas, aplicamos Roundup Max a razón de 1,10-1,40 kilogramo por hectárea con buenos resultados.
-¿Realizan los trabajos con maquinaria propia o contratada?
-Trabajamos fundamentalmente con maquinaria propia y estamos en plena expansión en este rubro. Contamos con tres tractores, dos Deutz de 120 HP y un Fiat New Holland de 155 HP; dos sembradoras Agrometal TX de 10 surcos a 70 centímetros que se convierte en 12 a 52, una John Deere 750 y un aplicador Metalfor automotriz.






