
Para provocar la lluvia, algunos nativos de la zona de Catamarca y San Luis recurrían antiguamente a un sapo, al que colgaban de la rama de un árbol y se sentaban a esperar la lluvia.
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Para provocar la lluvia, algunos nativos de la zona de Catamarca y San Luis recurrían antiguamente a un sapo, al que colgaban de la rama de un árbol y se sentaban a esperar la lluvia.
Otros, como los antiguos pobladores de Entre Ríos, estaqueaban a un indefenso batracio similar pretendiendo con semejante "achuría" atraer la esperada llovizna.
Los primitivos pobladores de Corrientes imitaban el mismo ritual, colocando el animalito panza arriba y aseguraban que tarde o temprano el agua se haría presente.
Con la llegada de los misioneros, los viejos ritos nativos para atraer el agua fueron desplazados por las oraciones dirigidas a determinados santos milagrosos, acompañadas por procesiones y celebración de misas con cantos alusivos como, por ejemplo, los dedicados a Santa Bárbara. También era invocada para librarse del rayo y la centella.
Llueve cuando...
Gran parte de esta mitología ha sido transmitida oralmente de generación en generación. Una de las tantas que aún siguen girando por nuestro país, puntualmente en la zona de Misiones, hace referencia a que "cuando el cuervo se pone sobre la rama de un árbol determinado, anuncia lluvia. Y los cazadores no atacan al ave, porque el arma quedaría húmeda para siempre".
Es popularmente aceptado entre los bonaerenses que no debe destruirse la casa del hornero. Antiguamente se creía que ese acto podía provocar fuertes y devastadoras tormentas.
En nuestros días se sigue afirmando en el campo que cuando un perro se revuelca con las patas en alto, anuncia lluvia. O que si el gato pasa su pata detrás de la oreja, llueve. También creen algunos lugareños de las serranías que cuando llueve y truena en el cerro, anda por ahí un extraño.
Un gran arsenal de claves meteorológicas rodea el estado del tiempo asociado con la actitud de algunos animales: lloverá si salen las víboras de sus cuevas, cuando silba la perdiz, la cigŸeña se posa sobre el alambrado y el chajá, sobre el techo de una casa.
Se dice también que cuando llueve con sol "se casa una vieja", o es que "el diablo le está pegando a su mujer". Graciosamente se utilizaba como sinónimo de lluvia el momento en que se realizaba la limpieza de los pisos del cielo.
Entre las creencias de principios de siglo en el campo argentino existía la de que "si el día del casamiento de una pareja llueve, es porque alguno ha comido en la fuente, en vez de comer en el plato".
Si, en cambio, se deseaba que dejara de llover, las hechiceras aconsejaban dejar un plato blanco bajo la lluvia. Asimismo, podía evitarse un chaparrón obligando a una persona nacida en un mes de invierno a que soplara al cielo; y, a la inversa, para que lloviese, debía soplar al cielo una persona nacida en un mes de verano.
Otra técnica utilizada para evitar la caída de granizo, bastante difundida en la Mesopotamia, tenía que ver con el trazado de una cruz de ceniza en el medio del patio de la casa, mientras se rezaba un credo, tres padrenuestros y, por fin, un credo cantado. Esta operación se realizaba hasta que el granizo se alejaba.





