
Es un cálido mediodía en el predio de Palermo, plena Exposición Rural. Llegan como en torbellino de botas, sombreros y carteras donde hay desde rouge hasta folletos de herbicidas. Ellas influyen sobre los destinos de millones de hectáreas en Corrientes, Formosa, Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires, de entidades rurales y también de sus hogares. Son productoras y dirigentes, una parte poco conocida del sector agropecuario.
Analía Quiroga, Norma Urruti, Maca Neyra, las tres de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), son las más mediáticas. Rosemary Perkins, Susana Borrel, Hanaly Gerosa, Olga Micheletti, Teresa Otamendi, Silvia Mateucci, Tita Rusconi, Mercedes Lalor, Gladys Yanzi, Celina Aussedat, Cristina Sussini, Cristina Manzano y Lorena del Río, de la Sociedad Rural Argentina (SRA), tienen un perfil más bajo.
Tienen muchas diferencias entre sí pero un denominador común: su pasión por la tierra y la convicción de que pueden influir en el sector tanto como sus pares masculinos. ¿Cómo llegaron a ocupar lugares de mando en un mundo de hombres como el campo? ¿Se discriminan a la mujer en el sector?, consultó LA NACION.
"Este camino fue por elección y circunstancia de vida", coincidieron las de Carbap. "Pero no creo que sea difícil hacerse un lugar y puedo afirmar que no he sentido discriminación alguna", contó Analía Quiroga, que entró en la dirigencia rural en 2001.
Maca Neyra, la decana del grupo (entró en la dirigencia primero y llegó a vicepresidenta de Confederaciones Rurales Argentinas, el cargo más alto ocupado por una mujer en el ruralismo), coincide: "Una trabaja a la par del hombre. Y si trabaja en serio se la respeta". Y Norma Urruti, presidenta de la Rural de Olavarría, acota: "Lo más difícil de ser productora es conciliar la tarea con la de mamá y esposa. Pero yo no me he sentido discriminada".
Coincidió Silvia Mateucci, criadora de caballos criollos y una de las pocas jurado en Palermo. "Una vez que se demuestra que una quiere trabajar en serio, no sólo te respetan mucho, sino que te ayudan."
Solo las norteñas Cristina Sussini y Gladys Yanzi afirmaron haber sentido diferencia. "La discriminación de las mujeres en el Norte es grande. Yo creo que me hice un lugar porque tengo una mentalidad muy masculina, pero hace 30 años, cuando empecé, nadie quería hablar conmigo", contó Sussini.
Apoyo familiar
A la hora de hablar de modelos femeninos, todas citan a sus abuelas o tatarabuelas. Criadas en modelos matriarcales la mayoría de ellas, viven con naturalidad el hecho de ser las que mandan en sus tierras. Aunque sostienen que para esto, contar con un compañero comprensivo y una familia tolerante es fundamental.
"Para estar comprometida, o tenés alguien que respeta o apoya lo que hacés o no podés. Porque mientras el campo anda y hay problemas con el Gobierno alguien tiene que hacer las compras y llevar a los chicos a la escuela", explicó Quiroga.
"Lo más complicado no es lo productivo, sino cuando estás en la dirigencia gremial. Cuando uno pasa a ser público todo se complica", dijo Urruti y afirmó que el apoyo de sus dos hijos veinteañeros es fundamental.
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