Mientras produce con su familia miel y aromáticas, Enrique Meglioli disfruta del contacto con la naturaleza cuyana.
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Miembro de una tradicional familia sanjuanina, Enrique "Pico" Meglioli vive en medio de los valles iglesianos, en el paraje de Colola, ubicado en el noroeste de la provincia cuyana.
Entre alamedas y el marco de la precordillera nevada, lleva adelante la finca El Martillo, unas 50 hectáreas dedicadas a una producción intensiva diversificada.
Con el hablar pausado del sanjuanino, que se prolonga en el tiempo perfecto de los verbos, explica que con su familia, su esposa y cinco hijos son agricultores de alma. "Nos gusta vivir en contacto con la naturaleza, subir al caballo y hacer un largo trayecto o trepar la montaña", dice.
Esta es una labor familiar donde todos han colaborado. "Los hijos, hasta que se fueron a estudiar. Dos ya han regresado. Uno es ingeniero y la hija Carla, que sigue la carrera de turismo se dedica a organizar las visitas a la finca." La finca la compró en 1979, cuando todavía trabajaba en la actividad vitivinícola y atendía bodegas en su calidad de ingeniero químico. Luego, en 1984, se produjo la gran crisis vitivinícola en San Juan, lo cual le obligó a buscar alternativas.
"Me vine a trabajar en la zona. Acá tuve que encontrar modos de obtener rentabilidad en la actividad agrícola, que no es fácil de generar."
Primero la miel
Pico Meglioli fue diversificando de manera paulatina la producción intensiva de El Martillo. Empezó con la miel porque "atrae a la gente; esto es así en todo el mundo. Además, hay una razón de mercado. La producción de miel en San Juan es insuficiente, ya que es un gran desierto y sólo en las zonas de regadío se la puede cosechar porque hay flores. El mercado está ávido y se puede colocar bien la producción local".
Trabaja con Apis mellifera, aunque con mezclas de colmenas de San Juan que tienen cierto grado de "africanización", pero como el clima es fresco "las abejas se portan bien y no son tan agresivas. La miel que se produce acá es muy rica, principalmente de alfalfa y trébol blanco, que es una maleza excelente proveedora de néctar".
Se realizan hasta tres cosechas en el año de colmenas distribuidas por la zona y terminan con la miel de brea, un arbusto característico de las zonas áridas del país.
Posteriormente incorporó los dulces, sobre todo los hechos con dos especies, la alcayota y el zapallo de angola, que se plantan en la zona para las fábricas de dulce de San Juan. "Comenzamos con esos dulces y luego incorporamos todas las frutas de la zona; inclusive, hemos hecho plantaciones no tradicionales, como la frambuesa para dulce y envasada al natural."
Meglioli aplicó sus conocimientos como ingeniero químico y de su labor en programas agrícolas para elaborar nuevas características en los dulces.
Hoy los dulces de El Martillo son productos que se venden muy bien y son buscados por la gente que viene a los valles.
Aromas y tradiciones
Otra línea de producción interesante de la finca es el cultivo de aromáticas. "San Juan es una zona privilegiada para toda clase de aromáticas, ya que contamos con gran luminosidad, pocos días nublados y las especies alcanzan un perfume especial". Se cultiva orégano, estragón, tomillo, melisa, cedrón, menta, hinojo, lavanda, que se complementa con hierbas de la cordillera y la precordillera.
La cría de ovejas permite a Meglioli la venta de corderos todo el año y emplear la lana para desarrollar una actividad artesanal. "La lana la entregamos a las artesanas de la zona para que con toda libertad realicen las prendas que deseen con diseños propios. Salen así ponchos, parkas, alfombras, bolsos, recados para la montura, peleros, pellones, Nuestros criollos todavía son muy orgullosos de sus caballos y sus aperos.
Para las fiestas siempre "aperan" lo mejor que pueden sus caballos y con ellos participan en las fiestas". Como las visitas a "El Martillo" se incrementaron, fueron incorporando otros rubros, como los zapallos de adorno, verdaderas curiosidades genéticas logradas por hibridación.
"Hemos tenido la colaboración de botánicos amigos que nos han facilitado semillas que luego nosotros cruzamos. Prácticamente son todos distintos y cada año obtenemos nuevas variedades en tamaño y color."
En la serenidad del valle de Iglesia, Meglioli reflexiona satisfecho, a pesar de que sólo ha logrado una economía de subsistencia. "No nos vamos a capitalizar con esto, pero tiene el atractivo de que hacemos lo que nos gusta. Siempre hay tiempo para charlar con los amigos. Los de San Juan saben que pueden compartir un vaso de vino, una guitarreada, y sobre todo, que tienen un lugar acá."
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