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Si usted tuvo la audacia de contestar "bien" cuando alguien le preguntó ¿qué tal, cómo te va?, seguramente ha recibido alguna broma de parte de su interlocutor. Si osó contestar muy bien, seguramente generó un interrogatorio que lo llevó a explicar minuciosamente los motivos de una respuesta tan poco común en estos tiempos.
Con distintos matices, quienquiera que observe ligeramente nuestra realidad hoy advierte cuál es el estado de ánimo de la gente. Preocupación, desánimo, "bajoneo", rabia, impotencia, depresión, etcétera, son moneda corriente. Y tal vez con mayor intensidad en la gente del campo. Comentábamos esta situación días pasados con Pablo Bonfanti, un veterinario de 9 de Julio a quien conozco desde hace años, y él me contaba que un amigo, cada vez que llama a alguien para invitarlo a una reunión, le dice a modo de advertencia: "Vení llorado". Este pedido que encierra una chispeante dosis de humor resulta sin duda un buen fresco de nuestra realidad.
Un deporte nacional
El lamento se ha convertido en una especie de deporte nacional. Cada uno cuenta su problema y en la medida en que hay audiencia se entra en un contrapunto en el que cada uno aporta lo suyo. Es algo así como un campeonato del "bajón". El pedido "vení llorado", mucho más serio de lo que uno piensa cuando lo oye por primera vez, apunta a desalentar a los pesimistas. Es como un cartel que advierte: "Pálidas afuera".
Al campo, y a todos los que tenemos que ver con él, nos sobran motivos para sufrir la situación: impuestos altos, precios de los productos en creciente baja, insumos caros, mucha mano de obra desocupada, más los accidentes climáticos de siempre, son parte de los ingredientes que dan desánimo en el sector.
Pero una cosa es ser consciente de la situación y analizar caminos para ver cómo se sale y otra muy diferente es estar en un círculo vicioso, relatando calamidades que afectan el país, el sector y a uno mismo buscando que la audiencia se conduela de quien las padece.
Esta última es una actitud inconducente. El pesimista contagia a los demás y termina siendo dejado de lado para evitarlo. Se evita al quejoso.
El pesimismo se transmite a través de la cadena de mandos con alta velocidad. Del dueño del campo al mayordomo, de éste a los encargados de sección y de éstos a los puesteros, tractoristas, etcétera, y esto puede tener consecuencias nefastas para la empresa.
Siempre se sale
De las situaciones más difíciles se sale. Cuando estábamos al borde de la guerra con nuestros vecinos, sonaba a risa la frase del mediador diciendo "se ve una lucecita". Y se hizo la luz.
Uno siempre tiende a pensar que los problemas que sufre son los peores y no siempre es así.
No los vamos a solucionar con pesimismo, quejándonos, pero podemos mitigarlos buscando caminos entre los que hacemos lo mismo, con creatividad y sensatez.
Siempre termino pensando en un amigo que desde su silla de ruedas jamás perdió su optimismo. A sus problemas, que eran problemas en serio, les buscaba solución. Terminó manejando la computadora con la voz y dándonos a todos una lección de vida ejemplar.
Que la situación que vive el sector y su gente no nos impida disfrutar de las cosas buenas que tenemos al lado. Usted me entiende. Son las que no se compran con dinero y son muchas. Esto es lo trascendente.
"No sentirse vencido ni aun vencido", como dice Almafuerte. Cambiar el llanto por una sonrisa no es una utopía. Todos tenemos problemas, y muchos. Pero tenemos más motivos para disfrutar de la vida. A pesar de todo.
El autor es director de AgroStaff-Recursos Humanos para el agro.





