En enero pasado cayó un 9,9% interanual en pesos constantes y 14,1% medida en dólares; parcial mejora del consumo interno y expectativas por la exportación
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La lechería argentina atraviesa un momento particular: produce más que hace un año, el consumo interno se recuperó parcialmente y los precios internacionales comienzan a rebotar. Sin embargo, el ingreso real del productor cayó, el poder de compra frente a los insumos se deterioró y el crecimiento de la oferta obliga a depender cada vez más del mercado externo para que el negocio cierre.
Los datos más recientes del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (Ocla) muestran que en enero de 2026 la facturación del tambo promedio cayó 9,9% interanual en pesos constantes y 14,1% medida en dólares. Al mismo tiempo, el precio promedio al productor retrocedió 18,7% frente a enero de 2025.
El impacto se refleja en las relaciones insumo-producto. En la relación leche/maíz, el productor pasó de poder adquirir cerca de 2,2 kilos de maíz por litro a menos de 1,8 kilos en los meses más recientes. Lo mismo ocurrió frente a la soja y a los valores de reposición de vaquillonas. De esta manera, el margen se redujo y la capacidad de cobertura de costos es menor que hace un año.
Este deterioro del ingreso se da en un contexto de fuerte crecimiento de la producción. En 2025 la elaboración de leche aumentó cerca de 10% interanual y para 2026 el sector proyecta un incremento adicional de entre 4% y 6%. “Si se compara 2025 contra 2024 el consumo creció, pero la caída que hubo en 2024 fue mayor que la recuperación posterior”, explicó Ércole Felippa, titular del Centro de la Industria Lechera (CIL).

En rigor, el consumo per cápita pasó de 171 a 181 litros equivalentes por habitante por año (+6,3%). Sin embargo, esa mejora no alcanzó para volver a los niveles de 2023. Para equiparar el consumo total de ese año hubieran sido necesarios 2,9 puntos porcentuales adicionales de crecimiento y, en términos per cápita, 4,7 puntos más. Es decir, la comparación interanual 2025/2024 da positiva, pero el mercado interno todavía se ubica por debajo del nivel previo a la caída.
Con una producción que volvió a expandirse este verano, el excedente necesariamente debe canalizarse hacia el exterior. Para el consultor José Quintana, allí está el núcleo del problema. “La producción no para de crecer y el mercado interno no reacciona. Eso termina presionando los precios, sobre todo en productos que funcionan como commodity”, sostuvo.
Explicó que esa presión se siente especialmente en quesos sin marca o de menor diferenciación, donde las empresas no pueden sostener valores por posicionamiento comercial y deben convalidar las bajas del mercado.
La Argentina exporta aproximadamente el 25% de su producción. Si el volumen vuelve a crecer entre 4% y 6% este año, ese excedente deberá colocarse principalmente en el exterior, sostienen en el sector. “El mayor volumen que va a haber sí o sí va a tener que destinarse al mercado exportador porque no lo va a absorber el mercado interno”, señaló Felippa. “Y si no hay una mejora importante en los precios internacionales, eso condiciona el resultado del negocio”.
Durante buena parte del segundo semestre de 2025, la leche en polvo entera —principal producto exportado por el país— cayó desde valores de 3600–3800 dólares por tonelada a niveles de 3000–3200 dólares, producto de un aumento de la oferta en Europa, Estados Unidos y Nueva Zelanda. Quintana agregó que los valores de exportación de comienzos de año tampoco ofrecieron alivio. Según cifras extraoficiales de enero, el precio promedio de la leche en polvo entera rondó los US$3360–3400 por tonelada. “A esos valores ya ni siquiera la exportación gana plata”, señaló. Esos embarques reflejan contratos firmados entre octubre y noviembre, cuando el mercado internacional atravesaba un bache por el fuerte crecimiento de la oferta global.

En tanto, en las últimas semanas comenzaron a aparecer señales de recuperación. En las subastas del Global Dairy Trade se registraron varias subas consecutivas y la leche en polvo volvió a ubicarse por encima de los 3600 dólares por tonelada. “Hace un mes parecía que no encontraba piso y ahora se está recuperando. Eso va a ayudar a descomprimir la situación”, sostuvo Felippa.
Para Alejandro Sammartino, el balance lácteo de 2026 empieza a acomodarse, aunque lentamente. A su juicio, la inercia productiva sigue siendo fuerte incluso frente a señales de debilidad en precios. Esa combinación —más oferta y recuperación gradual de la demanda— hace que el ajuste se traslade primero a los precios y a los márgenes antes que al volumen. En este contexto, con una macroeconomía más estabilizada que en años anteriores, empiezan a quedar en evidencia problemas estructurales.
“Cuando baja el agua quedan al descubierto muchas ineficiencias de la cadena. Ningún mercado va a pagar un sobreprecio para cubrir nuestras deficiencias”, afirmó Felippa.
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