
La producción y la vida útil de esta especie depende mucho de la acción de los insectos, que producen grandes pérdidas.
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La alfalfa es una de las especies forrajeras más utilizada para la alimentación del ganado destinado a la producción de carne o leche en los sistemas agrícola-ganaderos de la región central de la provincia de Santa Fe.
Según un trabajo del INTA Rafela, la producción y la vida útil de los alfalfares está condicionada por varios factores, entre los cuales los insectos son de fundamentalmente importancia.
Se estima que las pérdidas producidas por los insectos-plagas en este cultivo alcanzan hasta dos cortes de forraje por año, lo que significa una reducción de aproximadamente 4000 kilogramos de forraje seco por hectárea si no son controladas eficientemente.
Una de las formas de atenuar este problemas de una manera más racional y protegiendo a su vez al medio ambiente es mediante el manejo integrado de plagas. Esta es una filosofía de control que tiene como principal objetivo obtener el máximo provecho económico para el productor con un mínimo efecto nocivo sobre la sociedad (alteración del medio ambiente, residuos tóxicos en alimentos etcétera).
Bases
Esta alternativa de control se basa en tres elementos principales:
- El conocimiento de los agroecosistemas
- Los factores de mortalidad natural
Los niveles y umbrales de daño económico de las diferentes plagas, integrando todas las tácticas de control disponibles (cultural, biológico, genético, químico, etcétera).
Dada la necesidad de conocer con la mayor exactitud posible las densidades de las plagas antes de aplicar una técnica de control, especialmente cuano se trata de un insecticida, se requiere una inspección periódica de los lotes mediante técnicas de muestreo.
Las mismas consiste en 10 golpes de red para el caso de las orugas y la obervación de 10 tallos y sus hojas para los pulgones en cinco estaciones de muestreo dentro de cada uno de los lotes que se inspeccionan. Entre plagas que se alimentan de la alfalfa se destacan cuatro grupos de insectos: las orugas defoliadoras (isoca de la alfalfa, isoca medidora e isocas militares), los pulgones, las orugas cortadoras y los gorgojos.
Estudios realizados sobre la evaluación de las pérdidas causadas por las plagas principales permitieron desarrollar los niveles de daño económico que varían de acuerdo a la especie considerada y al estado de desarrollo del cultivo. Para el pulgón manchado se utilizan los mismos niveles que para el pulgón azul. En el caso de las orugas cortadoras la unidad de muestreo es un cuadro de 50 por 50 centímetros, aconsejándose tomar 10 muestras como mínimo en lotes de 20 a 30 hectáreas.
Control
Se sugiere controlar cuando se detecte como mínimo un promedio de 10 a 20 orugas mayores a 1,5 centímetros por cada 10 plantas.
Los cultivos de alfalfa también son reservorios de una gran cantidad y diversidad de enemigos naturales (parasitoides y depredadores) de las plagas. Entre estos insectos benéficos se encuentran diversas especies de avispas, moscas, chinches tucuritas verdes, larvas y adultos de las vaquitas de San Antonio, arañas, etcétera.
Como ejemplo de la acción reguladora de los enemigos naturales podemos citar a una avispa que parasita los huevos de la isoca de la alfalfa y que en determinadas épocas del año alcanza niveles de parasitismo superiores al 90 por ciento.
También es muy importante la acción de las vaquitas de San Antonio los que pueden llegar a comer cerca de 500 pulgones durante su vida como larva. Los entomopatógenos son generalmente considerados dentro de los enemigos naturales como agentes muy importantes de regulación de los insectos plagas de la alfalfa. Se destacan en este grupo a bacterias, virus y hongos cuya incidencia es notoria en determinadas épocas del año.
Por este motivo, es necesario tener en cuenta a los enemigos naturales cuando se toman decisiones de control químico de una plaga. Es conveniente no utilizar insecticidas de amplio espectro que seguramente matarán dicha fauna benéfica.
Existen en el comercio insecticidas biológicos tales como el Bacillus thuringiensis para el control de orugas o selectivos como el Pirimicarb para el control de pulgones que no afectan esta fauna benéfica.
El uso de cultivares resistentes a algunas especialmente a los pulgones también es una alternativa de manejo desde el momento mismo de la implantación de la alfalfa, podemos citar como ejemplos de cultivares con esta característica a Monarca INTA de origen nacional.
Finalmente, la estrategia de manejo de las plagas de alfalfa debe tender hacia la conservación de la fauna benéfica presente en el cultivo. Ello se logra mediante la aplicaión de insecticidas selectivos cuando se exceden los niveles de daño económico sugeridos.
Además, no debe olvidarse el manejo estratégico de los lotes destinándoselos a corte o pastoreo cuando se está próximo a los niveles de daño de la plaga, conocida como técnicas culturales.
La adopción de estas prácticas no solamente trae aparejado beneficios económicos para el productor, con la reducción del número de aplicaciones por hectárea sino también para los agroecosistemas y la salud de la población.




