Eduardo Catania cultiva truchas Arco Iris y tilapias, y dicta un curso de acuicultura
1 minuto de lectura'
SAN VICENTE.- Eduardo Catania es mecánico aeronáutico. Por siete años ejerció esa profesión mientras dirigía su fábrica. Un día dejó todo para dedicarse a lo que le gustaba desde niño: la piscicultura.
Comenzó con especies de acuario; en 1998 se animó con las truchas y después empezó a cultivar tilapias (peces voraces, parecidos a las pirañas). "Estas especies son nativas de ambientes tropicales, distintos de los de esta zona, por eso nadie creía en mi proyecto. Seguí adelante igual y demostré que era posible", señaló Catania.
A metros de la casa donde este productor de 51 años vive con su familia, están las piletas con truchas Arco Iris. Al lado hay un invernadero donde cría las tilapias (Tilapia Nilótida), especie africana que trajo de Brasil y que, a diferencia de las truchas, necesitan no menos de 30 grados para poder crecer.
Los peces están separados según su tamaño, desde los alevinos hasta los que llegan al kilo. "El secreto de la cadena productiva es tener siempre peces para alimentar en el primer eslabón. Eso garantiza la venta y la preservación del volumen."
Venta y mantenimiento
La venta se realiza en la granja, a consumidores directos y restaurantes, luego se lleva a pescaderías. La rentabilidad no radica sólo en los rindes, sino también en la atención familiar y el menú que puede degustarse allí mismo. "Los animales más pedidos son los de tamaño plato, que pesan unos 600 gramos; el resto lo ofrecemos aquí en servicio de sashimi, pescado crudo fileteado con salsas orientales; a la parrilla o ahumados, ya que tenemos un ahumadero. Eso le da valor agregado a nuestro trabajo", detalló.
La clave para que un emprendimiento así funcione es mantener las piletas en óptimas condiciones. Según la especie, controlar la temperatura, la oxigenación y la limpieza del agua, por medio de su circulación y renovación.
El piscicultor explica que con un sistema básico se pueden lograr entre 200 y 300 kilos de pez en 10.000 litros de agua. "Si aspiro a más biomasa, debo mejorar el tratamiento del agua con decantadores, filtros y oxígeno disuelto al agua, que dependerá del capital disponible."
En cuanto a los insumos, el más importante es el alimento, cuello de botella para esta producción, ya que supone la mitad de la inversión y es fabricado sólo por una firma en el país. "Estoy por hacer todo de cemento, pero todavía no, porque me gusta mostrar que con menor inversión se puede armar un criadero a mediana escala", comentó.
Para mejorar la producción, proyecta el desarrollo de un biodigestor que procese los excrementos de los peces y evite la contaminación.
También diseñó un curso en acuicultura: La teoría se desarrolla en su Escuela del Productor Acuícola, en Santos Lugares, y la práctica en su granja. A su vez, hay un curso intensivo de 12 días para alumnos del interior y de otros países. Para unificar todo y evitar que los alumnos tengan que trasladarse terminará la casa de huéspedes.
Catania espera que su familia continúe con la granja, pero reconoce que es una labor de máxima dedicación. "A veces les exijo demasiado, porque hace tres años estuve inmovilizado por un accidente y me di cuenta de que necesitaba enseñarles todo para que siguieran con el trabajo", comentó.
En esta historia tampoco faltan las equivocaciones. "Hace un tiempo construí lagunas en el campo para sembrarlas y explotarlas para consumo y pesca. Pero no resultó porque el clima no ayuda y los ciclos se hacen muy largos." Sin embargo, la experiencia le sirvió para confirmar que la clave estaba en controlar las condiciones climáticas, es decir las piletas. Desde entonces manejó su negocio como pez en el agua.






