Singular: por sus aptitudes comerciales muchas personas, como Patricio Rodríguez de profesión panadero, se dedican a criar estos animales.
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NEUQUEN.- Patricio Rodríguez es panadero, vive desde hace 20 años en Cutral Có y se embarcó en un proyecto que en Río Negro y Neuquén ya contagió a una decena de personas que busca alternativas para el desarrollo de la economía: la crianza de choiques o ñandúes patagónicos, una especie autóctona que se encuentra en peligro de extinción.
En la ciudad donde vive Rodríguez el trabajo es un bien cotizado porque es escaso. En este lugar el desempleo originó dos protestas sociales que instalaron en la Argentina los cortes de ruta.
Esta ciudad es más conocida por sus puebladas que por el ingenio que desarrolla su gente para reemplazar una actividad en descenso, la petrolera, que alimentó los sueños de varias generaciones.
La privatización de YPF puso fin al principal motor de la economía de la localidad y forzó a sus pobladores a recurrir a la imaginación para seguir adelante.
El de la familia Rodríguez es uno de los tantos esfuerzos que hace esta comunidad para no perder lo poco que les queda: las ganas de trabajar y aceptar el desafío de vivir sin el petróleo.
En esta ciudad de 30 mil habitantes hay vecinos que están dispuestos a poner buena cara al mal tiempo y probar suerte con alternativas productivas, ganando espacios al desierto que los rodea.
Carne roja se busca
El choique es un ñandú petiso que puede medir hasta 1,50 metros desde los pies hasta su cabeza y su peso jamás supera los 45 kilos.
Su carne roja es buscada en mercados europeos y en los Estados Unidos porque no tiene colesterol, mientras que su grasa se utiliza para productos cosméticos.
Hasta las comunidades mapuches rinden un culto sagrado a este animal por medio del Choique Purrún o Danza del Ñandú, para pedirle a la tierra que despierte y rinda sus frutos en primavera.
Por ahora, la cría del ñandú patagónico es una actividad que se está organizando, pero las proyecciones son alentadoras: el precio del kilo de carne se paga en el mercado hasta US$ 20, según datos de la Asociación Patagónica de Criadores de Ñandúes.
Los productores locales le están dando tiempo a los choiques para que se multipliquen y llegar al 2001 con las primeras exportaciones de carne.
En las ciudades rionegrinas de General Roca, Cipolletti, Los Menucos y en las neuquinas de Cutral Có, Zapala y la ciudad capital hay unos 10 criadores de choiques que ya cuentan con un stock de 500 animales, de acuerdo con los registros de la Asociación, con sede en General Roca, entidad que moviliza estos microemprendimientos con perfil exportador.
De la panadería al criadero
El criadero de Rodríguez es el único que existe en la ciudad de Cutral Có, pero varios de sus vecinos ya lo están observando de cerca porque su apuesta puede transformarse en una actividad económica alternativa y rentable por otras familias que perdieron sus empleos.
Rodríguez reparte su tiempo entre la panadería y la cría de ñandúes, en su chacra de Monte Hermoso, ubicada a unos 8 kilómetros al suroeste del centro de la ciudad petrolera.
En su campo tiene cinco reproductores, dos machos y tres hembras que los compró en el INTA de Bariloche, el proveedor de todos los choiques que están en los criaderos de la región.
En poco tiempo más, la chacra de Rodríguez se poblará de 75 "charitos" -el ñandú recién nacido- y así comenzará con su cadena de producción.
Esperanza
"Los criadores de choiques podemos ser la gran alternativa", cuenta entusiasmado Rodríguez, un hombre que no baja los brazos a pesar de que le robaron los primeros reproductores y tuvo que reemplazarlos para no echar todo a perder.
"Imagínese si no es como para seguir. Si hoy vendo pan a $ 1,20 el kilo y dentro de poco voy a tener animales que se pagan entre 1000 y 1500 pesos la pareja", dijo animado.
Por el momento, Rodríguez no piensa en colocar en el mercado carne de choique, sino que apuesta a vender parejas de animales reproductores a otros que quieran desafiar el destino.
El ciclo reproductivo de los choiques es anual y cada hembra puede poner hasta 25 huevos. Es un animal silvestre de la estepa patagónica. Su mayor enemigo es el hombre y su especie está en riesgo.
La caza del ñandú patagónico está prohibida al igual que la comercialización de su carne, excepto cuando se trata de la segunda generación, nacida en cautiverio en criaderos autorizados.
Así como los Rodríguez iniciaron su proceso, otras personas que están en el mismo camino ya tienen a la segunda generación de ñandúes en sus chacras.
Sin embargo, deberán de armarse de paciencia para poder exportar, no sólo porque la oferta es escasa, sino porque aún la asociación que los agrupa está tramitando el permiso para poder vender la carne.
Pero todos saben que aún no cruzaron la ruta más difícil, la de la competencia, porque tendrán que ganarse la confianza de mercados que pagan buenos precios, pero que son muy exigentes.






