
El lugar preferido para la charla entre paisanos
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El fogón en nuestro campo ha constituido el lugar preferido para la reunión gaucha. A su lumbre, acercábanse los paisanos atraídos por el calor del afecto, y las ansias de ratos agradables y de charlas siempre animadas.
En versos, don Pedro C. de María ha dicho refiriéndose al fogón: "Capiyita e` los campos/ la más sagrada/ ande yegan los gauchos/ por las mañanas/ pa` oficiar a su lado/ la misa gaucha.../ ...la misa e` los amargos/ y de los chalas!" Al fogón que se preparaba en medio del campo se lo llamó "pampa". El otro era el que se emplazaba en las cocinas de los antiguos establecimientos, que frecuentemente era redondo y medía alrededor de un metro de diámetro. Su perímetro estaba formado por canillas de yeguas o de potros semienterradas y a veces también por adobes y hasta ladrillos cocidos.
Siempre dentro del fogón se hallaba clavada una marca en desuso que servía para mantener el candil, pequeño recipiente de latón que, con grasa o sebo, alimentaba un pabilo de velas, tiras de bayeta u hongos secos que se recogían en el campo y que se conocían por "esponjas".
En la vieja estancia del Rincón de López, sobre la ruta 11 y traspuesto el río Salado, escenario donde los indios mataran al abuelo de Juan Manuel de Rosas, puede aún hoy admirarse un ranchito al que se lo conoce por "la matera", en cuyo interior, bastante oscuro por falta de ventanas, se observa el fogón en el suelo.
Las paredes del rancho están cubiertas, lo mismo que el techo, de una gruesa capa de hollín. Ese rastro que perdura revela que en las cocinas que no poseían salida para el humo era preciso sentarse en sillas muy petisas o en banquitos improvisados con caderas de vaca, para evitar la molestia que aquél provocaba.
Un curioso fogón lo constituía el que se alimentaba con un grueso tronco, que tirado a la cincha de un caballo se entraba hasta la cocina, prendiéndosele fuego a una punta. Permanecía ardiendo día y noche, y a medida que se consumía se lo iba introduciendo en la habitación.
En medio de la pampa y al caer la tarde, era frecuente que el viajero de a caballo se arrimara al palenque de algún rancho, pronunciando el " Ave María Purísima" y recibiendo por respuesta el "Sin pecado concebida" . Se lo invitaba a apearse con un " abájese nomás" y así surgían dichos infalibles, como el de " atráquese al fogón" . Inmediatamente, si no había comido, se preparaba un churrasco o se asaban achuras sobre las brasas, o huevos y choclos al rescoldo. Los huevos que se consumían eran por lo general de ñandú o de otras aves salvajes, como patos y gallaretas. Mientras tanto se "hacía tiempo" mateando y contando cuentos. Luego de comer, se solía invitar a "hacer noche" allí.
El fogón criollo ejerció una rara atraccción sobre el paisano. Allí no sólo se preparaba el asado o se tomaba un cimarrón, también se arreglaban negocios y se hablaba de la guerra o del indio. Nunca faltaban las historias de caballos. Entonces, sentados sobre cabezas de vaca, era frecuente que hablando de marcas, se las trazara sobre la tierra con un palito.
Noches de tormentas
En los atardeceres de invierno, fríos y lluviosos, las "veladas del fogón" eran más concurridas y animadas, y al paso de las charlas, cuando la lumbre se iba achicando y el silencio negro de la noche invadía el rancho por la boca de la puerta, y el campo dormido, en lúgubre influjo sobrecogía los espíritus, era frecuente que la conversación girara hacia los cuentos de "casos y sucedidos" con menciones de la "luz mala", "aparecidos" y "dijuntos".
Y si a todo aquello se agregaban infernales tormentas con rayos y centellas, o la paz nocturna era interrumpida por el chistido de alguna lechuza, surgía el "cruz diablo" como antídoto infalible ante el peligro.
Pero en tardes serenas, la alegría de la reunión era muy grande y gustaban los paisanos narrar mentiras que jubilosos festejaban los presentes.
"Aura que escampa y no llueve/con una carreta encima/ vamos a contar mentiras./ Un zorro con pantalones/ ha visto volar un sapo/ ordeñando una gallina".
El autor acaba de publicar "Pulperías, esquinas y almacenes de la campaña bonaerense".






