
Hasta hace unos años eran incluidas como un complemento de otros espectáculos; hoy son el centro de atracción
1 minuto de lectura'
CASTELLI.- Resabios de antiquísimas prácticas morunas, llegadas a través de las influencias españolas y arraigadas en los campos americanos, se hallan aún vigentes en prácticas gauchescas actuales. Son las pruebas de riendas, que se han convertido en un verdadero espectáculo.
Para comprobarlo, basta acercarse a cualquiera de las numerosas fiestas que, con los caballos como protagonistas, se realizan cada domingo en buena parte de nuestra llanura. Proliferan por estos días las pruebas de riendas o carreras de tambores que, además de convocar a multitudes, lanzan a la pista a una variada cantidad de jinetes. Cada uno, en conjunto con su caballo, trata de eliminar a su ocasional rival en las sucesivas etapas de la prueba, hasta llegar a la final.
Carlos Islas es madariaguense, fue jinete durante años y sus actividades han estado íntegramente dedicadas a los caballos. Desde administrar los palenques en los médanos de Pinamar hasta manejar los reservados con los que concurre a las jineteadas, pasando por numerosos animales amansados; todo ha girado en torno a las distintas variantes y modalidades de las prácticas ecuestres. "Las pruebas de riendas aseguran un éxito en los números de las fiestas, porque por cada participante concurren familiares y amigos que se sienten parte de la competencia, ya que el hombre galopa al caballo, pero después se va a trabajar y son la esposa o sus hijos los que lo atienden", explica este hombre que, como corolario de su trayectoria con los equinos, hace algo mas de cuatro años organizó la primera Fiesta de El Talar, en la estancia homónima de General Madariaga.
En su momento, esta disciplina fue un aditamento más en el programa de cualquier fiesta, pero la posibilidad de que sólo con el dinero de las inscripciones se pudiera montar un buen espectáculo, hizo que cada vez se le diera más preponderancia, hasta que se popularizaron. "El auge de estas pruebas comienza con nuestra fiesta, en la que participaron algo más de cien animales; hoy, diría que esta modalidad se practica en todo el país", dice Islas. Y agrega: "Hace tres años que viene gente de Casbas, un pueblo a 100 km de Trenque Lauquen. Se entusiasmaron y decidieron organizar ellos también una prueba. Yo pensé que no iba a resultar porque esa es toda zona de chacras y les iba a costar conseguir caballos. Sin embargo, el primer año reunieron cincuenta, el segundo ochenta y este año, ciento cincuenta".
Las modalidades de estas singulares competencias se clasifican en caballos mansos libres, caballos mansos no ganadores -de pruebas similares-, y redomones de hasta 30, 45 o 60 días de doma. Una vez que el organizador certifica que el animal no ha sido montado nunca, comienza la tarea del domador para lograr que en el plazo estipulado ese caballo pueda correr entre tambores dibujando zig-zag de ida y vuelta y finalmente realizar una atropellada hasta la raya donde debe sujetar en forma total, y en algunos casos, "llamado en las riendas", retroceder algunos metros.
"En la jineteada se ve la lucha del hombre contra el caballo, en cambio en la prueba de riendas el domador trata que el caballo sea su amigo y aprenda todo lo que debe hacer en una pista", diferencia Jorge Segovia, de 38 años, que desde los 11 doma caballos y que llegó a ser finalista en la primera Fiesta del Talar en Madariaga, en 2000.
Muchas fiestas gauchas, que antes se hacían sólo con jineteada como espectáculo, ahora han agregado la prueba de riendas y congregan el doble de público, "porque la gente no puede creer que en sesenta días un potro quede convertido en un caballo de tanta docilidad". Sucede que es tan mentada dentro y fuera de nuestras fronteras la extraordinaria virtud de los caballos argentinos para la adaptación a prácticas competitivas, como la destreza de los gauchos para domarlos y en poco tiempo lograr de un potro de cierto pedigree un ejemplar de alto rendimiento.
Fácil de organizar
Por otra parte, desde el punto de vista del organizador, se trata de un espectáculo que se paga solo, porque las inscripciones se cobran por adelantado y se destinan a los premios y a otros gastos, a diferencia de la jineteada en la que hay que alquilar el caballo, costear los demás gastos y esperar lo que se recauda con las entradas el mismo día de la fiesta.
Esa no es la única diferencia entre ambas disciplinas. "Esto no tiene ningún punto de comparación con las jineteadas, porque acá nosotros tenemos que entrar con el "potro crudo" de doma de fija (doma de boca) y tenemos que trabajar entre 20 y 60 días con él. Acá hay que tratar de que no corcovee y, una vez que se logró eso, que aprenda los movimientos. Es todo un trabajo delicado", afirma Julio Mariano, que durante muchos años participó en jineteadas y hoy está entregado con toda pasión a estas destrezas. Y coincide con Segovia: "En las jineteadas sólo tenés que estar entrenado vos y tratar de que el caballo no te tire".
En cuanto al desarrollo que han tenido estos espectáculos en los últimos años, Mariano asevera que "hace bastante que se hacen pruebas de potro en el país, pero la gran explosión se produce de cinco años a esta parte". Y explica que eso se debe a que la fiesta es prácticamente gratis para los organizadores, en lo que respecta a costos básicos de infraestructura, ya que el único gasto que tiene es la salida a revisar los potros por toda la provincia. "Nosotros, vamos a la fiesta, pagamos la inscripción y llevamos gente, porque va toda la familia y los amigos. Esa es una fija", concluye.
Al igual que Mariano y Segovia, son muchos los domadores entusiasmados con estas pruebas. Verdaderos centauros, que establecen una relación simbiótica con sus montados.
En la Fiesta del Talar, la de mayor convocatoria, este año hubo, solamente de General Madariaga, 190 inscriptos. Muchos de estos son chicos que nunca amansaron un potro o tienen muy poca experiencia. Para ellos, todo el orgullo es llegar montado en el caballo y pasar en el desfile. Ya saben que tienen muy pocas posibilidades de ganar ante gente más experimentada.
Según el organizador, en estas fiestas no se ha dado que el mismo domador gane dos veces, "aunque sí ha ocurrido que un año salga primero y, el otro, segundo". En general, entre los primeros veinte hay gente que tiene grandes condiciones para la doma.
Pero, a veces, algunos novatos logran romper la hegemonía de los más avezados. Ese es el caso de José Luis Diez, que viajó durante cuatro horas desde Bolívar hasta General Madariaga a la Fiesta del Talar y llegó con más curiosidad que expectativas de triunfo. Era su tercera participación en estas competencias, lo que significaba ser casi un novicio, al lado de buena parte de los que serían de la partida. "Había oído hablar de un gran encuentro que se realizaba aquí -recordaba Diez, al día siguiente de realizada la prueba que le tocó ganar-, y pensé que me iba a quedar muy grande, pero el mismo amigo que me pasó el dato, me alentó y consiguió que me revisaran el caballo e hicieran un montón de kilómetros por alguien tan nuevo en ésto."
Pero así como Diez desmitificó un poco aquello de que la experiencia es decisiva en el resultado, su animal lo hizo en relación con su raza. "Chica Tos" (la yegua que utilizó) parece salida de una página especializada de turf. Y, en parte, es cierto; la yegua es una pura sangre de carrera de dos años criada en el Haras ARG del partido de Salliqueló.
Diez tiene la estructura física de un jockey, y con poco más de 50 kilogramos le da mucho más posibilidades a su cabalgadura de maniobrar entre los tambores que las que tienen los animales a los que les toca en suerte un domador de setenta u ochenta kilos (que son la mayoría).
Pero no sólo eso cuenta, también la pericia del domador y jinete son determinantes. Diez coincide con Carlos Islas en que "es decisiva la inteligencia de un caballo ya que si éste no entiende como es la prueba, es casi inútil hacerlo participar".
Tiempo e inversión
Diez es nuevo en las pruebas, pero conoce de caballos. Amansa para polo, tiene tropilla de criollos y también trabaja con animales pura sangre. "Al estar en algo propio, puedo montar al animal tres veces por día. Otra gente no puede por razones de trabajo y ese tiempo que se pierde en el adiestramiento es irrecuperable."
Si para los organizadores el esfuerzo económico que requieren estas pruebas es mínimo (comparado con el de las jineteadas), para los domadores, la situación es inversa.
Para pensar en competir seriamente se necesita disponer de ciertos medios económicos, que en la mayoría de los casos no tendrán retorno. A diferencia de las jineteadas, en las que los jinetes para participar no necesitan más que hacerse presentes en la fiesta, en las pruebas de riendas hay que costear el flete del animal, que generalmente es trasladado en trailer remolcado por camionetas (o en camiones, cuando se unen varios participantes de una misma zona).
A todo ésto hay que sumarles el valor del potro -que varía según las razas, las edades y el estado-, la cuota de inscripción en la prueba, la atención veterinaria, los gastos sanitarios, el mantenimiento y la alimentación, que en épocas de competencia requiere de suplementación.
Además de todas estas erogaciones, es necesario contar con algún campo donde alojarlo, los boxes y la pista de práctica.
"Yo esto lo hago más como un hobby que como un negocio. Y lo puedo sostener porque tengo otro trabajo, si no, se haría muy dificil, porque hay pruebas en las que quedás afuera de todos los premios y perdés plata", relata Mariano, que se dedica, además, a la venta de ropa de cuero.
"Uno lo hace por gusto, pero si se gana algún premio, al menos se puede costear la participación en otras pruebas", confiesa Segovia.
Claro que no siempre todo es pérdida, porque finalizada la prueba queda un animal que vale mucho más y que, si su rendimiento fue destacado puede llegar a duplicar y hasta triplicar su valor de venta. "Muchos de estos animales hasta hace algunos años se vendían a los frigoríficos para faena y ahora, debido a las pruebas, se convierten en caballos de andar, de polo o de equitación", destaca Islas.
A pesar de los costos y el esfuerzo, la pasión no se apaga. Algunos fines de semana, el andar de esta gente es frenético. Entre octubre y noviembre, se realizaron pruebas en General Conesa, Lezama, Chascomús, General Madariaga, Dolores, Las Flores y General Guido, por citar algunas. Dentro de éste circuito, Martín Pi-sani fue séptimo en Dolores y al día siguiente ganador en Las Flores; Rodolfo Godoy alcanzó un buen puesto en General Madariaga y fue cuarto en Las Flores; y Rolo Mc Donnal fue octavo en General Madariaga y segundo en Las Flores.
Cada temporada el esquema se repite con un caballo distinto. Durante la semana, la disciplina de hombre y caballo y la consiguiente incertidumbre de lo que vendrá, rogando que no existan lesiones ni otras complicaciones, es una constante en el entorno de estos noveles equipos. El fin de semana, una camioneta, y un trailer los transportará junto a un meditado equipo de campaña a vivir las alternativas de una prueba más, en los campos de la llanura.
La princesa rubia del espectáculo
Causa admiración. Estas pruebas rudas y nacidas de un oficio propio de los hombres tienen a su princesa. Rubia, de ojos claros y mirada sonriente, Virginia Leclerc es una de las tantas muchachas descendientes de inmigrantes europeos que llegaron a estas latitudes, se asimilaron a las costumbres regionales y hoy les disputan el prestigio a los paisanos en destrezas casi exclusivas de éstos. Virginia interviene en pruebas de caballos mansos y, siempre compitiendo con hombres, ha ganado un buen número de pruebas, entre las que se cuentan Las Tortugas, dos veces en Lezama y la más reciente en Manantiales (Chascomús), donde le tocó un final muy especial. "Tuve que competir con Martín Pisani, mi esposo", dice sonriente. Y aclara: "Yo no soy del campo, pero siempre me gustó, y como me casé con Martín, que se dedica a esto, empecé a participar con él y a acompañarlo. Yo tengo mi propio caballo, que se llama Ratón y es de pelaje zaino, pero con Martín tuvimos un caballo fantástico que se llamaba Siete de Oro y obtuvo 26 premios".
En una prueba que se realiza cerca de Manuel J. Cobo, espera su turno para correr con su caballo entre los tambores, en un desafío frente a una moto y a un karting. Todos la reconocen. Es la princesa rubia de las pruebas de riendas.
Apostillas / Detalles de las fiestas
- Riesgos. En determinado momento se desprende la rienda de uno de los competidores y el caballo casi sin control va a dar al alambrado perimetral, donde un veedor lo toma del fiador y evita la disparada. Lo que parecía ser un triunfo tranquilo, por la diferencia que llevaba sobre sus contrincantes, se convierte en un premio menor. Este es uno de los imponderables que tienen las pruebas. Pero a diferencia de las jineteadas aquí casi no existen accidentes y los riesgos son producto de percances menores que a lo sumo terminan en un revolcón.
- Premios. En la Fiesta de El Talar el premio es muy jugoso: un Chevrolet Corsa 0 kilómetro y 10.000 pesos que se reparten entre los primeros diez clasificados. Sin embargo, son centenares los que vuelven a casa con la ilusión marchita. "El tema de los premios es un poco injusto -dice el organizador-, porque hay uno que se lleva el premio grande, otros 10 que justifican con lo que ganan el hecho de haber entrado y los demás no consiguen nada. Afortunadamente la prueba sirve de vidriera para que muchos domadores vendan los caballos. Se han vendido estos años animales para polo o para otros deportes ecuestres en muy buenas cifras."
- Reglas. A pesar de que las reglas son comunes en toda la zona, suelen existir diferencias sutiles, algunas de ellas orientadas a facilitar la tarea de los veedores de la competencia. En lo que se refiere a la diagramación de la prueba en sí, se esquivan los tambores, se hace una atropellada final y luego hay que sujetar. "Nosotros consideramos que cuanto más sencillo es, más fácil resulta controlar la prueba. Marcamos una línea de llegada y otra a veinte metros, y los participantes tienen que parar entre esas líneas sin girar y sin volcarlo hacia los costados", explicó Islas
- Razas. En cuanto a las razas de los animales, últimamente se utiliza mucho el caballo cruzado, aunque hay quienes eligen el pura sangre de carrera (como el ganador de la Fiesta de El Talar, José Luis Diez). Para Islas, la mejor cruza es con un padre pura sangre y una yegua criolla, porque no es un animal tan nervioso, toma la velocidad y el vigor del pura sangre y la serenidad del criollo. "También el árabe o el cuarto de milla son elegidos por los domadores, y en menor medida el criollo puro, porque si bien es dócil para amansarlo le falta velocidad para la atropellada final."
- Día del domador. Carlos Islas no pretende agrandar su fiesta, considerada una precursora en estas lides, pero tiene una aspiración: "Quiero que se fije en octubre el día nacional del domador, porque considero que todos los que utilizan un caballo, desde un chico que va montado al colegio hasta los médicos que llegan a lugares inaccesibles a lomo de un caballo manso, entre tantos otros, lo hacen gracias a que alguien se tomó el trabajo de domar y amansar al animal. El domador merece su día".
1- 2
El precio más alto en casi dos años: la soja vive una jornada muy volátil por la guerra en Medio Oriente
3Mensaje: Kicillof le metió presión al Gobierno por las retenciones y expresó que el libre mercado “pasó de moda en el mundo”
4Proponen eliminar las retenciones y bajar la presión impositiva para incorporar más tecnología en los cultivos



