Créditos: ¿puede funcionar un banco de desarrollo?

Fernando Aftalion (H)
Fernando Aftalion (H) PARA LA NACION
El financiamiento, un elemento clave
El financiamiento, un elemento clave
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18 de septiembre de 2019  • 11:04

Si en los primeros meses del nuevo Gobierno no se genera un shock de confianza para inyectar financiamiento de largo plazo, bajar las tasas de interés de corto plazo, reducir la presión impositiva -de las más altas del mundo- y revertir el marco recesivo, la crisis del sector productivo y el drama social del desempleo entrará en un tobogán peligroso. Mientras tanto, ¿puede la banca estatal amortiguar el ahogo financiero de las empresas?

El caso Brasil

En países con financiamiento de largo plazo limitado, la banca de desarrollo local e internacional es quien fondea proyectos a largo plazo y responde como banca anticílica durante las crisis.

En Brasil, el Bndes (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), quien otorga más préstamos que el Banco Mundial en todo el mundo, cuadriplicó su cartera entre el 2007 y el 2015 para contrarrestar la crisis financiera del 2008 y potenciar al sector productivo.

Los préstamos del Bndes, que alcanzan el 20% del crédito a nivel país, son a tasa subsidiada y funcionan además como un contrapeso, ya que sólo tres bancos privados controlan el 70% del crédito no estatal. Si bien el Bndes es clave para las empresas, la reciente investigación por fraude y corrupción al beneficiar a grupos empresarios, está impulsando al Gobierno a tomar medidas para que también los bancos privados impulsen el crédito a largo plazo.

En la Argentina

Los buenos inicios del Banade (Banco Nacional de Desarrollo), creado en los 70 para financiar a largo plazo proyectos productivos, terminó envuelto en escándalos de corrupción por beneficiar a grandes grupos económicos y finalmente cerró en 1993.

Más cerca en el tiempo, los préstamos del Bicentenario de largo plazo a tasa subsidiada mostraron una vez más el lobby de los grupos empresarios, ya que en 2011, de 97 empresas, el 38% obtuvo el 83% de los préstamos.

Ante la ausencia de un banco de desarrollo, el Nación, Provincia, Ciudad y BICE intentan emularlo pero con un resultado imperfecto y dispar: la presencia con casi 700 sucursales del BNA en todo el país choca con su burocracia, el apoyo del Bapro o Ciudad se focaliza en sus jurisdicciones y el BICE, como banco de segundo piso, tiene limitado poder de fuego por su tamaño.

Pero la mayor limitación para responder como banca anticíclica, es su falta de independencia por ser entidades cuasi-soberanas, sufriendo similares sofocones de liquidez que los gobierno de turno y a lo que se suma una baja capitalización respecto a sus pares regionales.

Una manera de obtener financiamiento en dólares del exterior a plazos y tasas competitivas es mitigando el riesgo país. Siendo el sector agropecuario un generador de divisas, la banca estatal podría emitir bonos u otros productos estructurados garantizados con el flujo de exportaciones, bajo el paraguas de la banca multilateral o seguros de crédito.

También se podría aumentar el fondeo para el agro con partidas de la Anses, un porcentaje de los encajes o de las mismas retenciones.

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