
La provincia faena más de la mitad de los pollos producidos en el país y exporta siete de cada diez aves. Testimonios de los protagonistas de un negocio estratégico para la región
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PARANA.- En 45 días, un pollo consume 6 kilos de granos y entrega, a cambio, casi 3 kilos de carne. Para devolver un huevo, una gallina come 110 gramos por día. En estas conversiones se funda una floreciente actividad agroindustrial que echó alas en Entre Ríos.
Producción agraria, fábricas de alimento, incubadoras, criaderos, laboratorios, frigoríficos, son algunos de los rubros involucrados en la avicultura. Plantas de empaque, transporte para aquí y para allá; fábricas de jaulas, tinglados, comederos y bebederos? Es inagotable la variedad de rubros que el complejo avícola dinamiza, para multiplicar por seis, y hasta por diez a veces, el valor de la materia prima, el maíz y la soja, que de otro modo se van a granel en barcazas.
Los números no dicen todo. Para comprender el fenómeno avícola hay que ver al granjero Guillermo Santa Cruz, cómo cuida del pollito, qué método usa para seducirlo con la primera gota de agua que inicia su veloz crecimiento. Hay que conversar con Jorge Vicari para conocer los vericuetos del sistema desde que la gallina pone el huevo hasta que el pollo llega a la mesa, o con el productor Arnoldo Fontana, que aprovecha cada grano, cada centímetro de tierra, con una eficacia no usual en estas ondulaciones. El avicultor es un hombre inquieto, lleno de inventiva, multifacético y de poner los huevos en distintas canastas. Aunque está mal decir "un hombre", cuando hay sobrados casos de mujeres que acompañan en la granja, si no están al frente.
En la Argentina, particularmente en Entre Ríos, la cría de pollos y los ovoproductos no hacen sino crecer, en particular desde la devaluación en 2002, sostenidos en el mercado interno, pero con un fuerte avance de la porción dirigida al mercado externo, que hasta 2001 alcanzaba al 6% de las faenas de pollo y hoy treparía al 30 por ciento.
La aparición de influenza en países orientales obligó a algunos mercados a abastecerse de otros oferentes, y esto coincidió con el momento de expansión de la avicultura local, una feliz coincidencia que los empresarios no ocultan.
El desarrollo provocó resultados admirables. "Cuando se trajo el primer pollo parrillero demorábamos 90 días para sacar 3 kilos, eso en el año 68. Hoy, a los 45 días sacamos un macho de 3 kilos", dice Gerardo Santiago Eichorn, un puntal de la industria en Crespo, 40 kilómetros al sudeste de Paraná, que industrializa el producido de 250 galpones integrados.
Los hermanos Eichorn fueron pioneros de la avicultura en los años 40. Hace tres lustros habilitaron un frigorífico capaz de faenar 100 pollos por minuto y 50.000 en una jornada. La planta consume en 8 horas las aves criadas durante 45 días en 5 galpones y ocupa a 188 empleados entre las granjas, el frigorífico y los camiones.
La generación de fuentes de trabajo es una de las virtudes de la avicultura, dice Eichorn, al convertir los granos en carne. "Un pollo de 3 kilos consumió 6 kilos de alimento balanceado." Después, el granjero Guillermo Santa Cruz dirá, cerca de Villa Urquiza, al norte de Paraná, que en su criadero logró pollos de 3 kilos con 5 kilos y medio de balanceado, toda una proeza, y hay que creerle, porque el hombre sabe: se nota en sus aves, que derrochan salud.
Un pollo a los 4 vientos
"Tuvimos una notable incorporación de mercados nuevos en los últimos meses; hoy están buscando nuestra mercadería, porque algunos ya la conocen", comenta Guillermo Dabrieu, presidente del frigorífico Fepasa, al norte de Concepción del Uruguay.
"En la Comunidad Europea se empezaron a tomar clientes con otro perfil, elaboradores de comida preparada, por ejemplo, empresas de catering; se han tocado muchos mercados: Medio Oriente, el sudeste asiático, Africa. Nosotros fuimos los primeros en ingresar en septiembre del año pasado en Japón con embarques mensuales", apunta.
En la Argentina un comerciante del Noroeste o del centro pide pollos chicos de dos kilos y medio o menos, como los de exportación, mientras que en Buenos Aires se requieren pollos de casi tres kilos. La demanda externa es aún más exigente. Así, cada cual se queda con una parte. "Japón es tomador de carne de pata y muslo, todo deshuesado con especificaciones muy estrictas; Europa busca más la pechuga. Las garras se siguen vendiendo a China, Hong Kong, y han aparecido mercados nuevos, algo de Sudáfrica, que pide el pie entero, la garra con todo el hueso. Cuando empezamos teníamos como objetivo colocar pechugas en Europa; hoy enviamos todas las partes a distintos destinos, y también el pollo entero. Esto le ha dado al negocio una permanencia, hay una fidelización del cliente", sostiene Dabrieu.
La realidad favorable permite emprendimientos que parecían lejanos tiempo atrás. El frigorífico Las Camelias, de los hermanos Marsó, creó por caso un sistema de garantías recíprocas con sectores que participan del complejo avícola en procura de financiación accesible para inversiones.
"Lo más importante es la cadena. Tenemos un producto primario, los granos, que implican un gran movimiento en maquinarias, tecnologías, semillas, herbicidas, fertilizante, y nosotros completamos la cadena de producción. Tal vez el maíz y la soja dieron trabajo a diez o quince personas, y la avicultura pone en marcha una planta que emplea a 450 empleados", señala Dabrieu, y agrega que las áreas que más empleados demandan son las que terminan el alimento trozado y deshuesado.
Como el cuento del huevo y la gallina, el circuito avícola empieza donde uno quiera. La devaluación ayudó mucho. "Antes para poder exportar un pollo pagaban 900 dólares la tonelada, y estábamos por debajo del costo, se perdía plata. Hoy, con 850 o 1000 dólares, depende del lugar y el tipo de pollo, se puede ganar dinero", explica Eichorn.
"Nosotros tenemos el círculo cerrado, desde las madres, la planta de incubación, el frigorífico. Tenemos nuestra propia fábrica de alimentos, así que compramos el cereal a productores de la zona y de Córdoba. Lo que sí damos a integrado es la crianza del pollo", detalla el empresario.
Los integrados aportan las instalaciones, el trabajo, la energía eléctrica y el agua. El frigorífico da los pollitos, el alimento y las vacunas, paga el servicio de crianza, con bonificaciones para quienes obtienen mejores resultados en cantidad y calidad, y garantiza la elaboración y el mercado.
Un ejemplo de buen trato a los animalitos se observa en Colonia Nueva, cerca de Villa Urquiza, propiedad de Sonia Soto. Cada uno de sus galpones de 12 metros por 125 puede costar hasta 200.000 pesos. Allí se albergan durante 45 o 47 días unos 15.000 pollos por galpón, 45.000 en total, a razón de 10 por metro cuadrado.
Guillermo Santa Cruz, oriundo de Don Cristóbal, trata con mano de seda a los pollitos que llegan con 24 horas de nacidos. Que el agua, que el viento, que la temperatura? son tantos los detalles en la cría de estos frágiles animalitos que sorprende saber que la mortandad no llega al 2,5 por ciento..
"Tenemos buen rendimiento, con unos 63 gramos diarios en el macho y 58 en la hembra", dice el granjero. Y es que, aunque no todos lo saben, cuando un pollo en la góndola bien puede ser una polla, sin diferencia alguna. Las hembras son un poco más chicas.
Hay más trabajo y crecen los servicios
Gracias a la avicultura florecieron los negocios regionales
PARANA.- Basta recorrer un poco los caminos vecinales, de Colón en la costa del río Uruguay a Villa Urquiza en las barrancas del Paraná, para constatar el buen momento avícola. Se ven más y mejores tinglados, más camiones y nuevos empleados.
Todo un síntoma: las granjas de reproductoras y las industrias ya no saben qué hacer con tanta cáscara de huevo, difícil de reciclar por culpa del pellejo interno, y entonces los vecinos más creativos le encontraron un impensado destino vial. Transitar caminos blanquísimos, alfombrados con toneladas de cáscara molida, ya es común en cercanías de Crespo.
En la misma línea, el guano de la cama de pollo (con cáscara de arroz) y de las gallinas ponedoras compite ya con los fertilizantes artificiales.
El florecimiento consolidado en 2003 se expresa bien en el Grupo Motta, que abarca desde la incubación de huevos para gallinas ponedoras y pollos parrilleros hasta la industria en ambos rubros. En este invierno fue inaugurada una planta de recepción de cereales con destino a su fábrica de alimentos balanceados, con una capacidad de 8000 toneladas, y una segunda planta de incubación de huevos fértiles, apta para producir un millón de huevos por mes, en la localidad de Racedo, 25 kilómetros al sudeste de Paraná. También habilitó dos nuevas granjas productoras de huevos fertilizados en la ciudad de Hernández, en Nogoyá, que se integraron al sistema de granjas propias.
Héctor Motta, presidente del grupo, informó que con estas incorporaciones la empresa llegó a los 500 puestos de trabajo directos e indirectos.
Claro que no todas son flores: la firma Sagemüller no pudo recuperarse de los años difíciles y debió presentarse en concurso.
Las exportaciones avícolas de la Argentina alcanzaron en los primeros 9 meses de 2004 las 62.636 toneladas por 53,57 millones de dólares, según datos de la Secretaría de Agricultura. Especialistas consultados por LA NACION estimaron que los crecientes ingresos por ventas al exterior superarán, a fin de año, los 250 millones de pesos, y ese monto multiplica casi por 11 los 23,8 millones de pesos que entraron al país por exportaciones avícolas en 2001, antes de la devaluación.
Números que no mienten
Entre Ríos faena más de la mitad de todos los pollos de la Argentina y exporta siete de cada diez aves que salen del territorio nacional. De ahí que una producción llamada "regional" resulte central para esta comarca agropecuaria, donde el pollo aporta un tercio del producto bruto interno rural.
El valor en pesos de los 27 rubros de la producción agropecuaria total en Entre Ríos se multiplicó por 4 en tres años, de 2000 a 2003, y en 2004 volverá a crecer, según estimaciones de profesionales de Paraná que realizan un seguimiento del precio y el volumen de los granos, las frutas, la forestación, las carnes, la leche, los huevos, la miel y otros productos.
En pollos, si en 1994 la producción anual entrerriana valía 362 millones de pesos, y en 2000 se mantenía en 283 millones, todo indica que en 2004 orillará los 1000 millones de pesos.
La Argentina mantiene estables los volúmenes de faena, porque la merma registrada en el consumo interno per cápita fue neutralizada con el aumento de los envíos al exterior. La baja en el poder de compra de las familias se tradujo en una disminución de casi 26 kilos de pollo, consumidos por persona por año en 2001, a 17,2 en 2002; luego mejoró un kilo y medio en 2003 y ya en 2004 pasó los 20 kilos. La recuperación es lenta.
Sólo en huevos industrializados (sin contar el negocio principal, que por ahora es el huevo entero) las exportaciones argentinas crecieron en dólares un 274% en el último año, según la Sagpya. Héctor Motta estimó que podría alcanzarse una facturación total de 22 millones de dólares por exportaciones de huevos en 2005.
En huevos, como la iguana
Sin embargo, esos negocios inciden a medias en el mercado, sostenido en las compras internas.
Los productores aseguran que en verdad están perdiendo dinero y lo adjudican a la sobreoferta. Si en julio de 2003 se compraban 7,17 kilos de maíz con 1 docena de huevos, en julio de 2004 esos 12 huevos sólo alcanzaban para 5,20 kilos.
La cantidad de huevos ingresados en las plantas industrializadoras habilitadas por el Senasa entre enero y julio de 2004 creció un 98% sobre igual período de 2003. Por ejemplo, sólo en julio de 2003 ingresaron 17 millones de huevos, y en ese mes de 2004 fueron 37 millones, pero a menor precio. Una docena llegó a pagarse 2,67 pesos en promedio en 2003 contra menos de 2,40 en 2004, en ventas al consumidor.
Pero esos precios están lejos del productor. El granjero Arnoldo Fontana lo explicó así: "A principios de año sacábamos 46 pesos el cajón de 30 docenas, hoy hablamos de menos de 24 pesos". Eso significa que en muchos casos el avicultor recibe menos de 1 peso por docena.
"Hay que reconocer que bajó el alimento, pero calculo que hoy tenemos una pérdida neta de 10 pesos por cajón. Cuesta 35 pesos producir un cajón, incluyendo todas las inversiones en la pollita, el alimento, la amortización de las inversiones, personal, luz, y nos pagan 24. En este momento si de diez gallinas hay ocho que ponen, están pagando el alimento, nada más. Estamos acudiendo a las reservas, nos comemos la cola como la iguana", graficó Fontana, que preside la Asociación Civil Crespo Capital Nacional de la Avicultura, entidad que organiza una de las ferias de aves y cerdos más importantes del país.
¿A qué se debe esta desmejora? "A la sobreoferta. Actualmente estarían sobrando cinco millones de gallinas en todo el país. Antes de la devaluación la situación era compleja, ya que había 20 millones de gallinas, y ahora se habla de 26 millones", señaló el productor. Esa situación podría mejorarse en el mediano plazo si todo el sector acuerda una estrategia común.
Dos peligros que acechan
La avicultura no está exenta de riesgos. Por un lado, existe la posibilidad, aunque remota, de que algún día desembarque en América latina la influenza aviar.
Expertos de la provincia aseguraron a LA NACION que eso provocaría "una catástrofe no sólo en la avicultura sino en toda la economía de la región".
Algunos industriales, por su parte, cuestionaron la distribución de aves de traspatio, que habría impulsado el Estado, sin las garantías sanitarias que la hora exige.
Por otra parte, preocupa la seguridad. El sábado último un grupo comando ingresó en el frigorífico Las Camelias, cerca de Colón, para exigir a los empleados la entrega de un millón de pesos.






