Cómo hacer brillar al girasol en el sudeste bonaerense

José Gandini
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17 de septiembre de 2016  

Soy responsable de producción técnico-agropecuaria de Alea Soluciones Agrícolas. A la hora de planificar la rotación para 2016/17 en el sudeste bonaerense, el girasol no sólo tiene excelentes posibilidades de obtener uno de los márgenes más altos dentro de los cultivos tradicionales de la zona sino que aporta características productivas muy interesantes dado que es un excelente antecesor para cultivos de fina y también de gruesa.

Al momento de planificar el cultivo de girasol es de suma importancia tener en cuenta las condiciones ambientales predominantes de la zona. La heterogeneidad presente en el sudeste hace que esas condiciones pueden variar entre suelos profundos con condiciones agroclimáticas de alta productividad a ambientes someros con elevadas posibilidades de sufrir estrés calórico e hídrico.

En la elección de híbridos, el factor a tener en cuenta es el potencial de rendimiento, aunque no hay que dejar de lado el comportamiento sanitario acorde a la zona y a la fecha de siembra.

Una de las características intrínsecas más importantes de los híbridos es el potencial de producción de materia grasa, que es afectada, obviamente, por algunos factores climáticos como temperatura, radiación, agua.

Este potencial está asociado positivamente con la radicación y negativamente con la temperatura. Hay materiales en el mercado que poseen 54% de grasa, lo que lo que corresponde a un factor de bonificación de 24% (2% por punto por encima de 42%).

Esto realmente impacta en los resultados económicos si se tiene en cuenta que se va a transportar un 24% más de mercadería sin costo de flete, además del incremento del margen per se.

Otra variable es el manejo de la densidad y fecha de siembra adecuada. El manejo de la densidad de plantas es clave para explorar una óptima relación entre estabilidad y potencial de rendimiento.

También hay que prestar especial atención a los barbechos y los herbicidas residuales que se usan, ya que el girasol es realmente sensible. A todo esto hay que agregar el manejo de plagas en suelo, fertilización, y otros temas de gran importancia a la hora de planificar y buscar eficiencia.

Los semilleros han desarrollado híbridos de gran estabilidad, materia grasa y potencial de rendimiento. El rendimiento promedio de los últimos 5 años es de 2,8 toneladas por hectárea, con un coeficiente de variación de 8 %, dentro del CREA Otamendi, donde los campos se ubican en su mayoría en la zona de Mechongué, Iraizos, y Miramar (Nicolás Tagle, asesor CREA). Esto, sumado a las interesantes perspectivas de precio, hace que en la zona el girasol sea uno de los cultivos con mayor crecimiento en superficies.

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